Barcelona y Ajaccio, la capital de Córcega, se encuentran separadas por unos 540 kilómetros de distancia. La misma distancia, más o menos, que hay entre Barcelona y Santander, o unos 40 kilómetros más que los que separan Barcelona y Madrid. Aun así, la relación entre las dos ciudades mediterráneas ha estado prácticamente nula hasta ahora. Este lunes, el nuevo presidente de Córcega, el nacionalista Gilles Simeoni, fue invitado por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y ambos mantuvieron un encuentro de dos horas.

Les propusimos claramente [a los catalanes] reflectir una cooperación multilateral para estructurar políticamente el espacio de la Mediterrania occidental. Cataluña podría jugar un rol de locomotora a raíz de su peso demográfico, económico y político“, explica el jefe del ejecutivo corso en una entrevista en Corse Net Infos. Y da a entender que a Puigdemont le pareció bien: “Globalmente, [Catalunya] tiene interés en jugar, desde un punto de vista geoestratégico, un rol de locomotora en el contexto de un desplazamiento del centro de gravedad de Europa hacia la Mediterrania y el Sud”.

Según Simeoni, él y Puigdemont hablaron “del interés común que tenemos de reforzar la estructuración política de la Mediterrania occidental en el contexto geoestratégico actual“. Desde su punto de vista, en este marco se podrían implicar territorios como Cerdeña y la Toscana -con quien Córcega ya mantiene un diálogo fluido- las Islas Baleares o Sicilia.

Más allá de la articulación de este nuevo espacio político en el si de Europa, Simeoni también propuso una “cooperación bilateral” entre Córcega y Cataluña, que se podría extender a la economía, los transportes, el refuerzo de las rutas aéreas, promoción lingüística, integración… En este contexto, asegura que a partir de ahora habrá encuentros entre segundos y terceros niveles de las administraciones catalana y corsa para “identificar” las materias concretas en que pueden cooperar.

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