L'escapadeta
Brad Pitt compra una casa icónica de la Costa Brava y la traslada a California: su última joya arquitectónica

En el Alt Empordà, entre rutas que promociona el organismo oficial de turismo de la Costa Brava, apareció una vivienda que parecía salida de una película de ciencia ficción. Pequeña, blanca y con estética de cápsula, se convirtió en una rareza para curiosos y amantes del diseño.

Durante meses, la estructura estuvo a la vista de visitantes y fotógrafos, hasta que un día se desmontó pieza a pieza y desapareció sin anuncios. Su partida dejó una pregunta abierta: quién la compró y por qué decidió llevársela tan lejos.

Una pieza rara de la arquitectura prefabricada europea

La vivienda no es una casa tradicional del Empordà, ni pretende mimetizarse con la piedra y la teja del paisaje. Es un objeto arquitectónico. Un volumen ovalado, de líneas futuristas, concebido para fabricarse en taller, transportarse y montarse en destino. Este concepto, hoy asociado a la arquitectura modular contemporánea, ya era una obsesión en los años sesenta, cuando varios diseñadores europeos exploraban nuevas formas de habitar con materiales industriales.

La obra se atribuye al arquitecto griego Nikolaos Xasteros y se data en 1969. Su diseño responde a una lógica de prototipo: superficie contenida, distribución eficiente y una piel ligera. Varias publicaciones han situado su tamaño alrededor de los 50 metros cuadrados, con una carcasa de fibra de vidrio y acabados pensados para reducir peso sin renunciar a una estética reconocible.

Por qué se la conoce como casa ovni

El apodo nació por su silueta. Vista desde fuera, la casa recuerda a un platillo volante: planta elíptica, bordes redondeados y una presencia casi autónoma, como si hubiera aterrizado en medio del paisaje. Este efecto aumenta cuando se instala en entornos rurales, donde el contraste con la arquitectura local es más fuerte.

La fibra de vidrio, además, refuerza la identidad. No solo por el color y el brillo, sino porque remite a una época en la que el plástico y los compuestos se asociaban al futuro, velocidad y modernidad. Lo que entonces era vanguardia, hoy se percibe como un icono vintage de la arquitectura experimental.

De abandono a restauración en tiempo récord

Uno de los elementos que más interés ha despertado es su propia biografía. La casa no llegó a Girona como una pieza recién fabricada, sino como una estructura recuperada. El galerista y coleccionista francés Clément Cividino la localizó, según varias crónicas, en estado de abandono e impulsó su restauración para devolverle la apariencia original y hacerla exhibible.

El proceso tenía un objetivo claro: tratar la vivienda como una obra de colección. No como un simple alojamiento, sino como un fragmento de historia del diseño que se puede mover, reubicar y mostrar al público como si fuera una escultura habitable.

El hallazgo inesperado: una bodega del Alt Empordà

La casa se instaló como atracción en la bodega Tierra Remota, en el entorno de Sant Climent Sescebes. Allí se convirtió en un reclamo para visitantes interesados en enoturismo y arquitectura. Su ubicación funcionaba por contraste: viñedos y piedra, frente a una cápsula blanca que parecía llegada de otro tiempo.

La elección de la ubicación no era casual. Las bodegas contemporáneas llevan años utilizando la arquitectura como elemento de identidad y marketing. Algunas apuestan por firmas internacionales, otras por piezas singulares que se recuerdan con facilidad. En este caso, la casa aportaba una historia, un autor y un lenguaje visual inmediato.

Qué se mostraba y qué no: una casa pensada para viajar

Quienes la vieron de cerca coinciden en que su principal virtud es la transportabilidad. Al tratarse de una construcción prefabricada, la estructura está diseñada para desmontarse sin destruirse. Esto permite moverla con relativa facilidad, siempre que se cuente con la logística necesaria y se respete el proceso de embalaje.

Otra clave es que no se trata de una vivienda ligada a un interior fijo. En muchos modelos de este tipo, el interior se puede personalizar y actualizar sin alterar la envolvente. Este planteamiento la acerca a la idea de obra coleccionable: el valor está en el objeto arquitectónico, no en el mobiliario concreto con el que se vista cada etapa.

El dato que lo cambia todo: el comprador fue Brad Pitt

El misterio sobre su destino se resolvió cuando se conoció el nombre del comprador. Quien adquirió la casa fue Brad Pitt, actor y productor norteamericano, conocido también por su interés sostenido en arquitectura y diseño. La operación se habría cerrado de manera discreta y la estructura se desmontó para trasladarla a California.

La compra encaja con un patrón que se repite desde hace años: Pitt colecciona piezas singulares y ha mostrado afinidad por la arquitectura contemporánea, los objetos de autor y los proyectos con un fuerte componente conceptual. En declaraciones atribuidas a su entorno de coleccionismo, se le describe como alguien que busca obras únicas firmadas por arquitectos internacionales.

Cómo se traslada una casa prefabricada a otro continente

El traslado de una estructura de este tipo requiere una secuencia técnica precisa. Primero se documenta el estado de cada pieza. Después se desmonta por módulos, se protege la fibra de vidrio para evitar golpes o microfisuras y se embala en contenedores o plataformas adaptadas. El montaje final depende del terreno de destino, de la cimentación elegida y de la normativa local.

En este caso, la casa habría salido del Empordà ya desmontada, con el objetivo de reconstruirse en una propiedad privada en California. El atractivo es, precisamente, esta capacidad de renacer en un nuevo lugar sin perder su condición de icono.

Por qué esta compra tiene impacto más allá del famoso

La operación no solo alimenta la curiosidad sobre el patrimonio inmobiliario de una celebridad. También pone el foco en un tipo de arquitectura que gana protagonismo: la prefabricación de autor, concebida como diseño transportable. En un momento en que la construcción industrializada se presenta como respuesta a plazos y costos, casos como este recuerdan que la modularidad ya era un laboratorio creativo hace más de medio siglo.

Además, revaloriza el papel de espacios culturales híbridos, como bodegas o centros privados, que funcionan como escaparate de piezas arquitectónicas poco accesibles. Para el territorio, la historia suma un relato internacional a una comarca que ya destaca por su atractivo paisajístico, gastronómico y enoturístico.

De l’Empordà a California: una ruta cultural con nombre propio

Que una vivienda de 1969, firmada por un arquitecto griego, restaurada por un coleccionista francés y expuesta en Girona acabe en Estados Unidos resume una cadena cultural global. También explica por qué el episodio se ha viralizado: mezcla rareza, diseño, logística y una figura mediática.

Mientras la casa se prepara para una nueva vida en California, en el Empordà queda la huella de haber albergado durante un tiempo una pieza difícil de repetir. Para quien quiera entender el contexto del territorio, más allá de playas y calas, la Costa Brava mantiene información oficial y rutas actualizadas en los canales del Patronato de Turismo, punto de partida para descubrir por qué este rincón de Girona atrae tanto al visitante cultural como al viajero curioso.

Claves rápidas para entender la casa ovni

  • Autoría y fecha: diseño atribuido a Nikolaos Xasteros, 1969.
  • Tipología: vivienda prefabricada, desmontable y transportable.
  • Material: envolvente ligero, asociado a fibra de vidrio en color blanco.
  • Tamaño: superficie aproximada alrededor de 50 m2, según las fuentes publicadas.
  • Exhibición en Girona: instalada en la bodega Tierra Remota en el Alt Empordà.
  • Destino final: comprada y trasladada a California para una colección privada.
ElementoQué la hace especial
FormaSilueta ovalada que inspira el apodo de casa ovni
ConceptoArquitectura prefabricada pensada para montarse y desmontarse
Contexto en el EmpordàContraste visual entre viñedos y un objeto futurista de colección
Interés mediáticoLa compra por una celebridad internacional dispara la atención global

Más allá del nombre del comprador, la historia deja una idea clara: el patrimonio arquitectónico no siempre se mide en metros o en ubicación, sino en singularidad. Y a veces, esa singularidad cabe en un contenedor y cruza el océano.

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