L'escapadeta
Un faro de mármol rosa ofrece vistas a las playas más salvajes del sur de Francia desde su «purgatorio»

Olvida las aglomeraciones de la costa francesa. Existe un rincón en la Costa Bermeja donde el tiempo parece haberse detenido, custodiado por una joya arquitectónica que rompe con cualquier norma estética: el faro del Cabo Bear.

No es un faro cualquiera. Estamos hablando de una torre de 27 metros construida con mármol de Vilafranca de Conflent, un material reservado históricamente para las construcciones más aristocráticas.

Del infierno al mármol rosa

Para entender su leyenda hay que mirar al pasado. Antiguamente, los fareros clasificaban sus destinos en una escala de tres niveles: Cielo, Infierno y Purgatorio. El Cabo Bear fue catalogado como purgatorio; un lugar azotado por la tramontana y expuesto a los vientos más feroces del Mediterráneo.

Después de un primer intento fallido en 1836, las autoridades decidieron tirar la casa por la ventana en 1905. El resultado es una estructura estilizada de un tono rosa pálido hipnótico que parece más un palacio que una señal marítima.

Aunque el interior permanece cerrado al público, las escaleras de caracol originales, talladas también en mármol de alta calidad, son una obra maestra de orfebrería que justifica el viaje por sí sola.

Playas salvajes sin rastro de sombrillas

Lo que realmente atrae a quienes buscan desconectar es lo que rodea esta atalaya. Al pie del faro se despliegan pequeñas calas de guijarros y esquisto rojo como la Playa de los Oricones o la Playa de en Baus.

Aquí no encontrarás chiringuitos, ni música estridente, ni filas interminables de sombrillas de alquiler. Es el litoral francés en su estado puro, un ecosistema donde los erizos de mar y el silbido del viento son los únicos protagonistas.

Cómo llegar a este rincón escondido

Para acceder a este paraíso debes armarte de ganas de caminar. La ruta clásica parte desde la bahía de Paulilles, conocida por ser una de las zonas más auténticas de la región.

Es un recorrido de aproximadamente una hora por el Sendero del Litoral. Sí, nosotros también alucinamos con la claridad de sus aguas al llegar al destino. Es el precio a pagar para evitar el turismo de masas y encontrar un lugar donde realmente se puede escuchar el mar.

Si buscas un plan diferente este verano, ya sabes dónde esconderte. Solo te pedimos un favor: mantén el secreto, lugares como este son los que hacen que sigamos viajando con la misma ilusión del primer día.

¿Aún tenías dudas sobre si valía la pena hacer la mochila?

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