Lo que parecía una simple compra se transformó en una experiencia casi mágica.
Camila, recién llegada de Argentina a Tenerife, nunca imaginó que recorrer los pasillos de un Mercadona podría despertar tantas sensaciones. Acompañada de su pareja española, se encontró con productos que nunca había visto, precios que le parecían imposibles y un ambiente que la dejó “con ganas de quedarse a boludear”.
Primeras impresiones: un mundo de orden y posibilidades
Camila entró al Mercadona como quien entra a un lugar desconocido, con los ojos bien abiertos y la mente dispuesta a absorberlo todo. Desde el primer momento, algo le llamó la atención: el orden de los estantes, la limpieza del lugar y la cantidad de productos que parecían formar parte de un universo paralelo. Recorrer los pasillos fue, para ella, un ejercicio de sorpresa constante. “Yo simplemente vendría a pasar el rato, a dar vueltas y a boludear”, comentaba entre risas mientras grababa su experiencia para las redes. Sus expresiones combinaban ternura y sorpresa, un reflejo genuino de alguien que, más allá del consumo, estaba redescubriendo lo cotidiano.
Precios que parecen de otro planeta
Uno de los momentos que más impresionó a Camila fue comparar los precios con los que conocía en Argentina. El contraste era tan brutal que se detenía en cada etiqueta como si se tratara de un descubrimiento arqueológico. Un manojo de espárragos verdes, que en su país rondaba los 12.000 pesos (más de 7 €), aquí costaba solo 2,45 €. Una caja de fresas que allí llegaba a los 13.000 pesos (unos 8,25 €), tenía un precio de 3,33 €. “¿Cómo puede ser que esto cueste esto?”, se preguntaba mientras mostraba con incredulidad los productos a cámara. Este ejercicio constante de comparación era más que una curiosidad: era la constatación de dos realidades económicas tan diferentes que casi parecían de mundos opuestos.
Dulces descubrimientos y nuevas costumbres
En medio de la sorpresa, Camila se topó con algo que no esperaba: los mochis. Estos pequeños dulces de origen japonés que se han hecho populares en España la dejaron fascinada. Pero aún más la sorprendió la versión local de Mercadona, unos dulces llamados “Dochis de tarta de queso”. “¿Y estos qué son?”, exclamó al encontrarlos. Fue uno de esos momentos en que el consumidor se transforma en explorador. Pero no solo los postres llamaron su atención. También lo hizo el área de zumo natural recién exprimido, una máquina que le permitió preparar en segundos un zumo de naranja natural, directamente en medio del supermercado. “Esto también está bien, puedes hacer zumo de naranja en medio del súper”, dijo con entusiasmo. Estas pequeñas innovaciones, aparentemente normales para un cliente español, eran para Camila una mezcla de tecnología, eficiencia y lujo que no encontraba en su país.
La perfumería: el rincón inesperado del supermercado
Si algo la terminó de conquistar, fue la sección de cosmética y perfumería. “Esto no lo encontrarás en ningún otro súper”, aseguró mientras recorría con ojos brillantes los estantes llenos de productos. Para Camila, aquella zona era mucho más que un pasillo con cremas: era como entrar en una tienda selecta escondida dentro del supermercado.
Incluso notó productos similares a marcas de lujo internacionales, como Rhode, la firma de cuidado facial de Hailey Bieber. La posibilidad de acceder a cosméticos de buena calidad y a buen precio le parecía simplemente impensable en Argentina. La emoción con la que comentaba cada producto no dejaba ninguna duda: estaba experimentando un choque cultural positivo, donde lo cotidiano se teñía de fascinación.
Un tiquet que selló el enamoramiento
El momento culminante llegó al pasar por caja. Con el carrito lleno y la cabeza dando vueltas, Camila se preparó para el impacto… pero el tiquet final le dio otra sorpresa: 51,71 € por más de veinte productos. La cifra, para alguien acostumbrado a precios mucho más altos, fue la confirmación de que todo lo vivido no había sido una ilusión. En sus palabras y gestos, quedaba claro que había algo profundamente emocional en aquella simple compra.
Más que un supermercado: una experiencia cultural
Para Camila, el Mercadona no fue solo un lugar donde adquirir comida. Fue una ventana a otra manera de vivir, de consumir, de entender lo cotidiano. La experiencia dejó en evidencia que lo que para unos es rutina, para otros puede ser un descubrimiento revelador. A través de su mirada extranjera, recordamos lo fácil que es dar por hecho lo que tenemos cerca. Y cómo, a veces, solo hace falta mirar con otros ojos para volver a maravillarse con lo sencillo.
El supermercado que se convirtió en postal de España
Camila no solo encontró productos, también encontró una historia para contar. Su entusiasmo genuino, su comparación constante con Argentina y su capacidad para sorprenderse con los detalles más simples nos devuelven una mirada fresca sobre lo cotidiano. ¿Quién no ha sentido alguna vez que algo pequeño —una tienda, un sabor, un olor— podía contener todo un país? Si tú también has vivido un momento similar en el extranjero, o incluso en tu propio barrio, compártelo. Porque a veces, lo que parece una simple compra puede ser el inicio de un enamoramiento cultural.