La historia moderna de Cataluña está estrechamente ligada en la vida de Antoni Gaudí. Nacido en Riudoms en 1852, el arquitecto es uno de los grandes -por no decir el máximo- exponentes del modernismo catalán. Autor de grandes obras como la Sagrada Familia, la cual todavía está en construcción, la Pedrera o la Casa Batlló, Gaudí ha pasado en los libros de historia como el referente de la corriente arquitectónica más importante del último siglo en Cataluña. Su legado, pero, no solo se limita en la capital catalana, sino que también ha dejado un legado en todo el país. En los últimos años de su carrera como arquitecto, los cuales dedicó prácticamente en exclusiva a la construcción de la Sagrada Familia, Gaudí escapó del ruido de la ciudad y se refugió durante tres semanas en 1910 a Vic (Osona).

Durante su estancia a Vic a principios de 1910, Gaudí recibió un encargo muy especial: diseñar un monumento en conmemoración del primer centenario del nacimiento del eclesiástico y filósofo vicense Jaume Balmes. El arquitecto, que combinaba los elementos ornamentales con la arquitectura funcional, prefirió no erigir una estatua u otro tipo de monumento, sino iluminar la plaza mayor de Vic con dos farolas decoradas como si se tratara de un monumento. A pesar de que Gaudí ha pasado a la historia por la elaboración de grandes obras en todo el territorio, en su primera etapa como arquitecto ya había diseñado varias farolas, como los de la plaza Real de Barcelona. En el caso de las farolas de la capital de Osona, Gaudí fue el encargado de diseñarlos -con la ayuda de Josep Maria Jujol, que dio un toque dorado a los hierros-, pero la realización de estos fue a cargo de Josep Canaleta y la ejecución a cargo del contratista Lluís Illa y los cerrajeros Joan Colomer i Ramon Collell.

Imagen de las farolas de Antonio Gaudí en la plaza mayor de Vic / Credit Commons

Unas farolas con un aspecto naturalista

Las dos farolas de la plaza mayor de Vic tenían un aspecto ornamental naturalista y una estructura que recordaba a un obelisco, con una base y un fuste de piedra y unos brazos de hierro forjados, acabado con una cruz, también de hierro. A pesar de que presentaban características bastante similares, Gaudí se encargó de convertirlos en dos obras independientes. Por un lado, la primera farola tenía un aspecto más sencillo, con un remate de perfil curvo semblante a un báculo que sostenía la luz y un remate en cruz, mientras que el segundo tenía dos brazos de hierro de los cuales colgaban tres planchas de hierro con seis luminarias de globos de cristal.

Estas dos farolas se inauguraron el 7 de septiembre de 1910 en un acto que contó con la presencia de la niña Isabel de Borbón y el entonces obispo de Vic Josep Torres y Bages. Catorce años más tarde, pero, el mal estado de conservación de las dos obras obligó el Ayuntamiento del municipio a derrocarlos. El gobierno municipal de la época optó por no intentar restaurarlos, puesto que consideró que el coste de esta actuación era excesivamente elevado. Así pues, el 12 de agosto de 1924, Vic vio por última vez el rastro que el arquitecto catalán había dejado en la ciudad durante su breve estancia.

Imagen del derribo de las farolas de Antonio Gaudí de Vic / Credit Commons

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