Las masías catalanas siempre han sido mucho más que piedra y teja. En el pasado, eran el centro de la vida agrícola; hoy, muchas de ellas han renacido como alojamientos que permiten vivir la historia de una manera íntima y acogedora. Entre todas las reconvertidas, hay una que destaca de manera especial: la masía que alberga el Parador de Vic-Sau, uno de los refugios invernales más inspiradores de Cataluña.
Situado en una colina con vistas espectaculares al pantano de Sau y rodeado por la frondosa sierra de Les Guilleries, este parador es una invitación directa al silencio, a la naturaleza y a la desconexión. Un alojamiento que combina elegancia y rusticidad, perfectamente integrado en un paisaje de postal.
Una masía convertida en mirador natural
El edificio del parador es una antigua masía catalana restaurada con exquisitez. Mantiene la esencia arquitectónica medieval del país: muros de piedra, tejado a dos aguas y espacios amplios que respiran autenticidad. Desde la colina donde se alza, la vista se extiende hasta el fondo del pantano, con el campanario sumergido de Sant Romà de Sau como una sombra silenciosa entre las aguas.

A pesar de su apariencia rústica, el interior es un hotel de cuatro estrellas con 38 habitaciones amplias y modernas, algunas con terrazas privadas que permiten disfrutar de este horizonte azul y verde. El equilibrio entre la tradición y el confort es total: pavimento de baldosa catalana, vigas de madera y una decoración contemporánea que aporta luz y calidez.
Jardín panorámico, piscina y calma absoluta
Alrededor de la masía se extiende un jardín panorámico con rincones sombreados, bancos para leer y una piscina exterior situada en un nivel inferior del terreno, convirtiendo cada chapuzón en una experiencia frente a un anfiteatro natural.
La tranquilidad es uno de los grandes atractivos del parador: aquí solo se escucha el viento, los pájaros y, en las mañanas de invierno, el murmullo de una ligera niebla que se arrastra entre las montañas. Un lugar ideal para desconectar y recuperar energías.
Gastronomía de Osona con vistas privilegiadas
El restaurante del Parador de Vic-Sau es otro de los motivos que lo hacen imprescindible. En un comedor lleno de luz natural y grandes ventanales, se puede degustar la mejor cocina tradicional de Osona: longaniza de Vic, carnes de caza, butifarra con mongetes del ganxet o verduras de proximidad, siempre con un toque contemporáneo.
Los desayunos, con la niebla del pantano todavía reposando entre las montañas, son un ritual que todos los huéspedes recuerdan. Y los atardeceres, teñidos de naranja sobre el agua, convierten las cenas en momentos memorables.
Senderismo, románico y panorámicas impresionantes
El entorno del parador es un paraíso para los amantes de las excursiones: senderos que se adentran en el bosque, rutas hasta miradores naturales y caminos que conducen a joyas románicas como el monasterio de Sant Pere de Casserres, encaramado sobre un meandro del Ter.

También es posible navegar en kayak por el pantano de Sau, acercarse al campanario sumergido o, para los más románticos, volar en globo desde la llanura de Vic para observar Les Guilleries desde el aire.
A un paso de Vic, capital cultural y gastronómica
En solo quince minutos en coche se llega a Vic, ciudad llena de historia. Su templo romano, la catedral, las murallas y la plaza Mayor complementan la escapada con un toque cultural imprescindible, así como sus mercados y la cocina local.
Cómo llegar al Parador de Vic-Sau
Desde Girona: 1 h y 10 min por la C-25 (salida 183) y continuando hacia Tavèrnoles y el pantano de Sau.
Desde Barcelona: 1 h y 30 min por la C-17 hasta Vic y luego por la C-153 y BV-5213 hasta el parador.
Un trayecto sencillo que culmina en un paisaje impresionante y en una masía que, a pesar de su historia centenaria, sigue ofreciendo un confort contemporáneo y una paz absoluta. Un parador perfecto para el invierno y para cualquier momento en que sea necesario respirar profundamente.



