En un mundo de banderas y fronteras, el periodista Jordi Évole prefiere los vínculos emocionales con los lugares que pisan sus pies. Aunque siempre ha hecho gala de su orgullo por Cornellà, hay una pequeña localidad en la comarca del Baix Llobregat que se ha convertido en su refugio vital: Santa Coloma de Cervelló.
Para Évole, este rincón no es solo el lugar donde reside, sino un espacio de «Ingeniería Emocional». Aquí ha encontrado el equilibrio entre su faceta pública y la necesidad de anonimato. «No soy mucho de patrias, pero si con algún lugar me identifico es con este», ha llegado a confesar el presentador, dejando claro que su hogar es una elección de vida consciente.
Santa Coloma de Cervelló no es un pueblo cualquiera. Es el hogar de la Colònia Güell, una joya del modernismo que atrae visitantes de todo el mundo, pero que para sus vecinos sigue siendo aquel escenario cotidiano de calles empedradas y silencio reparador.
Si buscas entender por qué uno de los comunicadores más influyentes de España ha elegido este lugar para arraigar, solo tienes que pasear por sus plazas al atardecer. Es el secreto mejor guardado a escasos 20 kilómetros de la gran Barcelona.
La Cripta de Gaudí: un laboratorio de genialidad
El gran tesoro de este pueblo es la Cripta de la Colònia Güell. Antoni Gaudí la diseñó como un banco de pruebas para lo que más tarde sería la Sagrada Familia. Es aquí donde el arquitecto experimentó con las columnas inclinadas y los arcos catenarios que hoy definen su estilo único.
Caminar por el interior de la cripta es sentir la fuerza de la arquitectura orgánica. Los vitrales en forma de mariposa filtran una luz que parece sagrada, creando una atmósfera de paz que Évole valora por encima de todo. Es un monumento que respira, integrado perfectamente en el bosque que lo rodea.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Cripta es el corazón de una colonia industrial que pretendía ser un modelo de vida social y laboral en el siglo XIX. Hoy, este espíritu de comunidad continúa vivo en sus habitantes.

Vivir en una colonia industrial del siglo XXI
Lo que diferencia a Santa Coloma de Cervelló es su capacidad para preservar el aire de otro tiempo. Las casas de ladrillo visto, construidas originalmente para los trabajadores de la fábrica textil de Eusebi Güell, mantienen una estética uniforme que transporta al visitante a la época dorada del modernismo.
Jordi Évole ha encontrado en esta fisonomía el entorno ideal para desconectar. Aquí el ritmo es pausado, los vecinos se saludan por su nombre y los viñedos cercanos recuerdan el pasado agrícola de la zona. Es un refugio donde el estrés de la actualidad informativa desaparece entre fachadas históricas.
La Colònia Güell funciona como un ecosistema propio. No es solo un reclamo turístico, es un barrio vivo donde la cultura y la historia se tocan en cada esquina. Para el periodista, vivir aquí es una forma de mantener los pies en la tierra mientras su carrera vuela alto.
Dato clave: A pesar de su tranquilidad, el pueblo está perfectamente conectado con Barcelona, permitiendo a Évole compaginar su intensa vida profesional con el retiro que ofrece el Baix Llobregat.

Conclusión: La patria de los afectos
Santa Coloma de Cervelló nos recuerda que la verdadera patria es aquella donde nos sentimos en paz. Jordi Évole ha sabido ver en este pequeño núcleo de población la esencia de lo que significa «pertenecer» a un lugar sin necesidad de grandes proclamas.
Mañana podrías estar tú descubriendo los secretos de la Cripta de Gaudí o tomando un café en la misma plaza que frecuenta el periodista. El mundo sabe que es una joya arquitectónica, pero sus vecinos saben que es, simplemente, el mejor lugar del mundo para vivir.
¿Te animas a descubrir el refugio modernista de Jordi Évole en tu próxima escapada por Cataluña?
