L'escapadeta
El pueblo de Lleida con solo 150 habitantes que acoge el único monasterio femenino activo de la Ruta del Císter desde el siglo XII

En el interior de Cataluña hay lugares que parecen suspendidos en el tiempo. Uno de ellos es este pequeño pueblo de solo 150 habitantes, donde el silencio tiene sabor a historia y las piedras cuentan leyendas. Aquí se esconde una joya única: el único monasterio femenino activo de toda la Ruta del Císter, un camino espiritual y patrimonial que conecta Vallbona con los monasterios de Poblet y Santes Creus.

Los tres cenobios forman una constelación de espiritualidad y arquitectura surgida de la reforma de los benedictinos, una revolución monástica iniciada en 1098 en Cîteaux, Francia, por un grupo de monjes encabezados por Robert de Molesmes. Volver a la esencia, a la pureza, a la vida retirada: ese era el espíritu cisterciense.

Siglos de historia y huella cisterciense

Hacer esta ruta es adentrarse en un viaje mágico donde el paisaje rural, la calma y la memoria se entrelazan. La abadía ya aparece documentada en 1153, y se dice que nació a raíz de la vida austera de una comunidad de ermitaños que, en el siglo XII, buscaban un lugar donde construir un refugio espiritual.

Pero lo que la hace realmente excepcional es lo que ocurrió en 1175: los hombres abandonaron el monasterio y solo quedaron mujeres. Aquella comunidad femenina, guiada por la abadesa Oria Ramírez, sería reconocida oficialmente como parte de la Orden del Císter. Un hito extraordinario que aún hoy resuena entre los muros.

Cuando observas la fachada del monasterio, no solo miras un edificio antiguo: cruzas un puente invisible al pasado. El eco de las monjas, los pasos discretos, los murmullos de oración… todo parece suspendido en el aire, como si las piedras aún susurraran la vida de sus antiguos habitantes.

Una comunidad monástica femenina que ha resistido el paso del tiempo

En 1835, la Desamortización de Mendizábal sacudió la vida monástica en todo el país. Según el decreto impulsado por Juan Álvarez Mendizábal, muchos edificios religiosos fueron confiscados y vendidos para sanear las deudas del Estado e impulsar una nueva economía.

Aunque el monasterio pasó a manos estatales y fue desalojado temporalmente, las monjas regresaron. Se negaron a abandonar su casa y continuaron velando por cada piedra. Gracias a esta tenacidad, hoy es el único monasterio femenino visitable de toda la Ruta del Císter.

En su época de esplendor, entre los siglos XIII y XV, la comunidad llegó a contar con 80 monjas. Hoy, son solo ocho. Pero la fuerza del lugar sigue intacta, probablemente porque su historia también fue marcada por reyes y reinas que buscaron refugio y espiritualidad: Alfonso el Sabio, Alfonso el Casto y Jaime el Conquistador dejaron su huella.

También lo hizo Violante de Hungría, esposa de Jaime I, que eligió este monasterio como su última morada. Su sepulcro, de los siglos XIII y XIV, es uno de los tesoros más emocionantes del conjunto.

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Del estilo románico al gótico: un viaje arquitectónico único

El claustro es un libro de arquitectura abierto. Paseando por sus cuatro galerías se puede leer la evolución del arte y la técnica desde el siglo XII hasta el XV, como si cada tramo fuera una página de un manuscrito antiguo.

Fachada principal del Monasterio de Vallbona de les Monges, una joya cisterciense que combina elementos románicos, góticos y renacentistas.
Fachada principal del monasterio, un espejo de siglos de historia superpuesta.

La galería Sur, la más antigua, es un canto a la sobriedad románica: arcos de medio punto, muros gruesos, funcionalidad pura. Una belleza que no llama la atención, pero que perdura.

En el Este, el románico se endulza con molduras florales y decoraciones de follaje. Es un románico que comienza a jugar con los volúmenes, que se deja influir por una sensibilidad más detallista.

El gótico llega en el siglo XIV y se despliega majestuosamente en la galería Norte: bóvedas de crucería, arcos apuntados, verticalidad y luz. Un estilo que parece querer elevar el alma.

Y finalmente, la galería Oeste, del Renacimiento, recupera formas neorrománicas: arcos de medio punto, simetría y solidez. Es el resultado de un retorno al orden clásico, en un diálogo constante con la historia.

El silencio se convierte en palabra en la Sala Capitular

Sala Capitular del Monestir de Vallbona de les Monges, un espacio gótico donde las monjas aún leen la Regla de San Benito cinco veces al día.
La Sala Capitular, un espacio donde el silencio se transforma en oración.

Desde el claustro se accede a uno de los espacios más conmovedores del monasterio: la Sala Capitular. Aquí, cinco veces al día, las monjas leen uno de los 73 capítulos de la Regla de San Benito. Entre arcadas góticas y luz filtrada, la tradición continúa viva.

Hasta el siglo XVI, este espacio también fue el lugar de sepultura de las abadesas. Hoy, cuando entras, parece que el tiempo se detiene un instante. Quizás porque algunos lugares no solo se visitan: se escuchan.

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