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El secreto de Tenerife: una cueva aislada de 27.000 años que esconde un mundo con 190 especies desconocidas

¿Imaginas un mundo bajo tus pies? Un espacio que ha permanecido aislado durante milenios, donde la evolución ha dibujado sus propias reglas. Esta realidad, que parece sacada de una novela, está aquí, al alcance, bajo la isla de Tenerife.

No es solo una cueva. Es una cápsula del tiempo, una fortaleza de roca basáltica que guarda secretos de 27.000 años. Un lugar que no ha visto la luz desde que nuestros lejanos antepasados miraban las estrellas.

Su nombre es la Cueva del Viento, y está en Icod de los Vinos. Un monumento natural de una belleza brutal. Pero lo que esconde dentro es el verdadero tesoro oculto: un universo con nada menos que 190 especies desconocidas para la ciencia.

La cuna de un ecosistema único

Esta joya geológica nació de un río de lava que descendió del Pico Viejo. La superficie se enfrió, formando una corteza sólida. Pero el interior, líquido, continuó fluyendo. Cuando la erupción se detuvo, el río de lava se vació completamente. Dejó un esqueleto vacío, un laberinto sorprendente. Este es el origen de la cueva.

Con 18,5 kilómetros topografiados, distribuidos en tres niveles superpuestos, es el tubo volcánico más largo de Europa. Y se disputa el quinto o sexto lugar mundial, solo superado por algunas cavidades en Hawái. (Sí, nosotros también alucinamos con este dato).

La Cueva del Viento es una puerta a un pasado que se resiste a ser olvidado. Un ecosistema que nos recuerda la inmensa capacidad de la vida para adaptarse.

Lo que descubrió el equipo de Pedro Oromí y Sergio Socorro, publicado en la revista Diversity, es lo más imprescindible. Catalogaron 190 especies de plantas, animales y hongos. De estas, 44 son trogloditas, totalmente adaptadas a la oscuridad absoluta. Y, atención, al menos 15 son nuevas para la ciencia.

Hablamos de maravillas biológicas. La cucaracha ciega Loboptera subterranea. Los escarabajos Domene vulcanica y Wolltinerfia martini. Criaturas que han perdido ojos, alas y pigmentación. Han ralentizado el metabolismo para sobrevivir en un ambiente sin nutrientes. Lo compensan con antenas hipersensibles al tacto y al olfato. Es una lección de resiliencia.

Tenemos la capital mundial de la vida sin luz

Las Canarias no son un caso aislado, sino un centro neurálgico. El archipiélago acumula cerca de 130 especies trogloditas catalogadas, la mayoría endémicas. Concentra la mayor diversidad mundial de cigarras subterráneas. Se han encontrado 17 especies aquí, de un total de solo 70 conocidas en el planeta. El equipo de Oromí continúa describiendo nuevas cada año. Las últimas cuatro, publicadas en 2025.

¿Y el secreto de esta explosión de vida? La oscuridad. Desde 1988, la Ley del Cielo de Tenerife y La Palma blinda sus noches. Protege los observatorios astronómicos del Teide y el Roque de los Muchachos. Una norma tan pionera que inspiró leyes similares en Cataluña, Chile, Hawái o Italia. Esta protección contra la contaminación lumínica es, irónicamente, lo que ha permitido que estas especies de la cueva sobrevivan y evolucionen.

La presencia humana aquí se remonta a más de dos milenios. Se han documentado restos de enterramientos guanches en sus galerías. Además, las zonas más resguardadas son un verdadero cementerio de gigantes extintos. Encontramos restos subfósiles de la megafauna que ya no habita la isla. El lagarto gigante Gallotia goliath. La rata gigante Canariomys bravoi. Y huesos de aves que han desaparecido, como la graja y la hubara.

La urgencia de descubrirlo

Aunque la existencia del tubo se conocía desde el siglo XVIII, su exploración sistemática no comenzó hasta 1968. El Centro de Interpretación, inaugurado en 2008, ya suma más de 300.000 visitas. En 2025, 23.409 personas de 63 nacionalidades pasaron por la cueva. Esto representa una ocupación del 96,5% de las plazas ofertadas. Una prueba del creciente interés que genera.

Pero atención: cada grupo se limita a 15 personas. Con casco y luz frontal, se recorren solo 200 metros de galería. Los 18,3 kilómetros restantes están reservados para los científicos. Para quienes estudian este mundo oculto. Esto hace que cada visita sea una experiencia exclusiva y casi irrepetible.

Este descubrimiento no es solo una curiosidad. Es un recordatorio de la cantidad de vida que aún no conocemos. Y la importancia de proteger estos entornos únicos en el mundo. Nos obliga a mirar con otros ojos aquello que creemos conocer. ¿Cuántos otros secretos esperan ser revelados bajo nuestros pies?

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