L'escapadeta
El sendero asturiano que recorre un hayedo frondoso entre cascadas y brañas de pastores

Hay rincones en la península donde el otoño no es solo una estación, sino un espectáculo visual de una intensidad casi irreal. Cuando el frío comienza a apretar y buscamos una escapada que nos desconecte del ruido urbano, las montañas del extremo sur de Asturias esconden uno de los secretos naturales mejor guardados de la Cordillera Cantábrica. Hablamos de una travesía imprescindible que combina el rojizo de los hayedos frondosos, el rumor de las cascadas de agua pura y la memoria viva de los antiguos pastores de la zona.

Aller
Foto: Dbown100 / CC BY 3.0 / Wikimedia Commons

(Sí, nosotros también hemos quedado fascinados por la historia de este valle donde la naturaleza parece sacada de un cuento de hadas). Se trata del concejo de Aller, una comarca históricamente ligada al trabajo del carbón y a los caminos reales que conectaban la meseta con Oviedo. Aquí mismo, hace casi nueve siglos, nació la reina Urraca y transcurrieron generaciones de arrieros y devotos. Hoy, la verdadera joya de la corona es una ruta de senderismo señalizada como PR-AS 48, una opción de alta montaña protegida por la Red Natura 2000 que se adentra directamente en el corazón del bosque de El Gumial.

Un recorrido entre leyendas, hayedos y cabañas tradicionales

El trayecto oficial arranca en la zona de El Fielato, un pequeño grupo de cabañas situado muy cerca de la carretera del puerto de San Isidro. Este punto es la puerta de entrada a un entorno dominado por cumbres imponentes que superan los 2.000 metros de altitud, como el pico Fuentes o el Nogales. El camino comienza a ganar altura de forma suave entre piornos hasta llegar a la majada de Brañarredonda, un antiguo asentamiento ganadero vigilado por impresionantes acantilados. La sensación de soledad y conexión con la tierra es absoluta desde los primeros minutos de caminata.

Una vez superado el collado de Beldosu, a más de 1.500 metros de altitud, la luz se vuelve más tenue y la humedad lo invade todo. Estamos bordeando el Monte’l Tuzu, un hayedo centenario donde los troncos retorcidos y la alfombra de hojas secas crean una atmósfera casi mágica. El sendero nos conduce directamente hacia los pastos de verano de El Gumial, situados a más de 1.300 metros. Este conjunto de cabañas de piedra y teja, donde los pastores dejaban la leña apilada para el invierno, conserva intacto el espíritu de la vida ganadera de antaño.

Un detalle práctico esencial: dado que se trata de una ruta lineal con un descenso pronunciado, la opción más inteligente es dejar un vehículo en el pueblo de Cuevas antes de comenzar a caminar en El Fielato. Y recuerda respetar al ganado que encontrarás en el camino: los perros mastines hacen su trabajo de custodia y es mejor no acercarse.

El descenso de la garganta del Alba y el secreto de los hayucos

Tras dejar atrás la paz de las cabañas de altura, se inicia el tramo más espectacular del recorrido: un largo descenso por el bosque húmedo donde el arroyo del Alba se abre paso a través de una estrecha garganta. Las cascadas y los saltos de agua se suceden de manera ininterrumpida, cobrando toda su fuerza con las lluvias de otoño o durante el deshielo. Entre el verde intenso del musgo que cubre las piedras, el hayedo va dejando paso progresivamente a otras especies como castaños, fresnos, avellanos y nogales a medida que perdemos altura.

Aller
Foto: Roger Cornfoot / CC BY-SA 2.0 / Wikimedia Commons

Los vecinos del valle tienen un saber ancestral muy concreto sobre este entorno natural. Cuando el suelo del bosque se cubre de manera abundante de hayucos —los frutos del haya—, los locales auguran inmediatamente un invierno duro y cargado de mucha nieve. En total, esta travesía suma un recorrido de nueve kilómetros de longitud, con un tiempo estimado de entre tres y cinco horas de marcha. Es una caminata accesible, pero que exige prestar atención a las rodillas, ya que se completan más de 800 metros de desnivel negativo hasta llegar al pueblo de Cuevas.

Alternativas para los amantes de la gran montaña

Para los senderistas más exigentes que buscan retos adicionales o itinerarios con más desnivel, la zona del alto Aller ofrece variantes igualmente fascinantes. Una opción habitual es realizar la ruta en sentido inverso, subiendo desde Cuevas hacia las cabañas de El Gumial, o bien coronar la peña del Alba, la cima más asequible del sector. Desde esta atalaya privilegiada, la vista sobre la vega del Alba permite contemplar la grandiosidad de un antiguo circo glaciar modelado por el paso de los milenios.

Otra alternativa de primer nivel es la Ruta de Las Brañas (PR-AS 30), un itinerario de más de 13 kilómetros que parte desde la pintoresca Felechosa y culmina en el área recreativa de Las Moyás. Esta travesía de más de cinco horas de exigencia física cruza diferentes asentamientos de pastores como La Tabierna y permite entender a fondo la dureza de la vida en la montaña asturiana. Cualquiera de estas opciones garantiza una inmersión inolvidable en un paisaje protegido de valor incalculable.

El otoño en las montañas de Aller tiene una fecha de caducidad muy clara: cuando caigan las primeras nevadas importantes en el puerto de San Isidro, muchos de estos caminos quedarán cerrados bajo el manto blanco. Planificar ahora una escapada a este hayedo entre cascadas es la decisión más inteligente para quienes buscan el equilibrio perfecto entre naturaleza salvaje, historia y senderismo del bueno. Basta con calzarse unas buenas botas, cargar la mochila y dejarse llevar por el rumor del agua. ¿Qué mejor manera de dar la bienvenida al frío que perdiéndose entre árboles centenarios?

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