El descubrimiento de tres casos de peste porcina africana (PPA) fuera de los límites de la zona de riesgo controlada ha encendido todas las alarmas en el sector porcino catalán. La ampliación de las fronteras de la enfermedad ha hecho estallar a los responsables de la industria del cerdo, agrupados en la Junta de Precios del Cerdo de Mercolleida, que ha denunciado una gestión que consideran «incorrecta» de la amenaza sanitaria. Hasta el punto, temen los empresarios, que la crisis podría eternizarse, con los agravios económicos que esto conllevaría para el primer segmento del agroalimentario del Principado. Señalan el caso de Alemania como un posible horizonte pesimista: en el país centroeuropeo, cabe recordar, se descubrieron casos de PPA en el año 2021, y cinco años después, aún conviven con ellos. Como resultado, el tejido cárnico alemán ha visto reducida la producción de derivados del cerdo en un 25%, una cifra insostenible para cualquier tejido empresarial que se quiera saludable.
En las primeras semanas de la infección, a finales de noviembre y principios de diciembre de 2025, habían agradecido el ritmo de la respuesta por parte de la Generalitat; si bien habían reclamado acelerar el sacrificio de los jabalíes en la zona infectada, alrededor de la región metropolitana de Barcelona. Según el empresariado porcino, matar a los animales dentro del radio de 20 kilómetros era «la única manera de evitar la expansión del virus». Ahora, tres meses después, consideran que «no se ha avanzado lo suficiente» en esta actuación, que continúan considerando esencial.
La consideran, cabe decir, en contra del criterio de los expertos de la Comisión Europea, que marca el ritmo de la gestión de casos como estos. El gobierno de los 27 ha insistido en varias ocasiones que la persecución de los animales en la zona afectada puede ser contraproducente, en tanto que los núcleos de individuos pueden dispersarse y huir hacia entornos, por ahora, asegurados, disparando el riesgo de contagio fuera de los 20 kilómetros en cuestión. La recomendación, según han explicado a menudo voces del ejecutivo, es «dejarlos morir tranquilos», y esperar que la expansión esté controlada para pasar al sacrificio. En este sentido, la industria del cerdo reconoce que sus propuestas deberían encajar con «el enfoque legislativo y científico»; si bien no se han aventurado a plantear cómo se resolvería esta contradicción.

«Efectos» sobre el tejido productivo
Según los empresarios que forman parte de la Junta, las decisiones de las administraciones no están priorizando la «realidad práctica» de esta enfermedad, y los estragos que causa sobre el sector. Cabe recordar que el porcino acumula la inmensa mayoría de la actividad económica del agroalimentario catalán, con más del 70% del comercio exterior de este segmento. La concentración llega hasta el punto que voces de las organizaciones campesinas han llegado a asegurar que «si cae el cerdo, caemos todos». En este sentido, desde el organismo alertan que una expansión fuera de control de la PPA podría malograr todo el tejido productivo, que es el motor principal de muchas economías locales, especialmente en el interior del Principado.
«Alemanización» de Cataluña
Las empresas centradas en la matanza del cerdo alertan que, a pesar de los acuerdos comerciales alcanzados con varios clientes exteriores -la regionalización, por ejemplo, que ha conseguido limitar en el entorno de Barcelona las restricciones de exportaciones a mercados tan relevantes como China-, ganaderos de todo el país ya «pagan la factura» de la PPA. En este sentido, entran en detalle sobre los agravios que causó un contagio sin control en el caso alemán: desde septiembre de 2020, cuando se detectaron los primeros casos, ya han cerrado 5.000 explotaciones porcinas, especialmente aquellas más pequeñas. Para evitar este golpe, instan a las instituciones catalanas y españolas a «tomar medidas realistas» para el control del jabalí.

