En una sorprendente entrevista al diario La Repubblica, el ministro de defensa italiano, Guido Crosetto, ha expresado en voz alta el análisis que hasta ahora quedaba oculto dentro de los despachos de los mandos económicos y militares de la UE. Crosetto, una de las voces que el gobierno de extrema derecha de Giorgia Meloni incorporó del berlusconismo, ha sido más que poco halagador respecto a los estragos que el conflicto causará en el país -y, por extensión, a toda la Unión-: «sé cosas de la guerra, de los efectos que tendrán sobre nuestras economías y nuestras vidas en las próximas semanas, que no me dejan dormir«. Cuando incluso el ejecutivo de Meloni, uno de los escasos hilos que aún unen a los principales países europeos con la administración Trump, señala las contradicciones del discurso triunfalista del presidente de los Estados Unidos, el mercado se agarra bien fuerte al asiento y se prepara para el impacto. «Durante las últimas semanas, los inversores han operado bajo la premisa de que el conflicto en el Oriente Medio sería contenido y de corta duración. Esta narrativa, sin embargo, se ha roto», reflexiona el analista de la firma XTB, Manuel Pinto.
Según indica Pinto, las principales bolsas del planeta acumulan cerca de un mes y medio de retrocesos; aunque hasta ahora la erosión había sido relativamente contenida. Las caídas de los valores europeos y norteamericanos han sido fuertes, pero más vinculadas a cálculos conjunturales sobre el precio del petróleo que a la percepción de una amenaza para la economía global. Cabe recordar que el crudo cerrará el mes de mayo con el encarecimiento mensual más intenso de su historia, con el barril Brent rondando los 113 dólares, un 60% por encima del mes anterior. Esto había provocado movimientos intensos en algunos de los selectivos que marcan el ritmo bursátil: el S&P 500 cae durante cinco semanas consecutivas, su peor resultado acumulado desde la guerra en Ucrania, mientras que el listado tecnológico Nasdaq pierde 10 puntos respecto de máximos. El Ibex-35, en esta misma línea, ha pasado de batir récords y soñar con los 18.000 puntos a perder incluso la marca de los 17.000, con el único respiro de la cotización de las energéticas, que sostienen buena parte de la valoración general.
Sin embargo, los inversores entendían, hasta ahora, que el golpe era temporal, y que con el fin del conflicto rápido que prometía la Casa Blanca llegaría una «estabilización del petróleo por debajo de los 100 dólares» que permitiera recuperar la normalidad energética. Ahora, sin embargo, esta claridad ha desaparecido: «El mercado comienza a cuestionar el escenario base que había sostenido las valoraciones».

Trump, descontrolado
El principal causante de esta pérdida de confianza, según subrayan los expertos del banco Renta 4, ha sido la inconsistencia del discurso de Trump. Los tuits y declaraciones grandilocuentes del presidente estadounidense, que ya ha sostenido más de una decena de veces que «la guerra está ganada», hasta llegar al punto álgido del berrinche infantil, cuando consideró «injusto» que Irán mantuviera cerrado el estrecho de Ormuz «cuando ya habían perdido», han perdido su efecto sobre las acciones. Los inversores optimistas, diagnostica Pinto, se aferran a factores independientes del discurso del Despacho Oval para mantener sus apuestas, como las valoraciones de la IA o los resultados anuales de las principales cotizadas europeas y estadounidenses, que continúan siendo elevados.
Con todo, las vueltas trumpistas ponen cada día palos en las ruedas de la renta variable. Después de haber insistido durante todo el fin de semana que Teherán había aceptado las 15 condiciones del acuerdo de paz que trasladó el pasado viernes -sin ninguna confirmación oficial por parte de los ayatolás- el mandatario estadounidense ha roto la baraja este lunes con una entrevista con el Financial Times que promete aún más hostilidades. En ella, Trump ha restado importancia a las conversaciones para la tregua, y se ha aventurado a prometer ataques a infraestructuras petroleras e, incluso, se ha mostrado dispuesto a «apropiarse de todo el petróleo iraní».
Varios inversores ya han dejado de escuchar las declaraciones de Trump para situar la mirada en los avances en el Oriente Medio. Detrás de los intercambios de amenazas a ambos lados del conflicto, desde Renta 4 recuerdan las amenazas que suponen algunos de los últimos movimientos en la región, como la llegada de nuevos barcos de combate estadounidenses al Golfo, que «sugieren una operación terrestre en el país»; o los ataques contra objetivos civiles y centros neurálgicos de la cadena de valor petrolera. Han llegado a caer bombas, de hecho, sobre universidades iraníes, lo que ha empujado a Teherán a ampliar el alcance de sus ataques a puntos estratégicos de los aliados de Israel y EE.UU. «Los próximos días deberían servir para aclarar si queda alguna posibilidad de finalizar la guerra a corto plazo. No está nada claro si se ha avanzado», observan los expertos del banco de inversión. Pinto, por su parte, es aún más claro, y alerta que incluso las buenas noticias tienen efectos más que limitados sobre el comportamiento inversor. «Incluso en escenarios de negociación, los precios no corrigen de forma sostenida, lo que lleva a pensar que los inversores descuentan un conflicto largo y un riesgo estructural más persistente sobre el suministro energético», concluye el analista.

