El sector financiero se suma a la tesis de las inmobiliarias: a pesar de la crisis residencial y los años consecutivos de aumentos de precios en el sector, no hay burbuja. Así lo ha destacado el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, en la presentación de resultados anuales de la entidad celebrada en Valencia este viernes. Según Gortázar, la situación actual, problemática para un importante grupo de población en Cataluña, tiene diferencias significativas con la de 2006 o 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera global. «Hubo un escenario de especulación, con muchas más viviendas en construcción de las que se necesitaban. Eso ahora no ocurre», ha descrito el consejero delegado, quien recuerda que, de hecho, el problema actual es que no se está cubriendo la demanda que se genera anualmente con la nueva oferta. «La creación de hogares para 2026 en el Estado será de 200.000, y estimamos que se comenzarán 150.000 nuevas viviendas», calcula. Ni siquiera con la aceleración esperada se podrán, pues, tapar los huecos que han quedado descubiertos en los últimos años.
A juicio de Gortázar, las condiciones financieras de 2026 dan una sensación de riesgo mucho más moderada que la de veinte años atrás. A diferencia de 2006, los niveles de endeudamiento privado son mucho más bajos. En el caso hipotecario, de hecho, el pasivo global se ha recortado en un 50%; y el peso de las concesiones de préstamos para vivienda en los balances bancarios es mucho más reducido. Además, desde el ciclo de subidas de tipos que protagonizó el BCE para controlar la inflación hace dos años, la mayoría de nuevas hipotecas que se conceden son a tipo fijo, lo que rebaja sustancialmente las variables en cuanto a la capacidad de los clientes de devolver la financiación. Todo ello permite, para el consejero delegado, asegurar que «no hay una burbuja, no hay una situación de urgencia» que haga temer por la vida del mercado inmobiliario.
Ni siquiera la guerra hipotecaria del último curso, con un tipo medio de concesión alrededor del 1,8%, por debajo de los tipos de interés generales, ha conseguido que Gortázar tema una salida traumática para el mercado hipotecario. Según el CEO, el riesgo aparece cuando se cuestiona «la capacidad de devolución de la hipoteca por parte del receptor». Y, observando el panorama económico del Estado, no debería preocupar que se den los tipos de eventos que provocan un impago masivo. «Eso ocurre cuando el mercado inmobiliario se derrumba, o cuando se producen aumentos masivos del desempleo y las personas tienen problemas sistemáticos de ingresos. Ninguna de las dos cosas es previsible, ahora mismo», ha sentenciado; especialmente con un crecimiento de la economía de entre el 2 y el 3% previsto para los próximos años y con el desempleo por debajo del 10% por primera vez en la historia del Estado español. A todo esto se añade que la primacía del tipo fijo elimina el peligro de nuevas espirales inflacionistas que obliguen a volver a encarecer el dinero, en tanto que los nuevos préstamos no se mueven aunque la política monetaria se vuelva volátil.

Regulación contra el peligro
En este sentido, Gortázar entiende los llamamientos a regular el mercado hipotecario que ha hecho recientemente el Banco de España, que ha anunciado un nuevo marco de estudio para vigilar que las condiciones en las que se conceden los préstamos hipotecarios sean sostenibles. «Está bien que el BdE estudie la situación, pero la banca no está rebajando los criterios hipotecarios, ni lo hará», ha anunciado. En este sentido, argumenta que, si bien es positivo introducir este tipo de herramientas de vigilancia -para asegurar el mundo financiero contra los vicios que llevaron a la Gran Recesión-, no es una prioridad de primer orden. No hay prisa, añade; y hay tiempo para plantear en profundidad exactamente cuál es la fórmula que mejor se adapta a las condiciones del Estado. «Las normas son bienvenidas, pero se deben pensar bien. No hay urgencia financiera», ha afirmado.
Dardo a las administraciones: «El 90% del problema es construir»
La crisis de la vivienda, lejos de partir de un problema financiero, es estrictamente de oferta, a ojos del banquero. Según Gortázar, la única urgencia que detecta es la de los compradores y arrendatarios, con obstáculos cada vez más elevados para acceder a un techo. «La urgencia es de acceso. ¿Se deben regular algunas cosas, como los alquileres turísticos? Sí. Pero el 90% del problema se dirige construyendo más vivienda», ha sentenciado. En este sentido, deja la pelota en el tejado de las administraciones, a quienes reprocha la falta de colaboración entre niveles de gobierno -«a menudo con colores políticos diferentes»- para dinamizar la nueva oferta. El Estado español, insiste, «tiene suelo, mano de obra y material. Deberíamos ser capaces de hacer vivienda y, si no lo hacemos, es que algo falla». Llama, así, a liberar superficie edificable y ofrecer condiciones ventajosas para los constructores, tanto en términos de colaboración con el erario público como para sus propias iniciativas. «El problema es tan grande que no hay suficiente capital público para solucionarlo. Se necesita financiación privada», ha concluido.



