Hay rincones en nuestro país que guardan secretos tan fascinantes que cuesta creer cómo han podido pasar desapercibidos durante tanto tiempo. Nosotros mismos tuvimos que leerlo dos veces para asegurarnos de que no se trataba de una leyenda de libros de fantasía. (Sí, a veces la realidad supera cualquier guion de televisión). Hablamos de una localidad situada en la Zona Media de Navarra donde la historia va un paso más allá de lo habitual.
Allí mismo, a solo 42 kilómetros de Pamplona, se esconde un pasaje real que demuestra cómo se gastaban el dinero y el poder en plena Edad Media. (Nuestra cartera tiembla solo de pensar en el costo de aquello).
El protagonista de esta historia es el imponente Palacio Real de Olite, una joya arquitectónica de los siglos XIV y XV levantada bajo el reinado de Carlos III el Noble. Aquella residencia no solo destacaba por su elegancia y sus funciones defensivas, sino por albergar en su interior un auténtico zoológico particular. Para demostrar poder, aquellos monarcas preferían presumir de especies exóticas mucho antes que cualquier otro reino vecino.
Las crónicas de aquella época señalan que el recinto acogía animales tan insólitos como un león llamado Marzot, una hembra conocida como Mona, además de búfalos, avestruces, camellos, monos y papagayos. Pero la colección no se quedaba solo en eso, sino que también sumaba ejemplares autóctonos como jabalíes, gamos, ciervos y lobos. Años más tarde, el príncipe de Viana decidió llevar la sofisticación al límite añadiendo ni más ni menos que una jirafa a la colección.
No hace falta viajar a ninguna capital europea para encontrar tesoros históricos de esta categoría; a veces solo hace falta mirar hacia nuestro propio pasado para encontrar auténticas locuras reales que hoy nos parecen de otra dimensión.
Los orígenes de una villa marcada por la historia
Para entender el peso de aquel emplazamiento hay que viajar aún más allá en el tiempo, concretamente hasta la época romana. Aquel altozano situado al lado del río Cidacos convenció a los romanos de su importancia estratégica, llegando a ser protegido en el siglo I por una muralla con torres conocida como Cerco de Dentro. Las tierras fértiles de la comarca ya se aprovechaban entonces para la producción agrícola, especialmente para el cultivo de la vid.
Hacia el año 621, el rey visigodo Suintila fundó la población de Oligius u Ologite, dando lugar al nombre actual de Olite (o Erriberri en euskera). No obstante, el verdadero despegue económico y político llegó en plena Edad Media gracias a la obtención de fueros. Aquel crecimiento obligó a levantar una segunda muralla llamada Cerco de Fuera, consolidando el lugar como un punto clave para el reino de Navarra.
Hoy en día, pasear por sus calles es dar un salto directo al pasaje medieval sin moverse del presente. Muchas vías mantienen aún el nombre de gremios y oficios, conviviendo con casonas rematadas con escudos heráldicos y viviendas de piedra y ladrillo. Todo ello crea una estampa única donde el pasado comercial y residencial continúa muy presente en cada rincón.
Entre torres y un palacio de película
El complejo del Palacio Real es un verdadero laberinto de salas, pasillos, jardines y torres que exigen dedicarle horas de visita. Entre las atalayas que apuntan al cielo destacan la del Homenaje, que es la más alta del conjunto, además de la de los Cuatro Vientos y la de las Tres Coronas. Esta última llama la atención por su curioso remate de almenas sobre sus tres cuerpos escalonados.
Dentro de los jardines se puede encontrar el Patio de la Pajarera, un espacio donde se alojaban las aves del zoológico histórico y que aún conserva huellas como los huecos y nidos de yeso. Muy cerca se encuentra también un curioso pozo de hielo, pensado para acumular nieve y utilizarla durante el resto del año. El estado actual del monumento es fruto de una importante restauración llevada a cabo en 1937, tras un incendio devastador ocurrido en 1813.
Este conjunto monumental se divide entre el Palacio Viejo, reconvertido hoy en el Parador de Turismo Príncipe de Viana, y el Palacio Nuevo. Este último espacio, recientemente reformado tras una inversión millonaria, se utiliza de vez en cuando para acoger muestras artísticas que recuerdan aquel pasado exótico. Quedan pocas semanas para planificar una escapada de esta magnitud antes de que el frío del invierno se instale definitivamente en la zona.
Así pues, ¿puedes imaginar un plan mejor para el próximo fin de semana que perderte por estas tierras navarras y descubrir dónde se ocultaban los animales más sorprendentes de la corona?
