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Desentierran un umbral de Ramsés II: el hallazgo clave para una ciudad perdida de Egipto

El Antiguo Egipto nunca deja de sorprendernos. Milenios de historia bajo la arena esperan ser desenterrados, revelando secretos que pueden cambiar todo lo que creíamos saber. Y justamente ahora, un hallazgo monumental nos sitúa al umbral de una de estas revelaciones.

Imagina una ciudad entera, vital para la defensa de un imperio, que ha estado perdida durante épocas. Un punto estratégico donde convergían ejércitos, rutas comerciales y culturas. Un lugar mencionado en textos antiguos, pero cuya ubicación real era un misterio.

La investigación arqueológica es una carrera contra el tiempo. Y ahora, gracias al equipo de excavación del Ministerio de Turismo y Antigüedades egipcio en Tell Abu Saifi, en Al Qantara Este, tenemos una pista definitiva.

Han desenterrado la mitad superior de un umbral de piedra arenisca de considerables dimensiones. Esta pieza arquitectónica, por sí sola, ya sería importante. Pero las inscripciones que conserva son la verdadera clave.

Los jeroglíficos, leídos con atención, nos hablan directamente de Ramsés II, uno de los faraones más poderosos de la historia egipcia. Incluyen sus títulos, confirmando su autoría y época. (Sí, nosotros también hemos alucinado).

Pero hay un detalle que lo cambia todo: el dios Horus es identificado como el «señor de la ciudad de Mesn«. Este es el nombre que los arqueólogos buscaban. El vínculo directo entre este descubrimiento y la ciudad perdida mencionada en los textos del Nuevo Imperio.

La puerta de entrada secreta del Antiguo Egipto

Este descubrimiento colosal no es un hecho aislado. Se enmarca en las excavaciones del Camino de Horus, una ruta vital que unía el valle del Nilo con el Levante mediterráneo. Era el corredor donde el imperio egipcio se conectaba con el mundo exterior.

Su importancia iba más allá de lo militar. A lo largo del recorrido, se sucedían asentamientos con funciones religiosas, administrativas y económicas. Era la frontera activa que protegía y alimentaba la civilización.

El ministro de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathi, ha destacado el rol estratégico de esta área. La investigación continua es crucial para reconstruir el complejo entramado de estaciones que formaban esta vía milenaria.

En Tell Abu Saifi, la sucesión de ocupaciones es evidente. El análisis estratigráfico revela cómo el lugar evolucionó. Un verdadero libro de historia bajo nuestros pies.

La verdad es que este umbral no es solo piedra, es la voz de Ramsés II, confirmando que estamos muy cerca de descifrar uno de los grandes enigmas de las fronteras egipcias. Es un tesoro informativo.

El muro que reescribe la historia

Una de las revelaciones más impactantes de esta campaña ha sido la delimitación de un inmenso muro de adobe. Esta estructura, con puertas y cámaras interiores, fue construida y modificada en diferentes fases.

Este muro hizo que los arqueólogos revaluaran sus teorías. Inicialmente, se pensaba que el gran recinto era el templo en sí. Ahora sabemos que era la estructura fortificada que lo protegía. Una lectura arquitectónica que cambia la comprensión del asentamiento.

En el interior de este recinto, aparecieron los restos del templo, junto con varias dependencias. En la zona norte, salas destinadas al almacenamiento. Al lado sur, habitaciones de servicio más grandes. Todo indica una gran actividad.

El acceso al santuario también muestra diferentes etapas de transformación. Se han identificado dos caminos de piedra superpuestos. El más antiguo es del período ptolemaico, y el segundo, construido encima, corresponde a la época romana, pero con un ancho menor. Una lección de reciclaje histórico.

De templo a campamento militar: la vida de una ciudad

El yacimiento de Tell Abu Saifi no solo nos habla de Ramsés II. El registro arqueológico muestra que el asentamiento alcanzó su momento de esplendor constructivo durante el período ptolemaico.

Pero la historia no se detiene aquí. En el siglo III d.C., parte de las estructuras fueron reutilizadas. Lo que había sido un lugar de culto y comercio se transformó en un campamento militar romano, conocido como Castrum.

Esta transformación demuestra la importancia estratégica inalterable del enclave. Mucho después del final de la época faraónica, su posición continuaba siendo fundamental. Una ubicación que nadie podía permitirse olvidar.

Entre los objetos recuperados, destacan un fragmento escultórico de esquisto de la Dinastía XXVI. Representa un escriba del ejército, portando un naos roto. También una estatua acéfala y sin extremidades inferiores de la época tardía, y fragmentos de representaciones de halcones.

¿La confirmación definitiva, cerca?

Estos nuevos descubrimientos han reforzado considerablemente la hipótesis de que Tell Abu Saifi es la antigua ciudad de Mesn. Pero los investigadores son cautelosos. Aún evitan presentar la identificación como definitiva.

La misión arqueológica combina el estudio de las estructuras con el análisis estratigráfico y las evidencias epigráficas. Es un trabajo minucioso para construir una interpretación coherente e incuestionable. No se quiere dejar nada al azar.

Los resultados actuales proporcionan una base sólida. Pero se necesitan más excavaciones, más análisis científicos. El objetivo es encontrar pruebas concluyentes que resuelvan la cuestión de una vez por todas.

Por ahora, Tell Abu Saifi se perfila como uno de los puntos más fundamentales para comprender el legendario Camino de Horus. Bajo sus muros de adobe y sus piedras reutilizadas, sobrevive la historia de una frontera dinámica.

Quizás, con las próximas campañas, finalmente confirmaremos que aquí yace la ciudad de Mesn, aquella que durante tanto tiempo permaneció perdida. Y el secreto será nuestro. (¡Qué emoción, verdad?).

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