Antoni Abad es un hombre seguro y elegante. Viste, impecable, con seguridad y elegancia. Parece educado en escuelas donde el verbo se había hecho carne. Carne de profesor. Piensa cada palabra y enlaza bien las ideas. Con cierta retórica, eso sí, que se podría decir originaria del mundo de los negocios y de las escuelas que los explican. Procedente del sector privado, ha sido años presidente de la CECOT, la patronal de la pequeña y mediana empresa de Terrassa y los Valleses, y ahora preside MútuaTerrassa, uno de los pilares económicos de la comarca, que ocupa 5.000 trabajadores y que diversifica mucho las actividades con el objetivo de cubrir todo el ciclo vital de las personas: desde la atención sanitaria hasta las residencias. Este diciembre la Mútua cumple 125 años y Abad quiere celebrar el aniversario mirando al futuro con la seguridad que le es propia y la que le proporciona un legado sólido. Abad se encuentra con Món Economia en el histórico Queviures Múrria, local emblemático del Eixample propiedad del fundador de Parlem, Ernest Pérez-Mas, en un nuevo capítulo de la serie de conversaciones con empresarios Parlem al Múrria.
Ciento veinticinco años son, en épocas como esta, de efervescencias y disoluciones, muchos años.
Son muchos años, pero el tiempo que vivimos, como no lo elegimos, debemos procurar hacerlo positivo, mejor. En Mútua somos unas personas que desde hace 125 años trabajamos con una serie de buenos propósitos compartidos.
La Mútua se llamaba inicialmente El Seguro Tarrasense Contra los Accidentes de Trabajo…
Sí, porque en aquel año, 1900, se dio una circunstancia: se creó un primer marco regulador en este ámbito. Tú tenías obreros en las fábricas y, si la persona se accidentaba, no podía ir a trabajar y no tenía ningún ingreso. Por lo tanto, se trataba de poner recursos para evitarlo y el nuevo marco lo permitía. Sin que nunca nos hayamos discutido, las tres primeras ciudades que tienen una mutua de seguros de trabajo son Bilbao, Álava y Terrassa.
¿Esto se hacía para que el trabajador se pudiera recuperar más pronto y volver al lugar de trabajo, para evitar tensiones y conflictos laborales, o pensando en él y en su estado económico y de salud?
En aquel momento se trataba básicamente de mancomunar recursos dinerarios para que hubiera un ingreso en aquellas familias afectadas. Alguien más –el Estado– debía proveer la asistencia médica para que aquella persona se recuperara de un accidente. Mútua fue una iniciativa social. Nació desde la sociedad, desde el mundo empresarial. Más tarde llegó un momento en que estas mismas personas –yo creo que con un análisis crítico de lo que sucedía– dijeron: “Si empezáramos nosotros también a gestionar la parte de salud, seguramente estaríamos más tranquilos, porque la controlaríamos directamente y, sobre todo, acortaríamos los tiempos de recuperación, ya que seremos más eficaces”. Por eso después nace todo este ámbito tan importante de Mútua, que hoy es el de más dimensión y que es todo el ciclo vital de una persona.
El ámbito sanitario…
Sí. Y también el residencial. La dependencia. Envejeces y llega un momento en que tu autonomía se va restringiendo. Tenemos muchas residencias de personas mayores. Tenemos de titularidad propia y tenemos de pública, de la Generalitat, que gestionamos nosotros. Pero al final nuestra mirada es única. Debemos cuidar a las personas en todo el ciclo de vida. En nuestras residencias privadas hay personas que tienen ayuda y apoyo públicos, de manera que pueden redondear y pagar la cuota. Al final, siempre hablamos de personas al servicio de personas.
El siglo pasado cuando Mútua decidió ampliar sus servicios hacia la sanidad lo hacía en unos momentos en que el Estado no los podía garantizar de ninguna manera…
Seguro. Y aquí creo que había plena consciencia de que desde la sociedad construíamos la sociedad del bienestar. Una consciencia que echo en falta ahora. Como solo hablamos de estado del bienestar, a mí me gusta simplemente hacer la precisión de que el Estado no nos da nada. Nos devuelve lo que previamente le hemos dado. Esta consciencia de que somos contribuyentes es necesaria. Hay una parte de nuestros ingresos que son impuestos y que aportamos a las administraciones, y las administraciones lo que deben hacer es gestionar muy bien esos recursos y devolvérnoslos. Esto nos ha llevado a un sector de titularidad pública muy grande, porque lo queríamos todos, pero sin limitar todo lo que pueda nacer de la sociedad, porque al final el recurso básico que son los dineros nace de la contribución de cada uno de nosotros.
Por eso hay gente que dice que ya cotizamos suficiente para que después tengamos que hacer una doble cotización pagando mutuas y aseguradoras.
No, no, no. En el caso de Mútua de Terrassa el grueso de toda nuestra actividad es actividad del Servei Català de Salut y es actividad del departamento de Derechos Sociales, en el caso de las residencias y en el caso de personas con problemas de salud mental.
Lo digo porque hay gente que paga sus impuestos y después debe pagar también una mutua…
Sí, sí, pero para ser atendido en Mútua de Terrassa no debe tener un seguro privado. La inmensa mayoría de toda nuestra actividad es pública. Estamos concertados con la Generalitat. En nuestro caso, los mutualistas sí que pagan. Pero una mutualidad es una entidad de beneficio social, sin ánimo de lucro. La inmensa parte de nuestra actividad es concertación con las administraciones públicas, que nos controlan cuantitativa y cualitativamente. Si, además, eres mutualista, a través de un seguro, hay una parte que es privada. Si quieres complementar tu atención en el ámbito privado, lo puedes hacer, pero la puerta de Mútua de Terrassa está abierta a todos.
¿De dónde provienen, pues, sus recursos?
Tenemos un proveedor principalísimo que es la Generalitat. El departamento de Salut. Por eso decimos que nosotros formamos parte del Servei Català de la Salut, porque son ellos los que nos contratan y los que nos marcan las grandes directrices. A partir de aquí yo te diría que todos los hospitales de este país, con independencia de la titularidad, buscamos autonomía de gestión. Hacer las cosas, desde los equipos directivos y desde todo el personal, de la mejor manera. Porque después el control por parte de las administraciones es exhaustivo.
¿Qué porcentaje de ingresos representan los mutualistas y cuál la administración pública?
De toda nuestra actividad, el 15 por ciento es directo de los mutualistas y, sobre todo, de todo el sector privado, y el 85 por ciento corresponde a las administraciones públicas. Básicamente, los departamentos de Salut y de Derechos Sociales. Sobre 430 millones de euros, nuestro consolidado total, los mutualistas representan 12.
¿Están ustedes contentos con la administración?
Ssssssí. Otra cosa es que haya falta de recursos dinerarios. El país va escaso de chaleco. Aunque sea un servicio tan esencial, todo esto te hace ir constreñido, excesivamente constreñido. Si buscamos indicadores de país en relación con lo que gastamos en salud o en atención en residencias, es poco para todo lo que generamos con nuestras actividades profesionales. Ahora, una vez dicho esto, la relación es buenísima.
Mútua de Terrassa es un actor social importantísimo en la ciudad y en la comarca. Estos días se ha conocido el censo de Terrassa: 232.000 habitantes, con un crecimiento en un año de 4.500. ¿Esta presión demográfica cómo se puede sostener? ¿Cómo se puede encarar?
Yo tengo una percepción de que hay un alma mutua, que para mí significa el compromiso de todas las personas que trabajan allí en el reto de servir bien a las personas que atendemos. Esto te da un salario emocional muy importante y hace que cuando las circunstancias tiran tanto –y esto que comentas tira– la respuesta continúe siendo buena. ¿Esto es soportable sin fin? No. No lo es. ¿Qué podemos hacer? Podemos hacer cosas importantes, que es acompañar toda esta humanización que comporta nuestro compromiso con la mejor aplicación posible de la tecnología y la innovación.
Tecnología e innovación suponen el otro gran capítulo de nuestra historia. Hace diez años el 80 por ciento de las intervenciones quirúrgicas requerían hospitalización; es decir, hotel. Ahora debemos estar en una proporción casi inversa. El 70 por ciento de las cirugías son ambulatorias. Te vas a dormir a casa. Esto cualitativamente no es poca cosa y en términos de gasto saca tensión al sistema, ahorro. Una de las inversiones más importantes que haremos ahora es precisamente todo otro bloque de quirófanos, donde la presencia de la robótica será aún más importante que la actual.
Con tanto acierto, ¿cómo es que ustedes se resignan a crecer solo en Cataluña y no se proyectan hacia el exterior?
El sector de salud en Cataluña es un gran referente internacional. Prefiero tener en el entorno entidades potentes para ser más eficaces, pero al mismo tiempo que digo esto le digo también que nosotros desde el Vallès hemos ido creciendo, creciendo y creciendo. Llegamos a muchos otros puntos de Cataluña: desde Mora la Nova hasta Tossa de Mar. En Lleida y en Barcelona ciudad. De momento, todo este crecimiento ya nos es un gran proyecto.
En una entrevista reciente que le leí usted proclamaba que hay que arriesgar siempre y que quien no se arriesga no progresa. Arriesgarse significa, también, trabajar en circunstancias diferentes, más difíciles… ¿No? Lo decía usted…
Va, venga [sonríe], primicia para el periodista. Nosotros trabajamos mucho en todos los materiales que se utilizan dentro de un quirófano. Ya hace años que impulsamos un material que se puede reutilizar una vez usado, en la línea del compromiso verde, de la economía circular. Cada pieza va chipada; es decir, lleva un chip, que te permite siempre controlarla, seguirle la pista, hasta que la tratamos para que se pueda volver a utilizar. Con este sistema hemos ganado un concurso del Institut Català de Salut. Hasta el punto –y lo digo con una sonrisa– que debemos saber gestionar el riesgo de morir de éxito. Además, hemos hecho crecer nuestra vinculación con la Universitat de Barcelona a través de una cátedra de salud y cambio climático. Hace poco hicimos un simposio internacional en este ámbito. Aquella fue una muy buena oportunidad para escuchar aportaciones de fuera, pero también para explicar nuestros proyectos.
¿Eso significa que ustedes exportarán su fórmula… Es eso?
Significa que estamos haciendo el esfuerzo de intentarlo [ríe].

Ya que hablaba del Institut Català de la Salut… El ámbito de la salud representa la tercera parte de los presupuestos de la Generalitat. 14.000 frente a 41.000 euros. Es una gran partida…
De acuerdo, pero si aplico a este porcentaje el per cápita, resulta que estamos en una dotación muy baja. Y aún más atendiendo variables como el aumento de la población o la longevidad, que cada día se alarga más.
Hay una cosa que no he entendido nunca. Si hablamos de porcentajes, no de dotación presupuestaria en cada ámbito, resulta que en inversión en sanidad, en enseñanza, en seguridad, en justicia, en cultura, en todo, estamos siempre por debajo de las medias europeas. Como se trata de porcentajes, ¿en qué los superamos? Los deberíamos superar en alguna partida para que los números cuadrasen. Nunca lo ha explicado nadie y no lo entiendo…
Somos un país infrafinanciado. A partir de eso… Cuando era presidente de la CECOT y en una cena de la Nit de l’Empresa estaba el ministro Pedro Solbes. En mi discurso dije que desde pequeño siempre había tenido constancia de que el secreto mejor guardado del mundo era la fórmula de la Coca-Cola, pero que después había aprendido que había otro, un segundo secreto, tan bien guardado como el primero, que eran las balanzas fiscales de España. Esto va por aquí.
Y no nos salimos. Convergència pactó con el PSOE y después con el PP. El tripartito de Pasqual Maragall y de José Montilla pactó con el gobierno socialista del Estado… Venga pacto y anuncios de cesiones y porcentajes de cestas y de impuestos, para volver siempre al mismo punto de partida… Quizás esto no se podrá solucionar nunca.
A mí me gusta la razonabilidad.
¡Uy!
Sí, sí. A este exministro que ahora han puesto en prisión, José Luis Ábalos, un día, en una comida en Barcelona con un grupo de empresarios, yo le hice una exposición y una pregunta, y me dijo: “Abad, la razonabilidad en la política es otra cosa”. Y ahí se terminó la cosa. Apa, ¡el siguiente! Pero, como a mí me gusta la razonabilidad y la equidad, pido buena información. Esto debería servir para tomar buenas decisiones. Buenas decisiones desde Madrid y buenas decisiones desde Cataluña. Pero partiendo de la buena información.
En aquel año 2017 y en la situación tan delicada que vivíamos, el elemento que nos unía a la junta y a los comités ejecutivos de la CECOT era la demanda de calidad democrática. Y el problema que persiste es que vivimos en un país con baja calidad democrática. Un déficit democrático permanente en el rendimiento de cuentas. No hay ninguna administración que nos haga un rendimiento de cuentas activo. Hablo de España y de Cataluña. Cuando la sociedad pide información se le debe hacer caso. Si no se le hace, esto me parece muy grave.
Si se hizo el dicho proceso, fue porque la mayoría de partidos nacionalistas se decantaron por la opción independentista cuando entendieron que con el Estado no había nada que hacer. Nada que hacer, por ejemplo, para conseguir una financiación menos injusta. Hemos vuelto al punto de partida. ¿Hay algo que hacer?
Si aplicamos la razonabilidad –y nos pasan los números de las balanzas–, sí, porque cualquiera puede tomar consciencia de discriminación. Pero no está, esta consciencia. Aún se sigue negando que se puedan hacer balanzas. O se aplican criterios que hacen trampa…
¿Y qué conseguimos cuando durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero se hicieron públicas estas balanzas? El Estado no hizo caso. Ni haría ahora si se volvieran a hacer públicas.
Pero conseguiríamos más consciencia ciudadana. Si tuviéramos plena consciencia, a partir de aquí o te rectifican las dotaciones o quizás entonces se vuelve a construir una mayoría ciudadana que dice que así no podemos continuar…
¡Y volvemos a perder! [Ríe].
Bueno, no sé qué pasaría, pero creo que el punto de partida es este. Lo explicaré de otra manera… Vasallo que paga tributo… Hemos vivido un vasallaje que aún está mayoritariamente en la mente de las personas. Vas a las administraciones cohibido, con la espalda encorvada porque eres el vasallo que va a pagar un tributo. Si tú mentalmente haces el paso de tributario a contribuyente, les puedes decir que ellos son una administración que está para darnos servicio. Porque hay un bien común que debemos gestionar, y para eso están las administraciones. “Escúcheme, su sueldo proviene de todos nosotros. A partir de esto, respeto. Con transparencia”. Las cosas deben hacerse con amabilidad. Deme todos los datos y a partir de aquí a ver qué somos capaces de construir.
Los datos se hicieron públicos en tiempos de Zapatero y tampoco cambió nada la cosa…
Si seguimos manifestándonos desde la democracia, quizás cambiarán… Yo explico que la razonabilidad me debe llevar al hecho de que mi vecino, de enfrente o del lado, tome la misma consciencia que la mía. ¿Qué dicen estas cifras? ¿Y cómo puede ser? La democracia se construye desde este impulso. Debemos hacer que las cosas cambien. Las debemos poder cambiar. Ya volvemos al mismo punto. Hay un poder… Un poder por encima de nosotros y que mantiene por debajo a la ciudadanía… No. ¿Usted qué es? ¿Conseller? ¿Ministro? Pues, yo soy ingeniero o periodista. Si nos ponemos al mismo nivel, un día u otro tendremos que ir a votar, ¿no?
No quiero alargarlo más. Pero una cosa es que la gente tenga clara cuál es su relación con el Estado y otra muy diferente que el Estado también lo tenga claro desde la misma perspectiva y no desde la que ha impuesto hasta ahora. Aunque los catalanes tengan clara cuál relación quieren tener con el Estado, eso no significa que el Estado los respete.
¡De acuerdo! El concepto de supremacismo y el concepto tan entendido hoy en día de acosador para mí son casi sinónimos. Hay unas administraciones que son acosadoras y que quieren que nosotros sigamos yendo con la cabeza baja y con la espalda encorvada. Esto no debería poder ser de esta manera. Debería ser con calidad democrática. Todos al mismo nivel, todos al mismo plano. Todo el mundo tiene sus responsabilidades y todo el mundo debe ser consciente de cómo construimos la sociedad del bienestar. El estado del bienestar, no el Estado.

Bien. Ya lo ha dejado claro. Cambiemos de frente. Los de Terrassa tienen una gran mutua y una patronal de la pequeña y mediana empresa, la CECOT, propia también. ¡Ustedes son algo extraordinario! [Sonrío].
Es verdad que nuestros padres hicieron una reflexión única en el país. En el año 1976 los gremios centenarios del Vallès y los de la ciudad de Terrassa, liderados por el metal y el textil, pero acompañados de las artes gráficas, la construcción y el comercio, llegaron a la conclusión de que, si querían continuar siendo importantes y relevantes, y unos interlocutores con el escenario político que nacía, se debían dotar de una cúpula empresarial. Todos ellos continuaron manteniendo la identidad sectorial, pero juntos tuvieron aquella fuerza para poder ser interlocutores con las instituciones que nacían.
Pero eso pasa en Terrassa y no pasa en… quería decir Sabadell, pero, venga, diré, por ejemplo, Amposta…
No pasa en ningún lugar.
¿Y por qué pasa en Terrassa?
Por la mirada estratégica de nuestros padres. Generacionalmente fue así. Creyeron que esa era la mejor respuesta al momento. Además, eran todas personas muy viajadas porque como empresarios la internacionalización ya formaba parte de su día a día… Y también hubo otra cosa. Cuando hay un fin compartido uno debe ser generoso. Esto me lleva a un detallito ahora por el tema Terrassa-Sabadell y Sabadell-Terrassa. En el ámbito metalúrgico un buen día acordamos que el gremio de Terrassa y el de Sabadell, sin fusionar patrimonios, nos coordinábamos con una entidad. A la hora de determinar quién sería presidente, Sabadell se pidió la primera presidencia. Los de Terrassa lo aceptaron. Los estatutos preveían una cláusula adicional que era que el segundo presidente sería de Terrassa. Cuando llegó el momento los de Terrassa fueron a ver al presidente sabadellense de la entidad y le dijeron que renunciaban a la cláusula: “Como estamos conviviendo tan bien, el siguiente presidente será el que decidamos entre todos. Y además, le queremos pedir una cosa: siga usted”.
¡Muy bien! ¡Bravo por los de Terrassa! ¿Y no habría sido más lógico, después de aquel primero de efervescencia y de una cierta improvisación, que la CECOT se hubiera fusionado con una patronal de la pequeña y mediana empresa de todo el país?
Hay una cosa que nos distingue. La patronal más representativa de la pequeña y mediana empresa es Pimec, pero, a ver, Pimec es una empresa con un CIF para toda Cataluña. CECOT es una estructura absolutamente confederada. Allí entramos todos y entre todos decidimos la cúpula, cuál es la presidencia, que elige un comité ejecutivo. La junta es la representación de toda la base. El punto de diferencia, pues, es que Pimec es una empresa que hace funciones de representación y nosotros somos una confederación de organizaciones.
Debería ser, pues, Pimec quien se fusionara en la CECOT?
Sí. Sí, sí, sí. Esto debería ser así y, además, lo deberíamos hacer en base a dos cosas: territorialidad y actividad. Porque eso es lo que combinamos nosotros. Uno de los éxitos de CECOT, de su crecimiento y del cambio de estatutos, es que nos vinieron muchos gremios de ámbito catalán que nos dijeron que les gustaba esto. “Y además, como compartimos estructuras, a partir de aquí, hacemos economías de escala”. Cuantos más somos, más llegada tenemos. Cada uno tiene su independencia, gestiona los intereses de su sector y cuando conviene tenemos la fuerza de ir juntos. Creo que esto es lo que se debería ir replicando.
¿Cómo es que ustedes tienen el amparo de Foment del Treball Nacional?
Porque estos gremios más que centenarios ya estaban todos ellos individualmente en Foment del Treball. Le explico un detalle: en 1978, cuando hay el nuevo marco de asociaciones, en Foment hay una junta de transición. Esta junta eran cinco personas, que tenían el encargo de hacer los nuevos estatutos para el nuevo escenario de democracia. Una de estas cinco personas era mi padre. Pues, mira [sonríe], esto ya lo debía respirar yo un poco en casa…
Pasa en todos lados, pero dicen que en Terrassa estas familias que constituyen el núcleo duro del poder local, del poder empresarial, son muy robustas, inamovibles… ¿Eso significa que el ascensor social no funciona bien?
Ah, no, no, no. Yo diría que esto pasa en toda Cataluña y en todo el mundo…
Del mundo, no tanto. Depende de los lugares…
Pero en toda Cataluña, esto debe ser así, sí. Esto del ascensor, no, no. Esto es globalmente imprescindible y muy esencial.
Ya, pero, si uno viene de su padre y de su abuelo, en línea sucesoria, y eso es nuestro pan de cada día…
No, no, no. Que tu padre estableciera una tradición y tú la mantengas, eso es una cosa que no tiene nada que ver con el entorno. No creo en recorridos en el ámbito empresarial por herencia. Yo estaría en contra, pero es que, además, no se produce.
¿Cómo que no? A usted le ha pasado…
Sí, pero si le explico la cuestión sucesoria entre mi padre y yo, que soy el hijo mayor, como que en medio cabía una generación… Él se lo ganó por sí mismo y yo quizás lo he tenido un poco más fácil en alguna cosa, pero he ido por otros caminos. Para mí el bien común es una parte esencial de lo que me interesa construir.

Usted hablaba antes, cuando se refirió la creación de la CECOT, de la Terrassa de la metalúrgica y el textil… ¿Qué queda ahora de todo aquello?
Hay un informe que dice que el Vallès es como Vizcaya. Un millón trescientos mil habitantes en los Valleses, un millón cien mil habitantes en Vizcaya… Miramos entonces el valor agregado bruto industrial allí y aquí. El nuestro es un poco más grande que el suyo. Este es el primer dato. El segundo es que el valor agregado bruto industrial por ocupado es un poco aún más alto. ¡Esto ya es de milagro! Imagínese si es importante este milagro, que en Vizcaya la institucionalidad del territorio es enorme. En el Vallès no somos nada, la suma de dos consejos comarcales. No tenemos institucionalidad propia. Allí tienen un presupuesto foral y todo el del gobierno vasco. ¿Y nosotros cómo hemos conseguido esto? Aquí está el compromiso ciudadano, el de los empresarios y el de los trabajadores…
¿Y qué se fabrica ahora en los Valleses?
En el sector metalúrgico seguimos fabricando muchísimas cosas, de maquinaria y de muchos otros productos. En cuanto al textil, con muchas menos empresas, sigue siendo una gran fuerza…
Nada comparable con lo que era antes…
En cifras macro, con muchas menos empresas siguen facturando mucho y exportando muchísimo. Ha habido una transformación hacia el textil técnico. Mútua compra este textil de quirófano del que le hablaba antes a quince kilómetros de Terrassa. Esta gente exporta a todo el mundo también. Entre la metalúrgica y el textil, como segundo sector, ahora está la industria alimentaria. En el Vallès hay auténticos transatlánticos desconocidos. Empresas que son importantísimas. Por ejemplo, el primer proveedor mundial de las grasas para las leches en polvo de Nestlé tiene su sede en el Vallès. Y no lo sabemos. Yo también lo descubrí no hace tanto. Hay vigor industrial.
¿En el Vallès o en todo el país?
Con la serie histórica de estos últimos diez años resulta que el valor agregado bruto industrial de Cataluña ha crecido más en el interior que no en el área metropolitana, donde está el Vallès. Acto de constricción vallesano: un tercio de la población de Cataluña, que es la interior, ha generado el 70 por ciento del crecimiento de estos últimos diez años en valor bruto industrial. Y aquí, que somos el 70 por ciento de la población, solo hemos generado el 30 por ciento. ¿Hay alguien en el gobierno que tenga esta fotografía? Yo diría que no. ¿Cómo orientamos, pues, el crecimiento, desde la vivienda hasta el transporte? Debemos unir los polos más dinámicos de Cataluña, que, además, están en el interior…
¡Con la Renfe!
¡Exacto! [Ríe]. Cuarenta años atrás le dije a mi padre que para enviar productos a Huelva o a La Coruña lo haríamos con la Renfe. Ellos habían sacado una propuesta para que las empresas pudiéramos transportar los contenedores con sus trenes…
¡Acertó de pleno usted!
Sí, porque no sabe la segunda parte. Solo en seis meses le dije a mi padre que ya había tenido suficiente, que no había nada que hacer, que debíamos seguir utilizando los camiones. ¡Y así seguimos!
El otro día en Madrid el presidente de Foment, Josep Sánchez Llibre, dijo que necesitamos la inmigración “como el agua que bebemos y el aire que respiramos”. ¿Cómo ve usted esta cuestión? ¿Cómo ve los beneficios que aporta, los recelos sociales que despierta y las reacciones políticas que se derivan?
Para poder responderle, vamos de nuevo a los datos. Analizando el valor agregado bruto por persona ocupada territorialmente, el Barcelonès –que incluye Barcelona– está por debajo de la media de Cataluña. ¿Y esto por qué ocurre? Porque solo con turismo y con startups que aún no facturan el valor agregado bruto por persona no avanzamos tanto. Si esta es nuestra realidad, debemos construir el futuro haciendo actividad económica con más valor agregado. Es verdad que desde todos los sectores nos quejamos de que no cubrimos todas las plazas, todos los puestos de trabajo, que necesitamos. El problema es que nos faltan personas formadas. Necesitamos que vengan personas que tengan la formación necesaria; es decir, la aptitud. Pero lo que más ayuda a las personas y a las empresas es la actitud. Esta combinación de aptitud –la formación– con la actitud –el valor del esfuerzo, trabajar en equipo, comportarte éticamente bien…– marca la diferencia al final. Debemos orientar los esfuerzos para atraer personas que respondan a este perfil.
Y no lo hacemos bien.
No lo estamos haciendo bien, pero no lo hemos hecho bien nunca. Los otros países avanzados utilizan todas sus embajadas y sus consulados para atraer los perfiles que necesitan. Aquí Josep Piqué cuando fue ministro de Exteriores nos dijo que había tirado la toalla. No se salió en la respuesta diplomática y que estas sedes sirviesen para captar y captar lo que necesita el país. Imagínese si hace décadas de eso. A partir de aquí, hemos controlado poco las entradas. Necesitamos unos perfiles que ya se ve que no nos están llegando.
Por tanto, ¿entiende usted que esta situación genere malestar social y que impulse el voto hacia los partidos de extrema derecha?
Creo que esta situación no debería servir para justificar radicalidades. A mí cada vez la vida me ha enseñado más que los extremos se tocan. ¡Cuidado con los extremos! ¿Debemos reconducir las cosas? ¡Sí! Déjeme ser atrevido porque esta conversación la tuve hace algunos años con un grupo de jóvenes muy heterogéneo. Pensé entonces que era una oportunidad para impactar. Y salí entero. Les dije: “En Cataluña no hay paro”. Hoy digo lo mismo. En Cataluña no hay paro. Lo que hay son muchos parados. Lo que debemos hacer es prestarles una atención especial para ver qué podemos hacer para que sean empleables. Pero a partir de aquí que la juventud no piense que, porque hay una cifra de parados, tienen delante un muro altísimo que no pueden saltar. No, no, no. ¡Si solo hay oportunidades!
Eso significa que hay demanda de puestos de trabajo pero que no hay suficiente capacidad para cubrirla. Usted dice, por tanto, que tenemos parados en un país donde no debería haber paro…
Y otra cosa. Nos hemos equivocado en qué incentivamos con según qué subvenciones y ayudas públicas. Pensar que de la lista del paro todas las personas son empleables, quizás también es un exceso, pero que tengamos esta lista tan alta cuando hay tanta necesidad, nos indica que debemos presionar las cosas de otra manera. Y esto se debe decir con amabilidad a las administraciones. Cuando en la intimidad te reconocen que se deberían reorientar ayudas y subvenciones, pues, hagámoslo. Debemos ayudarnos colectivamente y hay cosas que debemos hacer de otra manera. Y esto quitaría tanto discurso radical en los dos extremos.

Pues, ya hemos terminado.
Espere, espere. es que hay una cosa que quería comentar…
No seré yo quien no quiera escucharla…
Me gustaría referirme al futuro de Mútua Terrassa. El 125º aniversario está muy bien, pero ¿qué hay del futuro? El legado está muy bien, nos emociona, pero ahora es el gran momento para mirar adelante, para construir, aunque ya lo hacemos cada día. Démosle ahora más visibilidad. En el encuentro que hacemos cada diciembre con los equipos directivos tendré la oportunidad de decirles que, en este ambiente de celebración, debemos tener claro que el futuro de Mútua depende de nosotros, pero, sobre todo, de nuestra capacidad humana, de pensar y de ejecutar. Es muy importante. Por eso, yo no la llamo, de la IA, Inteligencia Artificial, sino Inteligencia Aumentada.


