Amb curiositat
La dura vida de los últimos pastores nómadas que resisten en la montaña: «¿Llueve en la ciudad? ¿Hay mucha comida allí?»

El siglo XXI avanza a toda velocidad mientras ellos se han quedado atrapados en el tiempo. (Sí, nosotros también alucinamos al saber que todavía existen).

Viven bajo jaimas de lana de oveja y cabra protegidas por pequeños muros de piedra. Su supervivencia depende exclusivamente de caminar durante horas buscando el milagro de un poco de pasto verde para sus animales.

La pregunta que destroza el alma del viajero

L’Aicha vive aislada en pleno corazón de las montañas marroquíes. Cuando alguien se cruza en su camino, su única obsesión no es el dinero ni la tecnología, sino entender cómo funciona nuestro mundo.

¿Llueve en la ciudad? ¿Hay mucha comida allí? ¿Cuánto cuesta un kilo de harina? Las preguntas golpean con fuerza porque revelan una desconexión absoluta con nuestra opulencia diaria.

La sequía extrema y la privatización de terrenos están asfixiando el nomadismo tradicional hasta dejarlo prácticamente al borde de la extinción total.

Una rutina milenaria marcada por la supervivencia extrema

El motor de estas familias es el ganado. Se desplazan estacionalmente entre el Anti-Atlas y el Alto Atlas sorteando una desertización feroz que destruye sus opciones de sustento.

Cuidar los animales de otros pastores les reporta apenas unos 7 dirhams (0,7 euros) al mes por cabeza. Además, las mujeres cargan con la pesada tarea de caminar hasta tres horas para conseguir agua.

Utilizan apenas tres litros diarios por persona transportados por asnos indispensables. La luz eléctrica no existe; cuando se apaga la hoguera comunitaria, solo reina la oscuridad más absoluta y el frío de la noche.

¿Sabías que este estilo de vida está a punto de desaparecer para siempre bajo el avance implacable del cambio climático? Las tradiciones bereberes se apagan sin que nadie logre detenerlo.

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