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Grifols aspira a superar la crisis de Gotham sin las trabas arancelarias

Hace más de un año y medio, desde el infausto enero de 2024, que Grifols busca volver a tomar las riendas del mercado. El ataque bajista que supuso el informe del fondo especulador Gotham City Research, ahora cuestionado en tribunales en los Estados Unidos y el Estado español, hundió la cotización de la empresa -en los peores momentos, por debajo de los 8 euros, cuando se movía alrededor de los 15 a finales de 2023- y destrozó la confianza de los inversores. Los 18 meses posteriores, los valores de la catalana fueron centrifugados de muchas carteras a largo plazo, y el capital rotaba con fuerza, atraído por la elevada volatilidad en busca de rendimientos inmediatos. Tras un primer trimestre exitoso, con beneficios triplicados y un retorno a la generación positiva de caja ex-capex, la multinacional de hemoderivados quiere dejar atrás el peligro. La firma financiera XTB comentaba, a mediados de julio, que se comenzaba a notar un «cambio de relato»; una pérdida del miedo entre los capitalistas a apostar a largo plazo. Con las semanas, actores de peso han confirmado esta confianza: fondos relevantes, del nivel de Cobas o Azvalor, mantuvieron su presencia a principios de año, y ahora ven beneficios; mientras que JP Morgan Chase superó el 3% en abril, vislumbrando una estabilidad que, según fuentes financieras consultadas, ya estaría llegando. «Estamos llegando al momento en que la valoración de Grifols dependerá de sus fundamentales, y no de la crisis comunicativa», argumenta el jefe de inversiones de riesgo de TREA Capital, Xavier Brun, en conversación con Món Economia. Y los fundamentales, todo apunta, volverán a ser favorables en el segundo trimestre.

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en enero de 2024. Desde entonces, observadores e inversores analizan minuciosamente para calcular la salud de la farmacéutica, que lucha por recuperar la confianza del mercado, aún lejos de los niveles de cotización previos al desplome. Este jueves, la catalana presenta los primeros resultados anuales de un curso completo bajo la nueva dirección, con el dúo formado por el consejero delegado, Nacho Abia, y el director financiero, Rahul Srinavasan, al timón de la operación. Los analistas bursátiles y los fondos de inversión esperan unas cuentas del curso tranquilos, «sin sorpresas ni negativas ni positivas», según una fuente financiera consultada por Món Economia. El consenso apunta a que los ingresos crecerían entre un 3 y un 4% en términos interanuales, un ascenso que situaría la facturación por encima de los 7.500 millones de euros. Si se cumple esta predicción, la cifra quedaría ligeramente por debajo de las guías reformuladas por la dirección el pasado noviembre tras encadenar cuatro trimestres de fuertes crecimientos. Entonces, la cúpula de la farmacéutica proyectaba una cifra de negocio por encima de los 7.600 millones. Fuentes del accionariado de la compañía trasladan a este medio la «confianza» que mantienen en la dirección, incluso con este retroceso.

El gran responsable de este enfriamiento del ritmo de crecimiento, hay que decir, no está dentro de la compañía. El lastre que dejará «bastante planos», en palabras de un analista de mercados, los rendimientos de Grifols es el dólar. Cabe recordar que más de la mitad del negocio de la catalana se concentra en Estados Unidos -hecho que la salvó, por ejemplo, de la guerra arancelaria de Donald Trump, en momentos del año pasado en que temblaban otras geografías de la industria farmacéutica-. Las previsiones establecidas por Abia y Srinavasan, como recuerda el head of equity de Trea Assett Management, Xavier Brun, se habían fundamentado en un tipo de cambio dólar-euro menos agresivo que el actual. Cuando presentaron los anteriores resultados, un euro valía aproximadamente 1,14 dólares; mientras que en puntos de este mes de enero se ha situado en 1,20. «Con este tipo de cambio, aquellas previsiones ya no valen», reflexiona Brun, que resta importancia a la reducción de márgenes por culpa del efecto divisa. Por otro lado, indica el experto, hay un empeoramiento del crecimiento relativo: en el tercer trimestre de 2025, en la comparación interanual, Grifols creció un 9%; más del doble que el nivel esperado para el último período y el conjunto del curso. Esto, sin embargo, responde a efectos de base más exigentes, como indican los analistas de JP Morgan -tradicionalmente fríos en la valoración de Grifols-, que han roto el consenso del mercado ligeramente a la baja. «El cierre de 2024 fue bueno, mucho mejor que el resto del año«, recuerda Brun; hecho que dificulta un aumento interanual tan potente como los anteriores.

En cuanto a las previsiones para 2026, hay cierto acuerdo en que son razonablemente buenas. Ya en el informe que sirvió para mejorar el rating de la deuda de la compañía a B1, presentado la pasada semana, la agencia especializada Moody’s preveía un «rendimiento operativo fuerte y una gestión financiera prudente» durante los próximos seis trimestres. De esta manera, la catalana mejoraría sustancialmente tanto el apalancamiento como la generación de caja, una de las variables más relevantes a ojos de los inversores tras la crisis de Gotham, a lo largo de 2026. Además, según indica el analista de mercados de XTB Javier Cabrera, las últimas buenas noticias en cuanto al mercado de Grifols la sitúan «en una mejor situación que la competencia» en términos operativos. De hecho, para Cabrera, parte del enfriamiento del mercado proviene del golpe que comunicó hace dos semanas la principal competencia en el sector de los hemoderivados, la australiana CSL Behring, que, como recuerdan voces del accionariado, está pasando su particular annus horribilis desde finales de 2025. «El mercado puede estar viendo una mala marea en el sector, y puede prever que tenga un cierto impacto sobre Grifols», argumenta Cabrera.

El conseller delegat de Grifols, Nacho Abia, a la Junta General d'Accionistes 2025 / EP
El consejero delegado de Grifols, Nacho Abia, en la Junta General de Accionistas 2025 / EP

Egipto y el fibrinógeno

Aun así, se esperan aportaciones muy positivas de las aprobaciones en Estados Unidos y en Europa de los medicamentos de concentrados de fibrinógeno y, especialmente, de la operativa de extracción de plasma de la joint venture en Egipto. Según ha detallado el presidente de la asociación de accionistas minoritarios de Grifols, Eduardo Breña, las expectativas dentro del capital son que «reduzca sustancialmente el precio de la materia prima, el plasma»; a un ritmo que los competidores no podrán asumir. «Mejorarán los márgenes y los beneficios», estima Breña, que ve una operativa fuerte de cara al curso entrante. Similar es la lectura de Cabrera, que considera que Grifols «parte de una posición mejor que el resto del sector»; aunque introduce un matiz: con los avances regulatorios alcanzados desde finales de año, los inversores ya podían haber incluido una ampliación de márgenes en sus previsiones. En caso de coincidir un dólar débil y un peor rendimiento del conjunto del sector, «será interesante ver cómo reacciona el capital». «Podría ser que Grifols no gane todo lo que podría ganar» en los primeros meses del año entrante, a ojos del experto.

JP Morgan exacerba esta estimación, y rebaja también el consenso del mercado en su guía para 2026. Mientras la media de los expertos vuelve a otorgar a Grifols un potencial de crecimiento de negocio del 4% el curso que ahora comienza, según los datos de la agencia norteamericana Bloomberg, el banco rebaja las expectativas hasta el 2%, principalmente por el peso del dólar en su cadena de valor. JP, cabe decir, es uno de los agentes del mercado más pesimistas con Grifols. El histórico banco norteamericano mantiene una recomendación fría, de mantener la acción de la catalana, con una proyección de precio de 11,26 euros, muy por debajo del consenso del mercado. Incluso después de recortes en los últimos meses, los analistas continúan otorgando a la firma de hemoderivados un potencial alrededor de los 15 euros, con proyecciones mucho más halagüeñas que las que hacen los neoyorquinos. De hecho, varios actores de mercado mantienen que la expectativa debería superar los 20 euros. Son ejemplo tanto Brun como Breña, que sostienen esta valoración incluso desde la crisis de Gotham.

Un «antes y un después» judicial

Más allá de las expectativas de resultados, Grifols ya hace tiempo que ve la luz al final del túnel de la ofensiva especuladora que protagonizó Gotham y su cabeza visible, el financiero estadounidense Daniel Yu. Yu, de hecho, comparecerá ante la Audiencia Nacional el mismo jueves, acusado de manipulaciones de mercado con el informe que envió a la multinacional catalana en una espiral bajista que duró meses, y de la cual aún no se ha recuperado del todo. El documento, cabe recordar, llegaba a asegurar que «la acción de la compañía valía cero», una aseveración que ha quedado lejos de hacerse realidad en los dos años que han pasado desde la ofensiva. En este sentido, desde la Asociación de Minoritarios de Grifols esperan que el juicio sea un «antes y un después» para la imagen de la empresa ante el mercado; y también para la atención que le está dedicando la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Los minoristas, cabe decir, son muy críticos con el regulador, y lo acusan de inacción durante el momento de crisis. «¿Por qué no se suspendió la cotización?», cuestiona Breña, que lamenta que se dejara actuar sobre el mercado «las falsedades y tergiversaciones públicas» que ahora investiga la AN.

En este sentido, los minoritarios aumentan la presión sobre la Comisión para que cambie su estrategia hacia una nueva manipulación de mercado que sospechan que se está dando en los últimos meses, en esta ocasión en forma de posiciones cortas «excesivas» sobre la compañía. Desde principios de año pesan en el capital de Grifols dos apuestas en contra: la de Millenium, de poco más del 0,5% de las acciones, y la de Kintbury Capital, que ya abarca el 1,1% del capital. El caso del fondo británico es el más llamativo de los dos: afloró una posición del 0,5% el 13 de marzo de 2025, con la acción por debajo de los 9,25 euros; y ha continuado presionando a la catalana hasta el pasado martes mismo, cuando comunicó un nuevo aumento de una décima en su ofensiva, ya con pérdidas próximas a los dos euros por acción. Estos movimientos hacen sospechar a los minoritarios, que piden al regulador bursátil que investigue las motivaciones detrás del ataque bajista. «Si a pesar de las buenas noticias y los resultados positivos sigue habiendo préstamos de acciones en corto, ningún regulador que se quiera serio puede evitar actuar», argumentan los inversores. Vista la amenaza, y el afán de la CNMV por ignorarla, los accionistas reiteran el apoyo tanto a la dirección como a la familia fundadora; con quienes se han reunido durante el mes de enero culminando «más de un año de relación de colaboración». «Lanzamos un mensaje claro de apoyo a la gestión y a los logros conseguidos», razonan desde AMG.

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El mercado ve Grifols 'mejor posicionada' que la competencia de cara a los resultados

Grifols vista como «mejor posicionada» que su competencia

Los resultados trimestrales de Grifols son un momento de expectativas para el mercado desde el ataque bajista del fondo especulador Gotham City Research en enero de 2024. Desde entonces, observadores e inversores analizan minuciosamente para calcular la salud de la farmacéutica, que lucha por recuperar la confianza del mercado, aún lejos de los niveles de cotización previos al desplome. Este jueves, la catalana presenta los primeros resultados anuales de un curso completo bajo la nueva dirección, con el dúo formado por el consejero delegado, Nacho Abia, y el director financiero, Rahul Srinavasan, al timón de la operación. Los analistas bursátiles y los fondos de inversión esperan unas cuentas del curso tranquilos, «sin sorpresas ni negativas ni positivas», según una fuente financiera consultada por Món Economia. El consenso apunta a que los ingresos crecerían entre un 3 y un 4% en términos interanuales, un ascenso que situaría la facturación por encima de los 7.500 millones de euros. Si se cumple esta predicción, la cifra quedaría ligeramente por debajo de las guías reformuladas por la dirección el pasado noviembre tras encadenar cuatro trimestres de fuertes crecimientos. Entonces, la cúpula de la farmacéutica proyectaba una cifra de negocio por encima de los 7.600 millones. Fuentes del accionariado de la compañía trasladan a este medio la «confianza» que mantienen en la dirección, incluso con este retroceso.

El gran responsable de este enfriamiento del ritmo de crecimiento, hay que decir, no está dentro de la compañía. El lastre que dejará «bastante planos», en palabras de un analista de mercados, los rendimientos de Grifols es el dólar. Cabe recordar que más de la mitad del negocio de la catalana se concentra en Estados Unidos -hecho que la salvó, por ejemplo, de la guerra arancelaria de Donald Trump, en momentos del año pasado en que temblaban otras geografías de la industria farmacéutica-. Las previsiones establecidas por Abia y Srinavasan, como recuerda el head of equity de Trea Assett Management, Xavier Brun, se habían fundamentado en un tipo de cambio dólar-euro menos agresivo que el actual. Cuando presentaron los anteriores resultados, un euro valía aproximadamente 1,14 dólares; mientras que en puntos de este mes de enero se ha situado en 1,20. «Con este tipo de cambio, aquellas previsiones ya no valen», reflexiona Brun, que resta importancia a la reducción de márgenes por culpa del efecto divisa. Por otro lado, indica el experto, hay un empeoramiento del crecimiento relativo: en el tercer trimestre de 2025, en la comparación interanual, Grifols creció un 9%; más del doble que el nivel esperado para el último período y el conjunto del curso. Esto, sin embargo, responde a efectos de base más exigentes, como indican los analistas de JP Morgan -tradicionalmente fríos en la valoración de Grifols-, que han roto el consenso del mercado ligeramente a la baja. «El cierre de 2024 fue bueno, mucho mejor que el resto del año«, recuerda Brun; hecho que dificulta un aumento interanual tan potente como los anteriores.

En cuanto a las previsiones para 2026, hay cierto acuerdo en que son razonablemente buenas. Ya en el informe que sirvió para mejorar el rating de la deuda de la compañía a B1, presentado la pasada semana, la agencia especializada Moody’s preveía un «rendimiento operativo fuerte y una gestión financiera prudente» durante los próximos seis trimestres. De esta manera, la catalana mejoraría sustancialmente tanto el apalancamiento como la generación de caja, una de las variables más relevantes a ojos de los inversores tras la crisis de Gotham, a lo largo de 2026. Además, según indica el analista de mercados de XTB Javier Cabrera, las últimas buenas noticias en cuanto al mercado de Grifols la sitúan «en una mejor situación que la competencia» en términos operativos. De hecho, para Cabrera, parte del enfriamiento del mercado proviene del golpe que comunicó hace dos semanas la principal competencia en el sector de los hemoderivados, la australiana CSL Behring, que, como recuerdan voces del accionariado, está pasando su particular annus horribilis desde finales de 2025. «El mercado puede estar viendo una mala marea en el sector, y puede prever que tenga un cierto impacto sobre Grifols», argumenta Cabrera.

El conseller delegat de Grifols, Nacho Abia, a la Junta General d'Accionistes 2025 / EP
El consejero delegado de Grifols, Nacho Abia, en la Junta General de Accionistas 2025 / EP

Egipto y el fibrinógeno

Aun así, se esperan aportaciones muy positivas de las aprobaciones en Estados Unidos y en Europa de los medicamentos de concentrados de fibrinógeno y, especialmente, de la operativa de extracción de plasma de la joint venture en Egipto. Según ha detallado el presidente de la asociación de accionistas minoritarios de Grifols, Eduardo Breña, las expectativas dentro del capital son que «reduzca sustancialmente el precio de la materia prima, el plasma»; a un ritmo que los competidores no podrán asumir. «Mejorarán los márgenes y los beneficios», estima Breña, que ve una operativa fuerte de cara al curso entrante. Similar es la lectura de Cabrera, que considera que Grifols «parte de una posición mejor que el resto del sector»; aunque introduce un matiz: con los avances regulatorios alcanzados desde finales de año, los inversores ya podían haber incluido una ampliación de márgenes en sus previsiones. En caso de coincidir un dólar débil y un peor rendimiento del conjunto del sector, «será interesante ver cómo reacciona el capital». «Podría ser que Grifols no gane todo lo que podría ganar» en los primeros meses del año entrante, a ojos del experto.

JP Morgan exacerba esta estimación, y rebaja también el consenso del mercado en su guía para 2026. Mientras la media de los expertos vuelve a otorgar a Grifols un potencial de crecimiento de negocio del 4% el curso que ahora comienza, según los datos de la agencia norteamericana Bloomberg, el banco rebaja las expectativas hasta el 2%, principalmente por el peso del dólar en su cadena de valor. JP, cabe decir, es uno de los agentes del mercado más pesimistas con Grifols. El histórico banco norteamericano mantiene una recomendación fría, de mantener la acción de la catalana, con una proyección de precio de 11,26 euros, muy por debajo del consenso del mercado. Incluso después de recortes en los últimos meses, los analistas continúan otorgando a la firma de hemoderivados un potencial alrededor de los 15 euros, con proyecciones mucho más halagüeñas que las que hacen los neoyorquinos. De hecho, varios actores de mercado mantienen que la expectativa debería superar los 20 euros. Son ejemplo tanto Brun como Breña, que sostienen esta valoración incluso desde la crisis de Gotham.

Un «antes y un después» judicial

Más allá de las expectativas de resultados, Grifols ya hace tiempo que ve la luz al final del túnel de la ofensiva especuladora que protagonizó Gotham y su cabeza visible, el financiero estadounidense Daniel Yu. Yu, de hecho, comparecerá ante la Audiencia Nacional el mismo jueves, acusado de manipulaciones de mercado con el informe que envió a la multinacional catalana en una espiral bajista que duró meses, y de la cual aún no se ha recuperado del todo. El documento, cabe recordar, llegaba a asegurar que «la acción de la compañía valía cero», una aseveración que ha quedado lejos de hacerse realidad en los dos años que han pasado desde la ofensiva. En este sentido, desde la Asociación de Minoritarios de Grifols esperan que el juicio sea un «antes y un después» para la imagen de la empresa ante el mercado; y también para la atención que le está dedicando la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Los minoristas, cabe decir, son muy críticos con el regulador, y lo acusan de inacción durante el momento de crisis. «¿Por qué no se suspendió la cotización?», cuestiona Breña, que lamenta que se dejara actuar sobre el mercado «las falsedades y tergiversaciones públicas» que ahora investiga la AN.

En este sentido, los minoritarios aumentan la presión sobre la Comisión para que cambie su estrategia hacia una nueva manipulación de mercado que sospechan que se está dando en los últimos meses, en esta ocasión en forma de posiciones cortas «excesivas» sobre la compañía. Desde principios de año pesan en el capital de Grifols dos apuestas en contra: la de Millenium, de poco más del 0,5% de las acciones, y la de Kintbury Capital, que ya abarca el 1,1% del capital. El caso del fondo británico es el más llamativo de los dos: afloró una posición del 0,5% el 13 de marzo de 2025, con la acción por debajo de los 9,25 euros; y ha continuado presionando a la catalana hasta el pasado martes mismo, cuando comunicó un nuevo aumento de una décima en su ofensiva, ya con pérdidas próximas a los dos euros por acción. Estos movimientos hacen sospechar a los minoritarios, que piden al regulador bursátil que investigue las motivaciones detrás del ataque bajista. «Si a pesar de las buenas noticias y los resultados positivos sigue habiendo préstamos de acciones en corto, ningún regulador que se quiera serio puede evitar actuar», argumentan los inversores. Vista la amenaza, y el afán de la CNMV por ignorarla, los accionistas reiteran el apoyo tanto a la dirección como a la familia fundadora; con quienes se han reunido durante el mes de enero culminando «más de un año de relación de colaboración». «Lanzamos un mensaje claro de apoyo a la gestión y a los logros conseguidos», razonan desde AMG.

La compañía prepara su nota de cuentas para el próximo martes día 29, al cierre de mercado; y se encontrará con los inversores en una call justo después. Accionistas y expertos sostienen que la tendencia que ya se pudo ver el pasado mes de abril volverá a hacerse evidente en los primeros seis meses del año: «ingresos arriba, costos abajo y beneficios al alza», prevé Brun. También desde dentro del capital guardan esta confianza: así lo declara el presidente de la Asociación de Accionistas Minoritarios de la farmacéutica, Eduardo Breña, que contempla un «crecimiento en todas las magnitudes comparables» para el segundo período de 2025. De hecho, hay actores del mercado -el mismo JP Morgan- que aseguran que las estimaciones previas planteadas por la dirección son demasiado conservadoras, y que ya estos resultados pueden indicar que «superarán» el guideline para el curso.

A diferencia del primer parcial del año, desaparecerán de estos resultados algunos de los factores que podían distorsionar las ganancias de la compañía. En los cálculos hasta marzo aún aparecía reflejada, por ejemplo, la compra de los centros de plasma de Immunotek, que cargó el flujo de caja libre (FCF), lastrándolo desde los 209 millones positivos hasta números rojos. En adelante, sostiene Brun, «la visión es que la caja irá creciendo»; por la dinámica propia de la empresa. Su capacidad de recolectar y tratar el plasma, el producto básico de la cadena de valor de los hemoderivados, hace que «todo el ebitda, o casi todo, pueda ir a caja libre». Cabe recordar que esta era la gran exigencia del mercado, para comprobar si la estrategia de la nueva dirección era capaz de abordar el problema de endeudamiento que aún padece la catalana. El mejor rendimiento que se prevé en 2025, sin embargo, minimiza este agravio, en tanto que la ratio de apalancamiento -deuda/ebitda- se puede quedar entre el 4,5 y el 4,7x, lejos de los niveles que había alcanzado a principios de 2024, cuando se acercaba al 7x.

El president de Grifols, Thomas Glanzmann, i el conseller delegat, Nacho Abia, a la junta d'accionistes / ACN
El presidente de Grifols, Thomas Glanzmann, y el consejero delegado, Nacho Abia, en la junta de accionistas / ACN

A contracorriente con los aranceles

El crecimiento previsto para Grifols cumple los patrones que los analistas próximos a la empresa pregonaban desde mediados de 2024: la desaceleración de la economía estadounidense ha rebajado sustancialmente los costos del plasma, disparados durante la pandemia por la baja oferta. Además, sus principales líneas de negocio se han mantenido sólidas: entre enero y marzo, las ventas de inmunoglobulina crecieron más de un 13%, mientras que las de la rama de diagnóstico -aún pequeña- ganaron más de cinco puntos. Solo las de albúmina dieron un paso atrás, bajo la presión de la regulación china; un conflicto que, según la misma empresa, «ya estaría resuelto», y no debería notarse en adelante. Brun elogia, además, las mejoras operativas que ha iniciado la nueva dirección, con el CEO Nacho Abia y el CFO Rahul Srinavasan al frente. Una «mejor gestión de las materias primas» ha permitido reducir el peso del working capital sobre el beneficio -es decir, el stock de plasma ya no supone un freno tan grande para los resultados netos-.

A diferencia de sus competidores, además, Grifols no está en peligro por la guerra arancelaria de Donald Trump. Los productos farmacéuticos, cabe recordar, no sufren aún ningún impuesto al comercio con los EE.UU.; pero la Casa Blanca ha indicado en varias ocasiones que pretenden establecer uno especialmente severo. En este sentido, la catalana parte con ventaja: con más de 300 centros de plasma en el mercado estadounidense -incluyendo Canadá-, no tiene que preocuparse por las tarifas. En comparación, su competencia tiene sustancialmente menos presencia en el país: la suiza Octapharma, por ejemplo, registra 190; mientras que Kedplasma, la filial estadounidense de la italiana Kedrion, solo tiene 70 -según los sitios web corporativos de ambas empresas-. Las últimas inversiones del gigante vallesano han sido en Europa; en Cataluña, más concretamente. La pasada semana, la multinacional confirmó la construcción de una nueva planta en Lliçà de Vall, que supondrá una inversión de 160 millones de euros.

Un laboratori de Grifols / EP
Un laboratorio de Grifols / EP

Una acción «deprimida»

Los pequeños inversores han estado entre los defensores más vocales de la compañía; y celebran una «recuperación de la confianza del mercado en la empresa». Su tesis, sin embargo, es que los títulos permanecen, incluso con las subidas del último mes -más de un 20% este julio, que se eleva a cerca del 50% si se amplía el enfoque a todo 2025, hasta los 12,3 euros- está infravalorada. Varias casas de análisis ven una nueva normalidad en los niveles actuales; y, de hecho, identifican una resistencia próxima alrededor de los 12,7 euros, unos 40 céntimos por encima del nivel actual. Ahora bien, la lectura de los accionistas es que, de acuerdo con los fundamentales, los títulos deberían superar los 20 euros. El objetivo del consenso analítico los sitúa más cerca, por encima de los 16,2 euros -ya una escalada sustancial, de más del 30% respecto del cierre de mercado del pasado viernes. Para Brun, el objetivo está también por encima de los 20 euros, pero aún queda tiempo para alcanzarlo. A finales del ejercicio, observa el gestor de inversiones, «podría estar por encima de los 15».

Paz en el consejo

Las mejoras en el balance han ido acompañadas de un largo proceso de renovación de la gobernanza de la compañía, no exento de malestar con los accionistas; especialmente con los grupos de inversión activistas estadounidenses que han ganado posiciones desde la crisis de Grifols. Flat Footed y Mason Capital, ambos ya por encima del 3% del capital de la empresa, han chocado a menudo con el liderazgo previo al binomio Abia y Srinavasan, alrededor de la familia fundadora -a quien atribuyen parte de los fracasos de los últimos años, los problemas con Scranton o el sobreendeudamiento-. No es una visión que comparta el pequeño accionariado, que considera que «el contacto directo con la familia Grifols ha permitido mantener la confianza» incluso a lo largo de la batalla de Gotham. Aun así, Mason y Flat Footed han conseguido entrar en el consejo de administración, de la mano de Paul Herendeen, nombrado consejero independiente en la pasada junta de accionistas. El siguiente paso, como expresaron públicamente, era la destitución de Tomas Dagá, abogado de Osborne Clark y una de las figuras más próximas a los fundadores. Fuentes cercanas a estas firmas, sin embargo, confirman a Món Economia que el buen ritmo de los resultados ha diluido parte del conflicto. «Buscan una retirada más pacífica de la que pedían hasta ahora», reiteran las mismas voces; en tanto que «el primer objetivo, que era sanear la empresa y volver a generar caja, ya está conseguido». Así, el gobierno de Grifols retoma la normalidad a un ritmo similar al de sus cuentas.

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