L'escapadeta
El Castell de Coca, la «joya del gótico-mudéjar» para los expertos: Monumento Nacional con historia de Napoleón

¿Estáis cansados de ver siempre los mismos castillos? Fortalezas de piedra, serias, que pasan desapercibidas. Prepárense para un impacto visual único que cambiará su percepción.

Hay un lugar donde el tiempo se ha detenido, y su historia esconde un secreto arquitectónico. No es solo un edificio antiguo; es una declaración de poder e ingeniería que os dejará boquiabiertos. De verdad, esto no es un castillo cualquiera.

Hablamos del Castillo de Coca, en Segovia. Una auténtica joya del gótico-mudéjar, un nombre que no se ha ganado por casualidad. Desde 1926 es Monumento Histórico Nacional, y desde 1985, Bien de Interés Cultural. Esto no lo dicen las guías, lo confirma un siglo de consenso historiográfico. (Y sí, nosotros también pensamos que es impresionante).

Cuando el poder se construye con ladrillo

Su historia comienza en el año 1473. Entonces, Alonso de Fonseca, tercer señor de Coca, consiguió el permiso del rey Juan II de Castilla para levantar una fortaleza. Pero no eligió a los canteros locales. Buscó a otros.

Contrató a maestros del ladrillo mudéjar de Sevilla, auténticos alarifes que dominaban una técnica casi inédita en Castilla para construcciones de este rango. Fue una decisión valiente. En el siglo XV, la piedra maciza era el símbolo de poder militar. Construir con ladrillo, con esta desplegada decorativa, era la forma de los Fonseca de proclamar su posición. Una declaración de intenciones muy poco habitual.

El Castillo de Coca fue una provocación. Mientras todos construían con piedra para impresionar, los Fonseca eligieron el ladrillo mudéjar. Un riesgo que hoy celebramos como una obra maestra.

El resultado es una sinfonía perfecta entre función y ornamento. El ladrillo no solo sostiene los muros, sino que también dibuja las majestuosas torres poligonales. La piedra caliza se reserva para los detalles más precisos: saeteras, columnas del patio de armas o algunos remates. Por dentro, aún sorprenden los mármoles, los azulejos y las yeserías que se han conservado.

El castillo se presenta con dos recintos amurallados concéntricos. El exterior, de planta cuadrada, con cuatro torreones de base redonda que terminan en ochenta garitas octogonales. Entre este anillo defensivo y el núcleo residencial, está la liza, un pasillo estrecho diseñado para exponer doblemente a cualquier atacante. Sobre la puerta principal, un matacán vigilaba para dejar caer proyectiles sin piedad.

El recinto interior, también cuadrado, agrupa torres con nombres propios: la de Pedro Mata, la de la Muralla, la de los Peces. Culmina con la Torre del Homenaje, a la que solo se puede subir de uno en uno por una escalera de caracol angosta. Todo ello, aislado por un foso seco excavado en el terreno arcilloso, que en su día cruzaba un puente levadizo. No era una simple decoración, era la primera y más efectiva línea de defensa. Un verdadero muro inexpugnable.

La historia con Napoleón que lo cambió todo

Esta arquitectura pensada para resistir no tardó en ponerse a prueba. Durante la revuelta de las Comunidades, en el año 1520, la Junta rebelde ordenó un ataque contra la villa y el castillo. Pero el asalto no llegó a culminarse del todo. La dificultad del sitio y el refuerzo de la guarnición real con soldados alemanes hicieron que Coca resistiera en el año 1521. Una auténtica hazaña.

Pero casi tres siglos después, en el año 1809, el castillo vivió su episodio más singular. Un pelotón de 25 soldados franceses, al mando de un sargento, se instaló entre sus muros. Su misión: proteger las comunicaciones de los ejércitos de Napoleón. No fue una ocupación tranquila, precisamente.

Aislados en territorio hostil, estos hombres revolvieron las salas y destrozaron el mobiliario buscando cualquier objeto de valor. Dejaron un daño que se sumaría al deterioro que el edificio ya arrastraba. Fue una ocupación militar con consecuencias reales, no una simple anécdota. Esta destrucción explica, de hecho, por qué décadas después la misma Casa de Alba llegó a desmontar y vender galerías y columnas del patio de armas original durante la primera mitad del siglo XIX.

El Castillo hoy: del abandono a las aulas

El siglo XIX fue el peor momento para el castillo. El patio de armas desmantelado, gran parte del conjunto en decadencia. Pero la recuperación llegó en el siglo XX. En 1926 se declaró Monumento Nacional, reconociendo un valor que el abandono no había podido borrar. La restauración definitiva fue en el año 1954.

La Casa de Alba cedió el edificio al Estado, a través del Ministerio de Agricultura, con el firme compromiso de restaurarlo. De este acuerdo nació la Escuela de Capacitación Forestal, que hoy es el CIFP Agraria de Coca. El castillo, además de monumento, sigue siendo un centro educativo con alumnos reales. (¡Una segunda vida totalmente inesperada!)

Si queréis visitarlo, os recomendamos tener en cuenta el horario estacional. En verano (del 6 de abril al 24 de octubre) abre cada día de 11:00 a 13:00 y de 16:30 a 19:00. En invierno, de 11:00 a 13:00 y de 16:30 a 18:00. Es importante saber que cierra en enero y el primer martes de cada mes. También es aconsejable reservar con antelación, ya que las visitas se organizan por grupos. El precio de la entrada ronda los 3-5 euros, así que confírmenlo antes de ir. Vale la pena, se lo aseguro.

Se llega con mucha comodidad desde Segovia o Valladolid, a poco más de cincuenta kilómetros por carretera. La visita no debe terminar en el castillo. La villa de Coca conserva su propia memoria amurallada: la Puerta de la Villa, tramos de la muralla urbana y, en la iglesia de Santa María, los sepulcros de la familia Fonseca. Todo ello cierra el círculo de la misma historia que comenzó con el permiso del rey Juan II. Un viaje en el tiempo.

Con el Castillo de Coca quedando atrás, entre los pinares que lo rodean, no podréis evitar girar la vista una última vez. Este perfil de ladrillo rojizo, tan fuera de lugar entre tanto verde, es precisamente lo que lo hace inconfundible. Hay que verlo para creerlo. No se lo pierdan.

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