L'escapadeta
Este es el pueblo de Cataluña con más Patrimonios de la Humanidad por habitante

A pocos pueblos del Pirineo una sola mirada explica mil años de historia. Durro, una diminuta joya del Valle de Boí con solo 92 habitantes, es el municipio que concentra más Patrimonios de la Humanidad por persona de toda España. Un honor que nace de un legado románico excepcional rodeado de montañas que rozan los 3.000 metros y de un paisaje modelado por los antiguos glaciares.

El Valle de Boí es un territorio único: pueblos pequeños y llenos de encanto, tradiciones de montaña, gastronomía de altura y la entrada natural al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Pero, sobre todo, es casa de un conjunto románico incomparable en Europa, tal como reconoce la Unesco.

Dos Patrimonios de la Humanidad entre menos de cien vecinos

Hace casi un milenio, la poderosa familia de los Erill decidió convertir el valle en una demostración de poder. En pocas décadas levantaron ocho iglesias y una ermita siguiendo el estilo lombardo. El resultado: uno de los conjuntos románicos de montaña mejor conservados del mundo.

En Durro, dos de estas joyas explican la grandeza del lugar: la iglesia de la Natividad y la ermita de Sant Quirc. Son ellas las que otorgan al pueblo su impresionante récord patrimonial.

Las dos joyas románicas que vigilan el pueblo

La iglesia de la Natividad (s. XIII), situada en el centro del núcleo, sorprende por su nave de grandes dimensiones, la portada esculpida, el pórtico y el campanario que domina el pueblo. Las remodelaciones de los siglos XVI al XVIII añaden capillas góticas y una sacristía barroca que explican su evolución a lo largo de los siglos.

La iglesia de la Natividad

Más arriba, a 1.500 metros de altitud, se encuentra la ermita de Sant Quirc, un modesto templo del siglo XII que ofrece una de las mejores panorámicas del Pirineo. En su interior conviven los restos románicos con una imagen gótica de Sant Quirc y Santa Julita y un retablo barroco de gran belleza.

l’ermita de Sant Quirc
La ermita de Sant Quirc

Un pueblo que conserva la esencia de la vida de montaña

Durro es mucho más que sus templos. Su núcleo antiguo mantiene la fisonomía de un pueblo ganadero: calles estrechas y empedradas, casas de piedra con tejados de pizarra y un ritmo de vida pausado que invita a pasear sin prisa.

Este ambiente tan auténtico refuerza la sensación de viajar atrás en el tiempo. Cada vuelta del camino revela una vista nueva del paisaje alpino o una fachada antigua que aún respira la vida de otros siglos.

Más románico por descubrir en el Valle de Boí

Los campanarios de las iglesias del valle, esbeltos y cuadrados, se alzan como torres de vigilancia que casi compiten con las montañas. Destacan ejemplos como el de Santa Eulàlia d’Erill la Vall, uno de los iconos del románico catalán.

En esta misma población se encuentra el Centro de Interpretación del Románico, ideal para comprender a fondo la vida, el arte y la sociedad que dieron forma a estos templos.

Para quienes deseen un recorrido imprescindible, hay tres paradas obligadas: Sant Climent de Taüll, Santa Maria de Taüll y Sant Joan de Boí. En Sant Climent, el sorprendente sistema de vídeo mapping restituye las pinturas del Pantocrátor original proyectándolas sobre el ábside desnudo: un espectáculo único en el mundo.

Durro y todo el Valle de Boí forman un museo vivo del románico, un rincón del Pirineo donde la historia no se exhibe: simplemente, está.

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