En una comarca pirenaica de Girona conocida por su patrimonio y su paisaje, hay una localidad que une dos atractivos difíciles de encontrar en el mismo lugar: románico auténtico y una tradición dulce con más de un siglo de continuidad. Para situarte, esta zona forma parte del portal oficial de turismo de Cataluña sobre el Ripollès, un territorio donde los puentes de piedra, los ríos y los monasterios forman parte del día a día.
Lo que llama la atención es que aquí el gran «souvenir» no nació para turistas. Surgió como una respuesta práctica a los largos inviernos: una elaboración duradera, pensada para venderse cuando bajaba el flujo de veraneantes. Este origen explica por qué la receta se ha conservado con una fidelidad poco habitual.
Este lugar es Camprodon, en la comarca del Ripollès, y la historia gira en torno a las galletas Birba. La marca sitúa el inicio de su elaboración en 1893, cuando la familia Birba comenzó a producir galletas en la localidad, según su propia cronología corporativa en la página oficial de Birba Desde 1893.
Por qué Camprodon se asocia a las galletas más antiguas
Una receta que nace en una tienda y se convierte en identidad
Camprodon fue uno de aquellos destinos de veraneo de montaña que crecieron por clima y entorno. En temporada alta, el comercio local se alimentaba de visitantes. En invierno, el flujo bajaba y el negocio necesitaba un producto que aguantase más que la pastelería diaria. De ahí nace la lógica de las galletas: un dulce menos perecedero, fácil de almacenar y vender durante meses.
La marca explica que el punto de partida se sitúa en 1893 y que la evolución posterior mantuvo el vínculo con el pueblo. Esta continuidad es lo que convierte al obrador en un atractivo turístico en sí mismo: no es un «invento» reciente, sino una tradición industrial y artesanal que ha pasado por generaciones.
Qué hace especial esta escapada para el viajero
La combinación no es casual. En Camprodon, el recorrido funciona porque se puede hacer a pie y porque los grandes puntos de interés están conectados: río, núcleo histórico, patrimonio románico y paradas gastronómicas. Es un destino que no exige una agenda intensa para sentirse completo, pero permite alargarla si se busca naturaleza y rutas por el valle.

El puente que se lleva todas las fotos y la razón histórica
Pont Nou, icono de piedra sobre el Ter
El Pont Nou es la imagen más popular del pueblo. La web turística oficial local lo describe como uno de los paisajes más simbólicos y recuerda que, según la documentación conservada, es un puente de piedra de un solo arco construido en el siglo XII y que fue paso obligado hacia la Cerdanya. Esta explicación figura en la ficha oficial del Pont Nou en VisitCamprodon.
La lectura práctica para el visitante es simple: vale la pena acercarse a primera hora o al atardecer para verlo con la luz baja y con menos gente. Desde la orilla del río se entiende por qué se convirtió en postal: el arco domina el curso de agua justo en la confluencia de ríos, y el conjunto conserva un aire medieval muy reconocible.
Un paseo corto que ordena la visita
Si la escapada es de un día, el mejor orden suele ser puente, núcleo antiguo y románico. El mismo paseo actúa como guía: el río marca el ritmo y te deja en el centro sin necesidad de coche, con varias terrazas y comercios para hacer una parada sin romper el recorrido.
Románico en el centro del pueblo: el monasterio que explica el origen
Monasterio de Sant Pere, del siglo X al XII
Camprodon conserva un núcleo románico con una pieza clave: el Monasterio de Sant Pere. La web turística oficial local lo presenta como un templo románico de planta de cruz latina, con cimborrio octogonal y campanario de planta cuadrada, en la ficha oficial del Monasterio de Sant Pere en VisitCamprodon.
Además, el portal institucional de turismo de Cataluña incluye este conjunto dentro del patrimonio cultural con información práctica para la visita, en la entrada de Catalunya.com sobre el Monasterio de Sant Pere de Camprodon.
Lo más interesante para el viajero es que el románico aquí no se visita como una «excursión» aislada: está dentro del pueblo, integrado en la plaza y en la vida cotidiana. Esto permite una visita breve pero muy efectiva, incluso si solo se dispone de unas horas.

La parada gastronómica: cómo llevarte el pueblo en una caja
Qué buscar cuando compras galletas Birba
Más allá del atractivo de antigüedad, la compra tiene sentido si se entiende el contexto: estas galletas se hicieron para durar. Por ello, el interés es su carácter de producto de despensa, no de repostería efímera. Si el objetivo es elegir bien, lo más útil es fijarse en tres cosas: textura, mantequilla o aceite según variedad, y formato pensado para viajar.
- Para llevar: formatos resistentes que no se rompan fácilmente en mochila o maletero.
- Para acompañar: variedades que funcionen con café, chocolate o infusiones.
- Para regalar: presentaciones en caja, más «de obrador», que aguanten mejor el trayecto.
La historia de la marca y su vínculo con Camprodon se detalla en su web oficial, donde sitúan el origen en 1893 y relacionan el inicio con la localidad, en la página Desde 1893.
Un plan de un día sin prisas
| Hora orientativa | Plan | Motivo |
|---|---|---|
| Mañana | Pont Nou y paseo por el río | Mejor luz y recorrido fácil para situarse |
| Mediodía | Núcleo antiguo y parada gastronómica | Comer con calma y comprar sin prisas |
| Tarde | Monasterio de Sant Pere y plazas del centro | Patrimonio románico a pocos minutos a pie |
Cómo alargar la escapada si te quedas a dormir
Valle, rutas cortas y miradores
Camprodon funciona bien como base para explorar el Valle de Camprodon. El atractivo es que puedes alternar piedra y bosque sin grandes desplazamientos: por la mañana patrimonio, por la tarde ruta suave o paseo de naturaleza. El Ripollès, como comarca, se describe oficialmente como un destino de cultura e historia en el Pirineo, con paisaje y patrimonio románico, en el portal de turismo de Cataluña. Este enfoque encaja con un fin de semana de ritmo tranquilo.
Si la idea es aprovechar el entorno, suele funcionar elegir una ruta corta, reservar un rato para el río y dejar el núcleo histórico para las horas centrales. En montaña, el orden importa: la luz y la temperatura cambian rápido y condicionan el paseo.
Lo que conviene llevar para disfrutarlo sin contratiempos
- Calzado: cómodo para piedra y tramos junto al río.
- Capa extra: el valle puede refrescar incluso en días soleados.
- Tiempo para pasear: el encanto es caminar, no ir con cronómetro.
El detalle que convierte la visita en algo diferente
No es solo un pueblo bonito: es un oficio que sigue en activo
Muchas destinaciones de interior presumen de «tradición», pero pocas pueden señalar un producto con un origen datado en el siglo XIX, ligado a un lugar concreto y aún presente en la experiencia del visitante. En Camprodon, el relato no se sostiene solo con el puente y el monasterio. Se sostiene con un dulce que nació por necesidad estacional y terminó convirtiéndose en símbolo local, con origen recogido por la misma marca en 1893.
Si buscas una escapada que combine fotografía, románico y una compra gastronómica con historia real, este pueblo del Ripollès ofrece un plan redondo: fácil de recorrer, reconocible por su puente y con una tradición galletera que no necesita reinventarse para seguir atrayendo.
