Descubre cómo este jardín histórico se ha convertido en un refugio ideal para citas, paseos y contemplación. Los Jardines de la Fundació Julio Muñoz Ramonet son mucho más que un espacio verde: son una cápsula de historia, arte y serenidad.
Diseñados por paisajistas de renombre y protegidos durante décadas, hoy se abren al público como uno de los secretos mejor guardados de la ciudad. Desde esculturas simbólicas hasta terrazas ajardinadas, cada rincón invita al descanso y a la conexión emocional.
Un jardín con historia y carácter
Situados en calle Muntaner 282, estos jardines fueron concebidos a principios del siglo XX por encargo del marqués de Alella, Ferran Fabra i Puig. El diseño original fue obra del prestigioso paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, quien dio forma a un espacio mediterráneo adaptado al entorno urbano.

Años más tarde, el empresario Julio Muñoz Ramonet adquirió la finca y la transformó en un lugar privado donde el arte, la botánica y la arquitectura convivían en armonía. El paisajista Joan Mirambell i Ferran rediseñó gran parte del jardín: desplazó pérgolas, modeló los niveles, integró esculturas y dio unidad al conjunto.
Al morir en 1991, Muñoz Ramonet legó la propiedad a la ciudad con el deseo de que fuera disfrutada por todos. No fue hasta 2016 que, tras años de litigios con sus herederos, el jardín se abrió finalmente al público. Hoy es gestionado por la Fundación que lleva su nombre, conservando su carácter íntimo y elegante.
Entre pérgolas, estanques y esculturas
Pasear por estos jardines es como adentrarse en un fragmento secreto del pasado barcelonés. En la terraza inferior, un estanque rectangular rodeado de pérgolas de glicina crea un espacio íntimo y sombrío, perfecto para detenerse y compartir una conversación tranquila.

Escaleras de piedra conectan los diferentes niveles del jardín, decoradas con esculturas simbólicas como las “Alegorías de la Primavera” y “del Verano”, obras de artistas como Josep Cañas y Josep Dunyach. La vegetación se mezcla con la arquitectura: magnolias, laureles, setos de boj y acantos dan forma a un microclima de calma visual y olfativa.
En las zonas altas, cerca de la casa modernista de Enric Sagnier, los caminos se abren entre rosales, muros cubiertos de hiedra y bancos de piedra que parecen esperar a los visitantes discretos.
Un rincón romántico y contemplativo
Barcelona tiene muchos parques, pero pocos tan personales como este. Su discreción lo convierte en un escenario ideal para quien busca compartir una cita lejos del ruido, sin salir del centro.
La atmósfera serena, el canto de los pájaros, el murmullo del agua y los juegos de sombras crean un ambiente propicio para el encuentro emocional. No hay cafeterías, ni tiendas, ni turistas en masa. Solo naturaleza, arte y tiempo detenido.
Es un lugar perfecto para una primera cita con conversación pausada, para celebrar un aniversario en silencio o simplemente para pasear de la mano sin prisa.
Cómo visitarlo y qué tener en cuenta
El acceso al jardín es gratuito y está abierto todos los días de 10:00 a 20:00 horas. No se requiere reserva previa, aunque ocasionalmente se organizan visitas guiadas que incluyen acceso al interior de la casa (con inscripción previa).
Para disfrutarlo en su mejor versión, conviene ir entre semana o temprano por la mañana, cuando el silencio es casi absoluto. No se permite comer, pero sí sentarse en los bancos o bajo las pérgolas para leer, conversar o descansar.
La Fundación también organiza ciclos culturales vinculados al arte y la ciencia, ideales para quien quiera conectar aún más con el espacio. Toda la información se publica en su página web oficial.
El romanticismo también florece en silencio
Barcelona tiene miles de rincones que brillan. Pero algunos lo hacen en voz baja, para quien sabe mirar. Este jardín es uno de ellos. ¿Te animas a explorarlo en buena compañía?
Comparte este lugar con alguien especial o visítalo en tu próximo paseo sin prisa. A veces, la belleza más profunda está justo donde menos miramos.
