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La escalada de tensión en Irán dispara el petróleo por encima de los 109 dólares

El precio del petróleo no encuentra freno, y menos aún cuando la Casa Blanca aviva la guerra en Oriente Medio. Los barriles Brent y West Texas Intermediate -las referencias para el crudo en Europa y Estados Unidos- se han vuelto a disparar este jueves tras solo 24 horas de contención. Si el miércoles los inversores confiaban en el discurso nocturno anunciado por Donald Trump, que consideraban una oportunidad para desescalar el conflicto, este jueves han chocado con la realidad de unos alardes aún más agresivos por parte del presidente de Estados Unidos. A raíz de la intervención de Trump, en la que se ha comprometido a «golpear con aún más fuerza» al régimen de los Ayatolás, el Brent se ha disparado cerca de un 8% en las primeras horas de la jornada, y ya roza los 110 dólares; mientras que el WTI coquetea con los 109 dólares, con una escalada similar.

Las oscilaciones petroleras han marcado el ritmo del terremoto económico que ha provocado la guerra en Irán. Teherán, cabe recordar, controla la sexta producción nacional de crudo del planeta, y la segunda de gas natural, superada solo por EE. UU. El cierre del estrecho de Ormuz ha añadido dudas sobre el suministro en los mercados más conectados con el Golfo, como los asiáticos, y ha obligado a liberar millones de barriles de las reservas estratégicas de los Estados miembros de la Asociación Internacional de la Energía para garantizar el flujo de hidrocarburos. Los 110 dólares que muestra el contador este jueves están aún lejos de los máximos que ha alcanzado el Brent en las últimas cinco semanas, cerca de los 120; si bien multiplican por dos los niveles de antes de la guerra. Prácticamente duplican, también, las expectativas de precios que había establecido el Banco Central Europeo a principios de año, y que servían como fundamento para la hoja de ruta de la política monetaria de la zona euro.

Desconfianza con Trump

El sector petrolero, durante las horas de bajada de precios del miércoles, vislumbraba una apertura próxima del estrecho de Ormuz. Trump había insistido desde el fin de semana en que se estaban produciendo conversaciones fructíferas con Teherán, y había llegado a insinuar que se estaría preparando un cambio de régimen para desbloquear la situación. Todas estas aproximaciones habían sido rechazadas por el gobierno que lidera Mojtaba Jameneí, hijo del líder asesinado en la ofensiva israelí-estadounidense, Alí Jameneí. En su discurso de la pasada madrugada, sin embargo, el mandatario estadounidense borró cualquier perspectiva de una reapertura del estrecho, que vehicula el 25% del comercio petrolero global, hasta que no se declare el final de la guerra. «Cuando el conflicto haya acabado, el estrecho quedará abierto de forma natural», argumentaba. La reacción del mercado, pues, revela la creciente desconfianza en las palabras que salen del Despacho Oval.

Imagen de una usuaria en una gasolinera / EP
Imagen de una usuaria en una gasolinera / EP

De hecho, Trump ha utilizado el argumento del petróleo para intentar acercar el final de la guerra. A sus ojos, Teherán está obligado a buscar la paz porque «las ventas de petróleo son lo único que tienen para reconstruirse». Aun así, cabe recordar que Ormuz no está completamente cerrado: la Guardia Revolucionaria iraní permite el paso a los petroleros salidos del país, que viajan mayoritariamente hacia China y el sudeste asiático. Las aspiraciones de Trump, pues, pueden estar alejadas de la realidad económica que contempla el gobierno de Jameneí.

La gasolina, disparada

La escalada petrolera ha tenido una consecuencia inmediata sobre los precios de los carburantes, que han liderado la tensión inflacionista en la Unión Europea durante el mes de marzo. En el Estado, el IPC se ha elevado hasta el 3,3%; mientras que en el conjunto de la zona euro, se ha quedado por encima del 2,5%. Según el último boletín petrolero de la Comisión, publicado este jueves, hasta seis países miembros superan ya los dos euros por litro de Sin Plomo 95, con los Países Bajos y Dinamarca a la cabeza, superando los 2,3 euros. Muchos otros rozan este umbral: en las gasolineras portuguesas e irlandesas, sin ir más lejos, los usuarios ya pagan más de 1,95 euros por cada litro de gasolina. Las medidas de bonificación de la Moncloa, sin embargo, están ayudando a contener la situación, y tanto la gasolina como el diésel se encuentran lejos de los peores entornos de precios del continente. De acuerdo con el documento difundido por Bruselas, la Sin Plomo cuesta en el Estado de media 1,55 euros, lejos de Alemania (2,13 euros) o Francia (2,01 euros).

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