L'escapadeta
Diez pueblos con encanto en España para visitar después de los 60 años: todos tienen hotel con spa y una gastronomía que justifica el viaje por sí sola

Viajar cambia por completo con los años. Ya no vale cualquier destino ni sirve eso de correr detrás de un mapa para marcar monumentos. A partir de los 60 años el cuerpo pide otra cosa: ritmo pausado, plazas con historia y, sobre todo, confort absoluto.

La clave ya no es solo acumular kilómetros. Lo que realmente se busca en la madurez son experiencias que reparen el cuerpo y alimenten el alma. España es un auténtico filón para eso.

Hay localidades donde el patrimonio histórico se fusiona de manera perfecta con circuitos termales de primer nivel y recetas tradicionales que justifican el viaje por sí solas. El turismo de bienestar y la cultura son los dos motores que más crecen entre los viajeros sénior según los últimos datos oficiales.

La ruta de la salud y el paladar en el norte

Nuestra primera parada nos lleva directos a Alquézar, en Huesca. Este rincón del Somontano regala una estampa única colgado sobre el cañón del río Vero.

Su gran tesoro para el descanso es el Hotel Villa de Alquézar. Este edificio histórico rehabilitado cuenta con un reconfortante servicio de spa que incluye circuitos de hidroterapia y jacuzzi, una bendición para relajar las piernas después de pasear por su colegiata medieval.

La desconexión total no es completa sin el estómago lleno: en la comarca manda el «ternasco» (asado de cordero) y los guisos de caza de Casa Antón, regados con vinos de la D.O. Somontano.

Si prefieres el aroma marinero combinado con el máximo señorío, el destino indiscutible es Hondarribia, en Guipúzcoa. El colorido barrio de La Marina y sus murallas enamoran a cualquiera.

Aquí se esconde el Villa Magalean Hotel & Spa, un alojamiento boutique destacado por la misma Guía Michelin. Su exclusivo spa Henriette ofrece un ambiente distinguido y tratamientos personalizados.

¿Y para comer? El despliegue culinario es de otra galaxia. Los famosos pintxos de la calle San Pedro compiten con el restaurante Mahasti del mismo hotel, donde el producto del mar es el rey indiscutible de la mesa.

Sin movernos del norte, Potes surge en Cantabria rodeado por los imponentes Picos de Europa. La Torre del Infantado vigila una villa que es puro aire puro.

Para recuperar fuerzas después de contemplar el paisaje, el Hotel & Spa Arha ofrece un centro de bienestar único en plena montaña. Es el refugio perfecto antes de sentarse a la mesa.

La cocina de Liébana es famosa por su contundencia y sabor tradicional. En el restaurante El Soldado clavan el «cocido lebaniego» con sus garbanzos pedrosillanos y un toque final de orujo local que resucita a cualquiera.

En Girona, el bellísimo rincón pirenaico de Camprodon destaca por su Puente Nuevo sobre el río Ter. Su imán para el público sénior es el Hotel Grevol Spa.

Este edificio de arquitectura alpina en madera y piedra esconde un centro de fitness y spa de primer nivel. Su restaurante apuesta firmemente por la cocina catalana de mercado, donde los embutidos artesanales y las setas de temporada son los protagonistas absolutos.

Vino, historia y aguas medicinales

En Valladolid, el corazón de la Ribera del Duero pertenece a Peñafiel y su imponente castillo con forma de barco de piedra. Para alojarse con la máxima comodidad, el AZZ Peñafiel Las Claras Hotel & Spa es una opción inmejorable.

Este antiguo convento del siglo XVII cuenta con un magnífico centro wellness promocionado por el mismo ayuntamiento. Es un auténtico lujo para el descanso.

El producto estrella de la zona es el «lechazo» (cordero lechal) asado en horno de leña. En las mesas del Asador Mauro la piel crujiente y la carne tierna se convierten en arte, siempre maridado con los tintos más prestigiosos de la región.

Si nos trasladamos a la Rioja Alavesa, Laguardia emerge fortificada sobre una colina llena de bodegas subterráneas. El Hotel Wine Oil Spa Villa es la referencia absoluta para los mayores de 60 años.

Este complejo destaca por sus tratamientos específicos de vinoterapia y oleoterapia, diseñados para la relajación profunda y el cuidado de la piel. En su restaurante El Medoc Alavés se fusionan las patatas con chorizo y las chuletillas al sarmiento con etiquetas locales de primer nivel.

Para quienes buscan la meca de la salud termal, Mondariz-Balneario en Pontevedra es un oasis de paz sin rivales. Sus aguas mineromedicinales atraen viajeros desde el siglo XIX.

El Balneario de Mondariz alberga el imponente Palacio del Agua, un templo de más de 3.000 metros cuadrados de instalaciones termales ideales para dolencias crónicas y el bienestar general.

Atención a la gastronomía de esta zona de las Rías Baixas: la ternera gallega, los mariscos frescos y el pulpo de roca en el cercano Casa do Con reconfortan por dentro mientras el agua cura por fuera.

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Joyas medievales y paraísos secretos

En Guadalajara, la ciudad medieval de Sigüenza impacta con su catedral y su imponente castillo. Aunque el castillo es Parador, el secreto del relax está a diez minutos.

Hablamos del Relais & Châteaux El Molino de Alcuneza, que dispone de un spa estructurado en tres niveles con hammam y masajes hidrospa. La gastronomía local ofrece cabrito asado y platos de caza en El Doncel, un establecimiento con estrella Michelin que actualiza los sabores tradicionales con una técnica impecable.

También en Guadalajara se encuentra Brihuega, el famoso ‘Jardín de la Alcarria’. Más allá de sus bellos campos de lavanda, su núcleo histórico y las murallas merecen una visita calmada.

El gran protagonista hotelero aquí es el hotel de cinco estrellas Castilla Termal Brihuega, instalado en una fábrica textil del siglo XVIII. Su balneario de aguas mineromedicinales es un imán de bienestar.

La miel de la Alcarria con denominación de origen y el cabrito asado del restaurante La Peña completan una experiencia redonda al lado de las cuevas árabes de la villa.

Por último, Extremadura nos regala Hervás, en Cáceres. Este pueblo alberga uno de los barrios judíos mejor conservados de España, un laberinto de callejuelas de adobe al pie del Valle de Ambroz.

El Hotel Spa Sinagoga ofrece unas vistas magníficas a la sierra y un circuito diseñado especialmente para el confort articular de los huéspedes. Para comer, los embutidos ibéricos de la dehesa y la caldereta extremeña en el restaurante Nómada cierran un viaje perfecto.

¿Verdad que ya tienes ganas de preparar la maleta para tu próxima escapada?

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