Playa, calma mediterránea y un pasado marinero que impregna cada calle. Vilassar de Mar, la localidad donde nació la cantante internacional Bad Gyal, es hoy uno de los pueblos más atractivos para escapar de la ciudad sin alejarse mucho. A solo media hora de Barcelona, combina tradición, historia y modernidad con una naturalidad que enamora a visitantes y vecinos. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece avanzar a un ritmo más amable, donde el mar marca el compás y donde cada rincón respira la autenticidad que caracteriza la costa del Maresme.
De pueblo pesquero a destino de veraneo
Situado en el corazón del Maresme, Vilassar de Mar crece junto al Mediterráneo con una personalidad marcada por su clima suave, su luz intensa y un paisaje que combina urbanismo tradicional con influencias indias y modernistas. Los orígenes del poblado se remontan a la prehistoria, pero fue a partir del siglo XV cuando las primeras familias procedentes de Vilassar de Dalt decidieron acercarse al mar para establecerse. Este movimiento dio forma a un núcleo marinero que, a pesar de las transformaciones, aún hoy conserva su esencia.
A lo largo de los siglos XVI y XVII, la pesca y las pequeñas actividades comerciales convirtieron a Vilassar en un punto de movimiento constante. Las calles estrechas y las casas bajas que aún se conservan en el centro histórico son testigo de aquella época de puerto activo, en que los pescadores llegaban a la playa con las barcas de vela latina y las redes llenas de cigalas, sardinas y boquerones.
El gran cambio llegaría en el siglo XIX con la expansión del comercio de ultramar. Muchos vilassarenses hicieron fortuna en las colonias americanas y, al regresar, decidieron construir imponentes casas indianas, a menudo decoradas con mosaicos, vitrales y forjas inspiradas en la estética modernista. Este patrimonio aún hoy define la imagen del pueblo, convirtiéndolo en una joya arquitectónica del Maresme.
Ya en el siglo XX, la llegada del tren, un elemento clave en la transformación de toda la comarca, impulsó a Vilassar de Mar como destino de segunda residencia para barceloneses que buscaban playas amplias y un estilo de vida tranquilo. Las pensiones y los primeros hoteles atrajeron visitantes cada verano, y el pueblo consolidó su reputación de destino de vacaciones familiar y accesible.
Qué ver en Vilassar de Mar
Hoy, Vilassar de Mar mantiene vivo su patrimonio marinero y artístico. Pasear por él es descubrir una combinación de elementos que explican su historia: desde los orígenes humildes como villa de pescadores hasta el esplendor modernista y el desarrollo urbano del siglo XX.

- Museu de la Marina: un espacio imprescindible para entender el vínculo histórico del pueblo con el mar. Se pueden observar herramientas tradicionales de pesca, maquetas, fotografías antiguas y relatos de un pasado marinero que Vilassar aún lleva con orgullo. Es un museo pequeño, pero capaz de transportar al visitante a una época de vela, trabajo duro y horizontes abiertos.
- Museu Enric Monjo: dedicado al escultor local, expone una colección de esculturas, dibujos y piezas que muestran la evolución artística de este creador. El edificio en sí mismo, una antigua capilla restaurada, ya merece la visita.
- Centro histórico: caminar por su núcleo antiguo es descubrir rincones llenos de encanto. Calles con porches, fachadas indianas y casas con persianas de madera conviven en un espacio que conserva el espíritu de los antiguos pescadores y comerciantes.
- Iglesia de Sant Joan: templo barroco con detalles góticos, destaca por su imponente fachada y por un interior donde se puede respirar parte de la historia religiosa y social del municipio. Las campanas, visibles desde varios puntos, forman parte de la identidad visual del pueblo.
- Torre d’en Nadal: antigua torre de vigilancia y defensa ante los ataques piratas. Un vestigio del pasado fortificado de la costa catalana y un recordatorio de que la historia no siempre fue plácida junto al Mediterráneo.
Y, por supuesto, el mejor final de ruta es en el paseo marítimo. La brisa suave, las palmeras y el azul del Mediterráneo acompañan un recorrido ideal para cualquier hora del día. Las playas de l’Almadrava, l’Astillero y Ponent son amplias, de arena fina y de aguas transparentes, perfectas para tomar el sol, bañarse o simplemente disfrutar de una mañana de calma.
Una de las grandes virtudes de Vilassar es que, a pesar de su popularidad veraniega, evita el exceso de masificación. Mantiene un ritmo pausado, acogedor y familiar, que lo convierte en un destino amable tanto para los que viven allí como para quienes lo visitan.
Cómo llegar desde Barcelona
Llegar a Vilassar de Mar es sencillo y rápido. En coche, el trayecto dura aproximadamente 35 minutos por la C-31 o la C-32, con un recorrido que bordea la costa y ofrece unas vistas magníficas del mar. Para aquellos que prefieren desplazarse de manera sostenible o sin preocupaciones de aparcamiento, la línea de RODALIES R1 conecta Barcelona-Sants con Vilassar en unos 55 minutos, dejando al visitante a pocos metros de la playa y del centro.
Un pueblo con identidad y talento internacional
A pesar de su evolución, Vilassar de Mar mantiene una identidad propia e inconfundible: calles tranquilas, comercios de proximidad, un patrimonio bien conservado y una relación profunda con el mar que se refleja en fiestas, gastronomía y tradiciones. Entre las curiosidades más conocidas, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, está el hecho de que es el pueblo natal de Bad Gyal, una de las artistas catalanas más internacionales del momento. Su estilo, su estética y su proyección han puesto a Vilassar en el mapa de una manera inesperada pero celebrada por los vecinos.
Con todo, más allá de celebridades, Vilassar es un lugar que se vive con los sentidos: el olor de sal, el ruido de las olas, los colores de las fachadas indianas y la sensación de caminar por un pueblo que ha sabido evolucionar sin perder la esencia. Si buscas un destino cercano, auténtico y lleno de encanto, Vilassar de Mar es una apuesta segura. Un lugar donde la historia y el mar se entrelazan con naturalidad, y donde cada visita deja un poco más de luz mediterránea en la memoria.
