Si pensabas que lo más grande que podías ver en el mar de Barcelona era un crucero de lujo, estás muy equivocado. Solo necesitas levantar la vista de la arena para sorprenderte.
Estos días, las aguas de la capital catalana se han convertido en el escenario de un espectáculo que parece sacado de National Geographic. (Yo aún estoy intentando procesar que esto ocurra junto al bicing).
Los rorcuales comunes, las segundas ballenas más grandes del planeta, han decidido que nuestra costa es el mejor lugar para su particular «buffet libre» de primavera.
No es ninguna broma: hablamos de animales que pueden llegar a los 24 metros de longitud y que se mueven a pocos kilómetros de la costa barcelonesa con una elegancia brutal.
La autopista azul frente al Garraf
La asociación Edmaktub ha vuelto a confirmar que la zona del delta del Llobregat y las costas del Garraf son una autopista migratoria vital para estos gigantes del océano.
Estas ballenas no están de paso por casualidad. Vienen aquí porque nuestro mar está lleno de plancton y de comida fresca que necesitan para recargar fuerzas antes de continuar su viaje hacia el norte.
Lo que ha dejado a los expertos asombrados es la cantidad de ejemplares que se están avistando desde Semana Santa. Es un festival de lomos y colas gigantes que se puede ver incluso desde tierra firme con unos buenos prismáticos.
Para nuestra ciudad, tener estos vecinos es un privilegio absoluto, pero también una responsabilidad enorme. El mar no es solo para hacer paddle surf; es su casa.
Debes saber que el rorcual es un animal muy sensible al ruido de los barcos. Por eso, se está pidiendo a todos los que salen a navegar que tengan un cuidado extremo para no molestarlas.
Cómo verlas sin asustarlas
Si tienes la suerte de tener una barca o alquilas una salida de «whale watching», recuerda que hay unas normas de oro. No puedes acercarte a menos de 60 metros ni cortarles el paso.
La mejor manera de disfrutar del espectáculo es desde la distancia, dejando que ellas marquen el ritmo. Ver cómo sacan el lomo plateado mientras el sol se pone sobre el skyline de Barcelona es algo que no olvidarás jamás.
Muchos barceloneses ya están subiendo fotos a las redes que parecen hechas en la Antártida, pero no, están hechas frente al Hotel W. La naturaleza nos está dando una lección de humildad.
Este fenómeno es una prueba de que, si cuidamos un poco nuestro entorno, la fauna regresa. El retorno de las ballenas es el mejor indicador de salud para nuestro Mediterráneo.
Me pregunto qué deben pensar ellas cuando ven el templo de la Sagrada Familia desde el agua mientras soplan y llenan sus pulmones de aire.
Un aviso para los navegantes
Si eres de los que coge el velero el fin de semana, ten mucho cuidado. Chocar con un animal de 40 toneladas no es ninguna broma, ni para ti ni para la ballena. La prudencia es tu mejor aliada.
Las autoridades marítimas están monitoreando los movimientos para evitar accidentes, ya que el tráfico de mercancías en el Puerto de Barcelona es de los más altos de Europa.
Esto no es una atracción de feria, es vida salvaje en estado puro. Debemos ser espectadores mudos y agradecidos de tener este regalo de la biodiversidad en la puerta de casa.
Como consejo de colega, si quieres probar suerte, ve a las costas de Sitges o Vilanova a primera hora de la mañana. El mar está más calmado y es más fácil detectar el «soplo» de vapor que delata su posición.
Yo estaré pendiente de las aplicaciones de seguimiento para contarte si el grupo de rorcuales decide quedarse unos días más o si ya han puesto rumbo hacia aguas más frías.
Al final, Barcelona nos recuerda que, bajo el cemento y el ruido, late un mundo azul lleno de misterio. ¿No crees que es increíble compartir ciudad con estos gigantes?
