Todos conocemos su nombre, sus dos Balones de Oro y ese brazalete de capitana que luce con autoridad en el Camp Nou. Pero, ¿alguien se ha preguntado alguna vez dónde aprendió a desafiar las reglas del juego la gran Alexia Putellas? La respuesta no está en un barrio elitista, sino en un enclave estratégico que combina historia milenaria y naturaleza virgen a un paso de la Ciudad Condal.
Hablamos de Mollet del Vallès. Muchos aficionados pasan de largo por la autopista, ignorando que este municipio de poco más de 52.000 habitantes es el verdadero kilómetro cero de la futbolista más laureada de nuestra historia reciente. (Sí, nosotros también nos sorprendimos al descubrir que su origen es mucho más humilde de lo que dictan los focos).
Un viaje al pasado antes del fútbol
Antes de que Alexia soñara con levantar la Copa del Mundo, Mollet ya era un lugar fascinante. No es solo una ciudad dormitorio; es un tesoro arqueológico. Su documento fundacional se remonta al año 993, pero sus verdaderos secretos son mucho más antiguos: en 2009, la tierra reveló un Menhir de casi cinco metros de altura que data de hace nada menos que 5.000 años.
Pasear por sus calles es tropezar con la historia. El campanario gótico de Sant Vicenç y la iglesia románica de Santa Maria de Gallecs son paradas obligatorias si decides escapar del ruido de Barcelona. Y si buscas esa mezcla de cultura y modernismo, el Museu Abelló es el lugar donde el arte catalán cobra vida propia, lejos de las colas interminables de los museos del centro.
La «tribu» que forjó a la campeona
El carácter competitivo de Alexia no nació de la nada. En Mollet, aprendió que la constancia supera cualquier obstáculo. Con solo siete años, su ambición era tan grande que, ante la falta de equipos femeninos adecuados, mintió en su fecha de nacimiento para poder competir en el CE Sabadell. Una anécdota que hoy nos hace sonreír, pero que define perfectamente a la jugadora que, a base de esfuerzo, cambió la historia del deporte femenino.

Como dato curioso, no busques a la joven Alexia en grandes academias de élite. Su primera gran «escuela» fueron los campus de verano de Xavi Hernández, donde comenzó a pulir una visión de juego que años después la llevaría a la cima mundial.
Un pulmón verde bajo la sombra de la metrópoli
Lo que realmente hace especial la ciudad natal de la capitana es Gallecs. Es un paraje natural de más de 700 hectáreas que se mantiene inalterado ante la expansión urbana. Es el pulmón verde donde la comarca respira. Alexia creció entre este equilibrio entre el asfalto industrial de su infancia y la paz de estos campos. Quizá ese sea el secreto de su resiliencia: saber desconectar para volver a conectar con el balón.
El mural que marca el orgullo vecinal
Hoy, Mollet no solo celebra a la futbolista; la venera. En 2024, la ciudad inauguró un impactante mural de 104 metros cuadrados, obra del artista local Dase. No es solo pintura sobre pared; es una declaración de intenciones. Es el recordatorio constante para los vecinos de que, de entre estas calles, salió alguien capaz de conquistar el planeta.
Si visitas la ciudad, el mural es tu parada final. Es el lugar donde la historia de Alexia Putellas se fusiona con el día a día de sus habitantes. Al final, el éxito no es solo levantar trofeos en el extranjero, sino que tu propia gente convierta tus pasos en un símbolo. ¿Te perderás la oportunidad de ver dónde comenzó todo?
