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David Blanch: “Ni los expertos están seguros de que no se puedan hackear las armas nucleares”

Hay gente que parece buena a simple vista. David Blanch es uno de ellos. Y hay gente que parece buena después de una conversación. David Blanch también es uno de ellos. El director digital de cdmon ama su trabajo y aprecia a la gente. Puede que la vista de pájaro o la percepción tras una conversación engañen, pero no parece ser el caso. Sería prudente que el lector no le comprara un coche nuevo a Donald Trump. El director digital de cdmon es de esas personas a las que se les compraría un coche usado. El sector no es precisamente de fiar. Nunca se han vendido tantos duros a cuatro pesetas como ahora. La tecnificación y digitalización de la especie han multiplicado los listos y los ingenuos. Por eso una conversación con alguien que inspira confianza es tan de agradecer.

¿Y qué es cdmon? En síntesis, una empresa catalana fundada en 2002 que provee dominios y alojamientos web. Y que a la vez propone soluciones en materia de ciberseguridad. Alerta que el 40% de las páginas web son vulnerables y ofrece tranquilidad y proximidad. El año pasado cdmon facturó nueve millones y medio, y hacía gala de 65.000 clientes satisfechos. Cdmon acentúa la vocación de proximidad, de atender bien al usuario y de hacerlo en catalán. Trabajaba hasta ahora para Europa y ahora afirma que quiere expandirse a la India. Allí saben un poco de todo esto. Que los vientos les soplen bien.

Hace un rato le he oído hablar de criptomonedas. ¿Qué pasa con las criptomonedas? ¿Por qué dice que funcionan en Estados Unidos y no funcionan aquí?

En Estados Unidos hay muchas menos regulaciones que aquí. Aquí, por un lado, no sabemos cómo controlar el tema, y por otro, no se ha hecho tanta y tanta publicidad como allí. Hay desconfianza porque aún no sabemos quién las controla, estas monedas, ni quién las tiene. Hay mucho miedo. Si compro una, ¿la tengo yo o no? En Estados Unidos esto es muy diferente.

¿Esta desconfianza es general en toda Europa o hay países que tienen más y otros, menos?

Los países que son menos líderes en tecnología son los que se aferran más fácilmente y más rápidamente.

¿Entran más a Portugal o Rumanía que a Francia o Alemania?

Exacto. Es como en Sudamérica. Allí están consolidadas desde hace algunos años, y ahora han hecho el boom en Estados Unidos, donde se expandieron de verdad hace cosa de un año. En Sudamérica el fenómeno despegó hace cinco años.

Eso suena contradictorio.

No tanto. Quiere decir que… Allí hay mucho dinero…

¿Negro?

Como no puedes obtener una trazabilidad correcta, pues…

¿Usted es partidario?

Yo personalmente no estoy muy a favor.

¿Por qué?

Porque es especulativa. Aunque es igualmente cierto que también lo es la moneda normal. En el fondo, se especula con el dólar y se especula con el euro. Pero el dólar y el euro tienen más trazabilidad o una gobernanza más clara. Si encuentran la manera de legislar esta moneda para evitar estafas a gran escala fáciles de hacer, no me molestaría, porque es un dinero rápido de cambiar, y no tienes que estar pendiente de cuánto tengo en el banco.

Pero ¿quién responde por ella? Porque detrás de una moneda como el euro está el Banco Central Europeo. Por el dólar responde la Reserva Federal. Y detrás de la criptomoneda ¿quién está? ¿Quién responde? Para que el euro caiga, tiene que caer el Banco Central Europeo y tiene que caer la Unión Europea. Pero, ¿y la criptomoneda? Es que es algo que da un poco de respeto.

Claro. Caen los inversores que la han comprado…

Eso es muy arriesgado…

Sí, es mucho jugar… Buscando una analogía rápida, la criptomoneda sería como el sistema de pensiones de Estados Unidos. Responde la bolsa y ocurren las desgracias que a veces ocurren. Con las criptomonedas pasa lo mismo. El bitcoin, que había llegado a 120.000 o 130.000, bajó a 60.000 no hace mucho y eso fue en un lapso de tiempo muy corto.

Cuando compras acciones te la estás jugando, pero encima también te la juegas con la moneda con la que compras…

Exacto. Pongamos un ejemplo con el bitcoin, que es la más conocida. Cuando apareció, los primeros años, una persona pagó una pizza con 10 bitcoins. Ese pizzero se acordó hace pocos años y ganó mucho dinero gracias a eso.

Porque se los quedó, no los gastó…

Ni se acordaba de que los tenía. La contrapartida es que también se han perdido muchos millones de criptomonedas porque las guardan en el USB, por ejemplo.

Porque al final todo esto del dinero puede ser un poco de mitología… No, un poco no, es mucha mitología. Al final todo depende de la confianza que un país o unos inversores extranjeros depositen en una moneda concreta…

Sí.

¡Estamos perdidos! [Ríe].

Sí. [Ríe]. Yo creo que aún no hay la seguridad necesaria en el caso de la criptomoneda. La seguridad que podemos tener, como decías, con la moneda que tiene detrás un banco central que la avala.

Cdmon… Usted trabaja en esta empresa, que se vende muy bien por internet. Dice que tiene 61.000 clientes, que ya factura casi 10 millones anuales y que maneja una serie de divisas contundentes. Por ejemplo, dice que quiere devolver “la soberanía a los usuarios”. ¿Qué quiere decir eso?

La soberanía, cuando hablamos de soberanía, es de los datos. Actualmente, y desde hace unos años atrás, el mundo del Cloud, de la nube no es seguro… “¡Voy a poner estas imágenes en la nube!”… Mucha gente que dice estas frases después no sabe dónde está la imagen. Dicen. “No, no, la imagen es mía”. Ya, ya. Tu imagen está colgada en Estados Unidos, que no cumple con la RGPD. Y quizás se la están vendiendo a publicistas. Entonces, nosotros lo que hacemos es que los datos son tuyos. Solo son tuyos y nosotros no los vendemos ni hacemos ningún uso de ellos.

¿No los cuelgan en la nube?

Es que la nube lo es todo, hoy en día.

Por eso.

Pero nuestra nube está en Barcelona. Y no sale de Barcelona. La tenemos cerrada. Sería un Cloud privado.

De acuerdo.

Esto no sale de Barcelona. Tú tienes tus datos, que son tuyos y solo tuyos. Y nosotros no hacemos nada con ellos.

«Si no quieres estar con nosotros, te descargas la web y te la llevas donde quieras»/ Anna Munujos

Tienen también como divisa que no aplican una cláusula de permanencia…

Te lo explico con un ejemplo rápido. Hay muchas empresas que se dedican al mundo del alojamiento web. Las más conocidas son Shopify, Wix, Ionos, que antes era One and One, que salía en la tele… Si usas su plataforma, en el caso de Ionos tiene que ser con su creador web. Con los otros… Wix, si creas una web con Wix, tú no te la puedes llevar a ningún lado.

Debe estar siempre allí.

Debe estar siempre allí, sí.

Por lo tanto, tienes que pagarles como un alquiler continuo para estar allí.

Es eso. Te hacen una atrapada muy rápida, que es: “Te pongo un precio muy bajo, te lo pongo muy fácil para que lo crees, pero es muy difícil que puedas duplicar lo que has hecho aquí en otro lugar”.

Eso, ustedes no lo hacen…

Si tú no quieres estar con nosotros, te descargas la web y te la llevas donde quieras. Nosotros no te obligaremos a estar donde no quieres estar.

He mirado la lista de servicios que ofrecen y es inmensa…

Se puede resumir mucho en dos palabras: dominios y alojamiento web. Dentro de los dominios tenemos más de seiscientas extensiones. Está el .com, está el .cat, el .es… Hay toda una serie de dominios, que serían los de ciudad, los de país. los de…

Organización, especialidad…

Todos los que te puedas imaginar. Y, además, ahora se abrirá una nueva tanda, en la que saldrán un montón más. El otro lado es el alojamiento web, que sería como… hablando finamente, como el ordenador que tienes en casa pero montado en un servicio protegido con piezas especiales que duran más. Puedes coger desde un espacio muy pequeño… “Mira, es que yo con mi familia me voy de viaje y tengo un nuevo blog personal donde colgamos las fotos. Queremos subirlas allí pero que tampoco tengan movimiento”. ¡De acuerdo! Tenemos desde este alojamiento que te irá bien para eso, que es muy económico porque te puede costar entre tres o cuatro euros al mes, hasta servidores completos solo para la persona, que se pueden ir a unos 200 o 150 euros al mes.

O sea, si yo quiero hacer una página web, por ejemplo, ustedes me la montan y después, además, me garantizan que, si me la quiero llevar, podré hacerlo y no pasará nada.

Nosotros te dejamos todo para que puedas hacer la web, pero nosotros no la hacemos. Hay muchos clientes que al principio dicen: “¿Y la web, también me la hacéis?”. No. Te damos aplicaciones para hacerla, eso sí. Hay un WordPress con inteligencia artificial al que le dices: “Quiero una web que haga estas cosas”, y te la hace.

¿Una empresa o un particular que quiera dar cierta proyección pública a lo que hace pueden vivir sin una página web?

Sí, porque hay casos, porque pueden vivir con el tipo de cliente que ya tengan en ese momento, que suele ser gente ya de una generación más elevada. Los jóvenes hoy en día, si no tienes web, no te conocerán. Ni te comprarán, ni… Hoy en día se vende incluso el pan por internet. El pan… Hace cinco años era inviable pensar que lo comprarías por internet. Bajo de casa y lo tengo. Pero resulta que acabas comprándolo por internet. Con la proyección que tenemos y cómo están yendo las nuevas generaciones, cada vez quieren menos interacción humana y más poder hacerlo ellos en casa, que les llegue.

Hasta ahora, cuando buscabas algo, lo buscabas por un motor de búsqueda. Por ejemplo, quiero comprar pan y busco, aquí o allá, por un motor de búsqueda. Pero Google dentro de poco te lo resolverá exclusivamente con su inteligencia artificial. Es decir, que dirás: “Google, ¿dónde puedo encontrar pan?” Y la inteligencia artificial de Google, no el buscador, te dirá: “Mira, puedes comprarlo allí”. Todo cambia muy rápido…

Cambia mucho el paradigma, sobre todo en los equipos de marketing. Todo esto les está volviendo locos.

A los equipos de marketing y a los medios de prensa digital. [Ríe].

Sí, sí, sí, claro, también. Antes en las búsquedas en internet se hacían palabras clave. Y tú jugabas a posicionar esas palabras usando lo que llamábamos SEO. Ahora está cambiando el paradigma. Ahora lo llaman GEO, que es para las inteligencias artificiales. La inteligencia artificial no busca palabras clave, busca preguntas y respuestas.

¿Cómo lo hace la inteligencia artificial cuando le pido que me busque un buen pan en Poblenou?

Te buscará los que tengan buenas reseñas. O sea, irá a las reseñas en Google o en aplicaciones móviles. Si allí tienen puntuación, pues, cuanto más alta la tengan, es más fácil que la inteligencia artificial te envíe hacia allí.

¿No hay trampa en todo esto? Porque hablamos de comprar…

Ahora y aquí, aún no. Cuando digo ahora no, es porque sabemos que en Estados Unidos ya hay. En ChatGPT, por ejemplo, que es la más conocida, porque fue la primera, ahora mismo puedes pagarle un porcentaje de cada venta y él promociona tu producto. Esto ha comenzado en Estados Unidos o quieren implementarlo en Estados Unidos. No me acuerdo si ya ha comenzado o si están a punto de hacerlo.

Eso es trampa…

Sí, pero es como en Google. Cuando buscas algo las primeras respuestas son de pago. Aquí en Europa obligan a indicar que ese producto ha sido patrocinado. En Estados Unidos, no.

¿Qué sistema le gusta más?

El de aquí. Yo soy de la opinión de que siempre debemos ser transparentes con el cliente. Entonces, para ser transparente tú no le puedes decir: “Yo aparezco primero porque me lo he trabajado mucho”. No, no. Estás pagando para aparecer, y al menos eso que se sepa. Eso para mí es un mínimo. Que al menos sepas que te señalan un lugar que paga para que lo hagan.

«Podemos competir en nuestro sector gracias al boca a boca»/ Anna Munujos

¿Cómo se puede vivir de lo que hacen ustedes en competencia con empresas multinacionales que llegan a todas partes y que tienen muchos más recursos?

En primer lugar, con el boca a boca.

¡Uy, eso los hace analógicos!

Sí, sí, pero es muy importante, de verdad. Cuando tomas una comunidad…

Pero es curioso que una empresa digital hable de boca a boca…

Sí, pero nosotros siempre nos hemos diferenciado y seguimos diferenciándonos, y espero que seguiremos diferenciándonos toda la vida, por la atención al cliente. Tenemos técnicos detrás del teléfono que no escalarán tu petición a… “Pues, envía un ticket y ya lo miraremos.” No, nosotros intentamos siempre arreglarlo en el momento. Son técnicos que tienen acceso y conocimiento para poder resolver cualquier problema. No ponemos gente, o lo que ponen ahora, que está de moda, las inteligencias artificiales, a contestar.

Ponen personas…

Nosotros tenemos personas que contestan, y para mí eso es sagrado. Y no queremos cambiarlo. En nuestra empresa siempre habrá personas detrás del teléfono. Es algo que siempre hemos dicho: la inteligencia artificial nos puede ayudar, pero no puede sustituir a las personas.

Qué boomers son.

Bueno, yo cuando llamo a un lugar, a mí me gusta que me atienda una persona. Cuando hablas con la gente, la gente te agradece que haya una persona. Justamente, una de las valoraciones más conocidas que tenemos es: “He llamado y me han atendido en mi idioma”, que eso también dice mucho. Nosotros atendemos en catalán, y eso no lo pueden decir todas las empresas que son de Cataluña.

Ni de lejos.

Y en este ámbito, aún menos. Y segundo, tenemos técnicos que te ayudarán. Muchas empresas tienen atención al cliente sin el conocimiento necesario. Cuando vas a hacer una pregunta técnica dicen: “No, eso, con un ticket”. Hicimos como una comunidad de diseñadores y programadores que atienden a los clientes. Eso ha hecho que hablen muy bien de nosotros, gracias a esta atención. Nuestro crecimiento se explica por este boca a boca.

«Confiamos en la parte analógica para decir que lo digital es importante»/ Anna Munujos

Son una empresa analógica sabia en el mundo digital. [Reímos].

Podríamos decir que confiamos en la parte analógica para decir que lo digital es importante. Yo creo que nunca puedes olvidar las raíces. Para decirlo claro, las raíces son muy importantes.

Protegen de los ataques cibernéticos. ¿Eso hoy en día se puede hacer con garantías de éxito?

A ver, sabemos… Intentamos hacerlo lo mejor posible. No hay ninguna empresa en el mundo que no sea hackeable. Para ser exactos, ya se habla de que la inteligencia artificial, de aquí al 2030 o así, podrá hackear cualquier sistema conectado a internet. Pero la cuestión es hacerlo lo mejor posible y, sobre todo, tener las certificaciones que te obligan a hacerlo bien. ¿Qué quiero decir con esto? Hay las ISOs, hay unas ISOs de seguridad. Al menos debes tener estos sistemas de seguridad, estos firewalls, todo un conjunto de esquemas de seguridad. Y aparte, tenemos el Esquema Nacional de Seguridad, que te obliga a comprar un tipo de modelos que saben que están actualizados, que saben que son seguros, que les hacen muchas pruebas. Nosotros tenemos estas certificaciones y podemos decir: “Ey, nosotros cumplimos”. No todas las compañías te dan eso.

Los dos últimos ataques cibernéticos que tengo ahora en la memoria, los más recientes, han sido contra el Ministerio de Hacienda y contra Endesa Energía. Uno es el Estado, más Estado que cualquier otra cosa, y el otro es una de las empresas más importantes del IBEX 35…

El de Hacienda aún no se sabe del todo cómo ha sido. El de Endesa, como decíamos, como siempre ha entrado por el eslabón más débil de la seguridad, que es el humano.

O sea, que ha sido alguien de dentro…

Alguien de dentro ha abierto un correo que no debía.

Se ha equivocado por error…

Sí. Y les ha dado el acceso.

¿Y cómo pasa eso hoy en día?

Es muy fácil caer en eso. Justamente, hoy se ha sabido que un juzgado ha dado la razón a una empresa de Galicia frente a un banco. Hicieron un phishing al director del banco, por teléfono. Habían grabado la voz del director de la empresa y con la inteligencia artificial engañaron al director del banco para que hiciera una transferencia de 300.000 euros de una cuenta de la compañía a otra cuenta… El banco dijo: “No, no, tú me llamaste, yo no…”. El juez al final, lo ha escalado y ha dicho que no, porque el banco ha sido víctima de un phishing y no puede responsabilizar a la empresa.

Eso es el pan nuestro de cada día. A mí por el correo del banco –por el correo real del banco– me llegan de vez en cuando mensajes falsos que me hablan de grandes transferencias o enormes débitos inesperados y me dan enlaces para aclararlo…

En el BBVA esto pasó no hace mucho. De manera masiva. Yo lo que siempre te recomiendo es que, si no esperas nada de eso, no te lo creas. No te lo creas de entrada. Los mismos bancos alertan con claridad sobre cuáles son sus procedimientos y te piden que no respondas a esos otros mensajes o llamadas.

Es muy impactante que esos mensajes lleguen mezclados con los oficiales del banco… En mi caso la diferencia que permite detectarlos en primera instancia es que, mientras los del banco me llegan en catalán, estos todos están en castellano… Aún no son tan buenos [Ríe].

Yo siempre recomiendo que, si no esperas nada, no te creas nada. Porque han llegado a hacer correos exactos, idénticos. Ya lo explicas tú. Dentro del mismo sistema. Es como el phishing que le han hecho a esta empresa. Han llegado a un punto en el que cuesta mucho diferenciar el original y la trampa. Entonces, la solución siempre es dudar. Duda de manera sistemática y llama al banco.

Bueno, pero si llamas al banco y suplantan la voz del director de la oficina…

Sí, sí, cada vez se está avanzando más en eso, pero bueno, también hace cuarenta años había las cartas escritas del rey de Mozambique que pedía dinero… ¡y la gente caía!

Todo está inventado. Y la gente también compraba a Ruiz Mateos pagarés de Nueva Rumasa… De listos y estafadores, siempre ha habido. Y a montones. Pero estos listos con los temas sofisticados de hoy en día son mucho más peligrosos…

Mucho. Por eso también Europa quiere regularizar la utilización de la inteligencia artificial.

Me da la impresión de que los europeos suelen llegar siempre tarde con las regulaciones. Regulan un ámbito cuando la realidad ya los ha desbordado de largo.

No estoy del todo de acuerdo. Parece que lleguen tarde porque lo dicen tarde, realmente lo dicen tarde, pero es que hay otros gobiernos que no les importa. El de Estados Unidos es uno.

Son diferentes. Allí prefieren casi siempre dejar el mercado a su aire…

En general eso es toda América, menos Canadá. Podríamos separar un poco a Canadá, pero casi toda América es así, sí.

Allí te dicen que ya te apañarás…

Sí. Si te estafan, es culpa tuya.

¿Qué es un hacker? ¿Un estafador? ¿Un enfermo?

Creo que es una persona que quiere beneficiarse de los demás con la ley del mínimo esfuerzo.

¿Puede ser también una adicción, un reto para superarse y superar barreras?

Sí, es que aquí también debemos especificar tipos de hackers. Hay el hacker que se dedica a hacer phishing y a estafar gente. Esos son los hackers que yo llamo…

El chorizo…

El chorizo, sí. Y luego tenemos los hackers que acaban trabajando en grandes empresas, porque les dicen: “Mira, yo os he entrado hasta la cocina. Contrátame y te montaré un sistema que evitará que te hagan lo que he hecho yo”. Cuando yo era joven, que no hace tanto [ríe], pero bueno, cuando era más joven, el Canal Satélite Digital se pirateaba muy fácilmente. No sé si lo recuerdas bien, pero había unas tarjetitas que tenían cuatro luces que permitían piratearlo… La persona que inventó eso fue contratada por el Canal. “Ostras, si nos ha podido hacer eso, ¡lo contratamos!”.

O sea, hay el hacker que quiere demostrar su inteligencia, su superioridad.

Exacto. Para demostrar su propia superioridad o porque quiere que lo contraten.

Y luego también está el patriota; es decir, el hacker que trabaja para su gobierno…

De esos, hay muchos, muchos…

¿Chinos y rusos, básicamente?

También hay muchos americanos. Muchos. Ahora mismo me parece que no hay ningún país que no tenga. Si la gente se fijara más en los movimientos de internet y más a menudo, podrían ver comportamientos extraños de ciertos países. Es decir, cuando comenzó el conflicto entre Rusia y Ucrania, unos meses antes, se multiplicaron los ataques a muchos lugares del mundo por internet, por la red, que venían de Rusia o de Ucrania. Y decías: “Ostras, qué raro esto, ¿por qué se han intensificado los ataques de estos?”.

Sí, ¿por qué?

Intentaban obtener información.

Pero es lógico que intentaran obtener información uno del otro, pero no de terceros.

Ya, pero es que lo tienen todo repartido por el mundo en general, debido a las nubes.

¿Cuáles son los mejores hackers?

Pues, no sabría decirte a ciencia cierta. Dicen mucho de los asiáticos, que los más fuertes son los asiáticos.

¿Los chinos?

Y los taiwaneses, que también se ve que tienen mucha fuerza. Pero por otro lado, los de la parte de Europa del Este también se ve que son muy buenos.

¿Y así podemos sentirnos seguros?

Yo creo que sí, en el sentido de que normalmente no atacan a los pequeños, digamos.

O sea, ¿que los pequeños podemos sentirnos seguros?

Sí. Si somos pequeños, sí. [Ríe].

¿Y podemos sentirnos seguros en cuanto a la seguridad internacional? Concretamente, en el control de las armas nucleares?

Eso sí que no sabría decirte… Vi no hace mucho un podcast en el que hablaban de este tema justamente. Me hizo mucha gracia. Hablaban de los hackers y de las bombas nucleares a ver qué. Y el que iba, que era un experto militar, decía: “Ni yo estoy seguro de si pueden o no pueden acceder”.

¡Eso es terrible!

Si hackearon el Pentágono, pueden acceder también en teoría.

Un desequilibrado o una persona con intereses políticos muy concretos podría enviar un misil contra Rusia desde Estados Unidos…

Esperemos que eso no pase. [Ríe].

En 2020 hubo la crisis de los microchips. Aquí China demostró que quien tiene el control de la materia prima y quien fabrica microchips es el amo. ¿Se ha superado esta fase? Es decir, ¿hay más gente, aparte de los chinos, capaz de fabricarlos en cantidad y con solvencia?

Sí, porque están ahora… Para ser exactos, a los chinos les han cortado un poco las alas en este ámbito.

¿Estados Unidos?

Sí, Estados Unidos prohibió que les vendieran lo que utilizan para crear los chips de nanómetros, las obleas… Esto, lo hacen con unas máquinas muy concretas que se fabrican no sé si en Bélgica. La gracia es que se fabrican aquí en Europa, estas máquinas. Estados Unidos les ha prohibido vender a China los últimos modelos. Solo les pueden vender modelos antiguos.

«La crisis del silicio y de los semiconductores aún persiste; el precio de la memoria ram es la constatación»/ Anna Munujos

Por lo tanto, estamos en camino, pero aún China tiene importancia o tiene un control del mercado mundial de microchips…

Sí, sí, porque la materia prima sigue saliendo de China, de verdad.

El año 2021 fue el de la crisis del silicio y los semiconductores.

Aún la sufrimos. Sí. Pueden decir que no en las noticias, pero aún estamos. La memoria ram es la constatación. El precio ha aumentado el 400% en seis u ocho meses, y más que subirá. Los coches ni te explico cuánto han subido…

Los movimientos que vemos a veces –por ejemplo, la obsesión que tiene Donald Trump con Groenlandia– se deben al control de metales de tierras raras que se utilizan en la fabricación de nueva tecnología?

Eso yo no lo sé. Pero si hablo personalmente, creo que sí. Oficialmente es que no…

El control de esos minerales raros es determinante… China dispone del 30% de las reservas mundiales…

Sí, porque si controlas eso, puedes producir tecnología. Si no, no puedes producirla.

El pasado 2025 hubo la crisis de la inteligencia artificial. ¿En qué consiste esta crisis?

Justamente, es como a causa de la falta de chips y todo eso, que lo encarece. Cuando nos estábamos más o menos recuperando llega la inteligencia artificial. Los grandes actores en estos ámbitos han ido a las fábricas y se han quedado con toda la producción de aquí a un año y medio. Claro, ¿qué pasa? Todas las otras empresas han dicho: “Bueno, ¿y nosotros?”.

Eso ya lo hacen las grandes superficies. Aprietan a los productores monopolizándolos…

Bueno. Pero hasta el punto de detener pedidos hechos… Te decían: “Si las quieres, debes pagar tanto más”. Y si les dices que no, ellos encantados. Se lo venden a otra gente.

El mundo se hace mucho más duro y mucho más desagradable con todo esto.

Sí, porque hay competencias que son… No puedes ir a la fábrica y decir: “Me quedo con todo el producto y punto”. Aquí eso sería considerado monopolio.

Si solo hay una fábrica que lo hace, sí.

Hay tres.

Y si controlas una, solo quedan dos.

Si hay tres grandes empresas que han contactado con una fábrica cada uno, ya no tienes ninguna.

Por lo tanto, solo podrían haber tres grandes inteligencias artificiales mientras no haya más fábricas que faciliten los materiales necesarios…

Bueno, hay otras jugadas, porque hay muchas empresas que no se conocen. En China hay, pero se quedan en China. Entonces, las grandes empresas de inteligencia artificial que no son las tres grandes el poco hardware que pueden conseguir lo tienen que pagar muy caro. Y si lo paga muy caro la empresa, quienes lo acaban pagando son los usuarios. Y eso pasará con los móviles, con el correo electrónico que tienes, con el Outlook… Cuesta mucho más mantener eso. Entonces, ¿qué te harán? En el caso del Outlook ya pasó. Han reducido la capacidad. En Gmail también han bajado la capacidad que te daban gratuitamente. Paga más y hablamos.

¿Es obsceno el dinero que llegan a ganar estas empresas? ¿Es obsceno el dinero que ha llegado a acumular Elon Musk?

Nosotros pensamos en hacer algo correcto para la sociedad. No buscamos, justamente, un enriquecimiento rápido y salvaje. Si tiene que ser a base de engañar, preferimos dar un servicio a las personas que lo necesiten. Por eso, decimos que es tan importante la atención al cliente, la soberanía de datos… Yo, obviamente, no estoy a favor de que haya gente que, entre cuatro o cinco personas, puedan acabar con el hambre del mundo… No es muy ético.

Asegura Pedro Sánchez que quiere prohibir el uso de las redes sociales entre personas de menos de dieciséis años. ¿Le parece bien esta decisión?

Yo no tengo hijos. Si los tuviera, lo encontraría dentro de lo que cabe correcto. Las redes sociales están mintiendo a la gente, haciendo correr rumores… De un lado y del otro. Aquí yo no me posiciono si A o B… En China, en lugar de prohibir las redes sociales, han obligado a que, si alguien habla de un tema, debe estar titulado en ese tema, debe tener un diploma en ese ámbito. Si no, no puede hablar de ello.

Así, nadie podría hablar de nada… [Ríe].

Pues, mira, quizás habría que hacerlo así.

Ya, pero China es una dictadura… Puede ejercer unos controles que las democracias no aceptan. ¿Cómo se controla eso? Aquí no pueden decir que solo puede hablar del cáncer de próstata el especialista en cáncer de próstata…

Aquí no se podría hacer, pero las dificultades llegan a todos los niveles. ¿Cómo bloqueas a los menores? ¡Los padres cederán su DNI a los hijos!

Mira lo que pasaba en Estados Unidos con la ley seca. A veces prohibiendo incitas más

Y haces que la gente imagine más, desarrolle más la inteligencia natural. Quizás así acertaremos, porque con la inteligencia artificial la gente está perdiendo la natural. Al menos así, mira, encontramos nuevas formas creativas de cómo saltarse el sistema.

La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, acaba también de proponer “limitar y posiblemente prohibir” el uso de X para toda la población.

No lo veo bien. Todo lo que es prohibir tampoco lo veo bien. Hay la libertad de expresión. Yo siempre he creído en eso. Por eso creemos en la libertad de que los clientes puedan moverse de un lado a otro, porque son libres de poder hacer lo que quieran con sus datos. Lo que sí pediría es que los datos que yo, por ejemplo, pongo en X no puedan venderlos. Eso sí lo pediría.

Esa petición podría hacérsela a Elon Musk…

Yo no soy nadie para pedirle nada.

Antes, cuando vendías pan dependías de tu propia habilidad y dependías de una red de proyección de tu producto muy reducida y muy de proximidad, como quieren ser ustedes. Pero hoy en día dependes de una empresa que está en California. En el caso de la prensa, para que una noticia sea más importante dependes de Google, que te la difunde o no. Y Google, además, te da la publicidad por el impacto de la noticia…

Y además, Google deja que la competencia compre tu marca.

Y si quieres protestar, ¿qué haces?

No puedes. Porque se rigen por la normativa de Estados Unidos. Pero Google… Yo, como Nació Digital, podría comprar que, si la gente busca El Món, les salga Nació Digital como primera opción. Yo pago y ellos me lo arreglan. Eso pasa.

Lo encuentro una tontería, pero pasa, sí… Usted dice que a los 12 años ya comenzó a montar y desmontar equipos informáticos. ¿De dónde le vino esa manía?

Curiosidad, seguramente. Tuve el primer ordenador a los once años o así, porque incluso me parece que era a los diez. Éramos tres, dos hermanos y yo. Mi padre compró uno y un día se averió. Llamó entonces al informático, que le pidió mucho dinero y yo le dije que me dejara mirarlo a mí. A partir de abrir el aparato, tocar e ir a la tienda de informática a preguntar, fui aprendiendo.

Un autodidacta total…

Sí, y a partir de ahí mi madre fue la que me insistió en que estudiara este mundo, porque, como me veía en casa haciendo todo eso, arreglando a los amigos el ordenador, me decía: “Estudia informática, que mal no se te da”. Pensé: “Pues, ¿por qué no? Mi familia siempre ha sido de hostelería. Se trabaja muchas horas, es un trabajo duro. Muy. Yo había sido también camarero y todo eso, pensé que el trabajo de informático sería un poco mejor y me decanté por esta rama.

¿Lo pueden hackear a usted?

Sí, como a todos.

¿Lo han hecho?

Yo creo que no. Me he autohackeado yo, eso sí.

Qué cosas más raras hacen ustedes…

Para probar yo cosas, también. Todo informático ha intentado ser hacker en algún momento de su vida. Yo lo hacía a mí mismo. A lo sumo, a mi familia, pero no salía de allí. Todo el mundo puede ser hackeado. Es más fácil de lo que parece.

Si viniera una empresa importante y le dijera: “Deje cdmon y le pagamos tanto, pero no somos tan escrupulosos como ustedes”, ¿se apuntaría?

No, y ya me ha pasado.

¿Y por qué no lo podemos comprar, si hoy en día todo está a la venta?

Porque aunque cdmon no es mía, para mí es como si fuera mía. Siempre le he dicho a uno de los socios que es como si fuera mi empresa. Llevo muchos años allí, me han hecho crecer mucho en la empresa, han confiado mucho en mí. Y creo que con el dinero que me pagan ya estoy bien.

¿Y si se la venden a una gran empresa?

Confío en los socios. No lo harán.

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