L'escapadeta
Jesús Calleja revela el «km 0 del Everest» en Asturias: «Aquí de adolescente comenzó todo» en este pueblo ejemplar

Hay figuras que nos inspiran a soñar, a romper barreras y a explorar el mundo más allá de lo conocido. Jesús Calleja es, sin duda, una de ellas. Pero, ¿te has preguntado alguna vez de dónde surge esta pasión indomable, dónde nació la llama que lo ha llevado a las cumbres más altas del planeta?

Ahora, el mismo aventurero ha revelado su particular «kilómetro cero del Everest», un lugar secreto, humilde y lleno de recuerdos donde todo comenzó. Y no, no es Nepal ni ningún lugar exótico, sino un rincón sorprendente y profundamente arraigado en nuestra geografía que ahora te destapamos.

Pero, ¿dónde se sitúa exactamente este lugar imprescindible, este altar personal de la aventura que el mismo Calleja venera? El descubrimiento promete ser tan sorprendente como el mismo paisaje que esconde. ¿Listo para desvelar uno de los orígenes más inspiradores del alpinismo moderno?

El lugar no es otro que la majestuosa Peña Ubiña, una montaña de 2.417 metros situada entre Asturias y León, y su punto de acceso principal: el pequeño y auténtico pueblo de Tuiza de Arriba. «Aquí de adolescente comenzó todo, nunca imaginé las montañas que luego escalaría, incluido el mismo Everest», ha confesado Calleja, refiriéndose a esta como su «montaña favorita» y un entrenamiento definitivo para retos futuros.

Este rincón escondido, un auténtico tesoro natural dentro del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, fue la primera gran escuela para el aventurero, un laboratorio donde forjó su espíritu explorador. Y es que, incluso los más grandes, tuvieron un inicio humilde, un punto de partida que lo cambió todo.

Descubre el corazón salvaje de las Asturias menos conocidas

A 1.223 metros de altitud, Tuiza de Arriba sirve de puerta de entrada a este macizo imponente, una tierra que ya en 1792 maravilló a Gaspar Melchor de Jovellanos, quien la describió como la «más alta de España» (sí, nosotros también alucinamos con este dato histórico, un error que no le quita ni una pizca de grandeza). Sus casi perfectas pirámides de roca desnuda, modeladas por antiguos glaciares, nos recuerdan la fuerza primigenia y el poder de una naturaleza que esculpe paisajes eternos.

El nombre de la montaña, Ubiña, proviene del latín «albinus», que significa «de color blanco», una descripción que, tal como demuestran los vídeos de Calleja hace casi dos años, es totalmente acertada por su espectacular cubierta de nieve durante buena parte del año. Es un territorio compartido por asturianos y leoneses, históricamente un paso de montaña para todo tipo de viajeros, desde contrabandistas hasta fugitivos durante la Guerra Civil, lo que le otorga una riqueza cultural y un carácter único e indomable.

Este pequeño caserío, con menos de treinta vecinos, es el epítome de la adaptación y la resiliencia, un modelo de vida que le valió ser reconocido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 1998. El jurado destacó su capacidad para «transformar su modo de vida y recuperar su patrimonio cultural y ecológico, adaptando las formas ganaderas tradicionales a las necesidades actuales». Aquí, la ganadería tradicional convive con un respeto profundo por un entorno que es puro contraste: cimas altísimas, bosques frondosos y valles tapizados de vegetación que esconden una valiosa arquitectura popular de montaña.

Pensar que en estas «brañas», donde pastorea el ganado durante el verano, aún encontramos cabañas de «teito» y antiguos «corros» de piedra levantados sin argamasa, nos conecta con un pasado que se resiste a desaparecer. Además, es un santuario de vida salvaje: el oso pardo cría en Quirós, el lobo camina por los bosques y los sarríos trepan por los farallones del macizo con una soltura envidiada por cualquier montañista. Una auténtica «Alaska asturiana», tal como la llamó el mismo Calleja, una experiencia salvaje e imprescindible esperando ser explorada.

La sabiduría popular dice que para llegar lejos, hay que saber de dónde venimos. Este lugar es la prueba viviente de que las grandes aventuras nacen en los rincones más auténticos e inesperados de nuestro propio territorio, una auténtica solución para nuestra alma exploradora.

Para aquellos que quieren adentrarse en este paisaje, la ruta de Peña Ubiña y El Meicín es considerada «una de las más icónicas de toda la cordillera Cantábrica». Hay dos opciones para disfrutar de la naturaleza en función de las condiciones físicas de cada uno. La primera es una ruta más asequible, de unos cincuenta minutos entre prados de siega y pastizales salpicados por orquídeas, que lleva hasta el Refugio del Meicín, en un precioso entorno de valle glaciar rodeado de cumbres imponentes.

Pero si buscas el verdadero desafío de la alta montaña, una experiencia definitiva solo para preparados, pasado el refugio, el sendero asciende hasta la Collada Terreos, a 1.888 metros, donde se adentra en tierras leonesas. El trayecto continúa a media ladera hasta alcanzar los 1.978 metros del Collado del Ronzón. Desde aquí, entre pedregales, canales y crestas, hay tramos sin señalizar y zonas de escalada ligera donde es necesario usar las manos. En total, casi 12 kilómetros, unas siete horas de inmersión total y un desnivel que supera los 1.100 metros. Eso sí, alcanzada la cumbre, se regala una panorámica espectacular sobre el parque, la Babia leonesa y los Valles del Oso, un secreto que solo los más audaces descubrirán.

El nuevo paradigma del viaje auténtico

En un momento donde el turismo de masas a menudo eclipsa la búsqueda de experiencias genuinas, la historia de Calleja y su «montaña favorita» nos recuerda un secreto oculto: no hace falta volar al otro lado del mundo para encontrar la inspiración o la aventura transformadora. A veces, la grandeza reside en la proximidad, en aquellos lugares que tienen una historia, un carácter y una belleza que esperan ser desvelados por aquellos que se atreven a mirar más allá de los circuitos convencionales.

Este rincón de Asturias representa la conexión con la esencia, un lugar donde el alma aventurera se puede forjar, igual que lo hizo la de Calleja. Es una invitación a redescubrir la fuerza de nuestra propia geografía, el potencial de un viaje que, aunque no sea tan lejano como el Everest, puede ser igualmente profundo y revelador. Una tendencia que cada vez toma más fuerza entre los que buscamos el valor real en cada escapada.

No dejes escapar este tesoro

La verdad es que estas montañas guardan una magia que no es fácil de encontrar. La oportunidad de pisar el «kilómetro cero» de la pasión de uno de los aventureros más grandes de nuestro tiempo es una experiencia que no podemos dejar escapar. Es el momento perfecto para planificar una escapada, para sentir la tierra bajo los pies y entender, de primera mano, cómo un lugar así puede encender una chispa que cambie el rumbo de una vida.

No es una alerta cualquiera. Es la invitación a descubrir un trozo de historia personal y colectiva, un punto de partida para nuestras propias aventuras, pequeñas o grandes. Su autenticidad es su valor más grande y, como todo tesoro, pide ser tratado con cuidado y respeto. (Sí, nosotros ya estamos pensando en hacer las maletas).

Si has llegado hasta aquí, es porque sabes que hay secretos que merecen ser desvelados, y lugares que, sin ser la cima más alta, son el punto de partida de todas las grandes conquistas. Acabas de descubrir uno de ellos, un rincón de Asturias que promete una aventura diferente, una conexión auténtica con la naturaleza y con el espíritu indomable. ¿Cuál será tu próxima montaña?

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