Hay siluetas que definen una ciudad y la de San Sebastián no se entendería sin su perfil más aristocrático. (Sí, hablamos de ese edificio que parece sacado de una novela de Jane Austen pero con vistas al Cantábrico).
Si buscas una escapada con pedigrí, el Palacio de Miramar es tu parada obligatoria. No es solo un monumento; es el testigo mudo de las idas y venidas de la monarquía, la República y la historia más reciente de España.
Este «capricho» de estilo británico es el que mejor define el lujo de la Belle Époque donostiarra. Fue construido en el año 1889 por expreso deseo de la reina regente María Cristina, que quería consolidar la ciudad como el destino oficial de veraneo de la Familia Real. Y vaya si lo consiguió.
Un trozo de Inglaterra en la bahía de La Concha
Situado estratégicamente para separar las playas de La Concha y Ondarreta, el palacio nació como una «Real Casa de Campo». El arquitecto británico Ralph Selden Wornum fue el encargado de darle este aire de cottage inglés, utilizando ladrillo visto y tejados inclinados que rompen con la estética tradicional del norte.
Son más de 34.000 metros cuadrados de finca que incluyen caballerizas, cocheras y unos jardines que parecen flotar sobre el mar. De hecho, se construyó incluso un túnel falso bajo el césped para que el tranvía y la carretera no molestaran la paz de los reyes.
EL APUNTE HISTÓRICO: Tras la muerte de María Cristina en 1929, el palacio vivió una auténtica montaña rusa: fue expropiado por la Segunda República como residencia presidencial y, más tarde, devuelto a los Borbones durante el franquismo.
El internado de élite de Juan Carlos I
Poca gente sabe que, durante la década de 1950, estas paredes dejaron de ser un palacio para convertirse en un colegio interno privado para la aristocracia. Fue aquí donde estudió el que después sería el rey Juan Carlos I durante 38 años.
Imagina recibir clases de historia o matemáticas mientras miras por la ventana la inmensidad del océano. Un escenario de época que hoy en día mantiene esa aura intelectual y académica tan especial.
Actualmente, la propiedad pertenece al Ayuntamiento y es la sede de los prestigiosos Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco. (¿Quién no querría volver a la universidad si las aulas fueran así?).
Once salones y un comedor real octogonal
Aunque el acceso al interior suele estar restringido a eventos y congresos, si tienes la suerte de cruzar su umbral, te encontrarás con 5.600 metros cuadrados de puro refinamiento. Once salas donde destaca el Comedor Real, con un mirador octogonal que apunta directamente al corazón de la bahía.
Tampoco se queda atrás el Salón de Música, escenario de recepciones de gala, o el Salón de Madera, el espacio más puramente inglés de todo el conjunto, con una salida directa que conecta el lujo interior con la libertad del jardín.
DATO IMPRESCINDIBLE: En los jardines podrás encontrar la escultura ‘El Abrazo’, un regalo de Eduardo Chillida a su ciudad tras una exposición retrospectiva que marcó la agenda cultural de la zona.
El mejor mirador gratuito de San Sebastián
Lo mejor de todo es que, aunque no puedas entrar en los salones, los jardines de Miramar están abiertos a todos. Es el lugar preferido de los donostiarras para leer un libro, pasear o simplemente ver cómo rompen las olas en la isla de Santa Clara.
Si vas a San Sebastián esta temporada, no te conformes con la foto típica desde el paseo. Sube al palacio, camina entre sus ladrillos rojos y siéntete, por unos minutos, parte de aquella realeza que eligió este rincón como el más bonito del mundo.
CONSEJO FINAL: Ve a la hora del atardecer. La luz que refleja el palacio en contraste con el azul oscuro del Cantábrico es, literalmente, una experiencia que no podrás olvidar.
¿Has visto alguna vez un skyline tan perfecto?
