Vivimos en una carrera constante donde el rendimiento y la rentabilidad se han convertido en las únicas métricas de nuestra existencia. Nos sentimos atrapados en una espiral donde cada acción debe ser útil, cada segundo productivo, y el valor personal se mide por nuestra capacidad de «hacer». Pero, ¿qué pasaría si la verdadera solución para liberarnos de esta presión no fuera hacer más, sino todo lo contrario: dudar de todo?
Este interrogante, aparentemente moderno, encuentra una respuesta sorprendente en un pensador del siglo XVII. Su máxima, adaptada a nuestra era, se convierte en una herramienta poderosa para desmontar la lógica que hoy domina cada rincón de nuestra vida. Prepárate para repensar tu propia existencia.
El filósofo Darío Sztajnszrajber ha dado un giro a la célebre frase de René Descartes, «Pienso, luego existo», dándole una nueva profundidad que resuena con nuestra realidad. Según Sztajnszrajber, la clave no es solo pensar para existir, sino entender que incluso el no-pensar nos valida: «Si no pienso, entonces me doy cuenta de que debo estar existiendo, porque si yo no existo, no pienso». Esta reinterpretación desafía la lógica de la utilidad que nos consume, ofreciendo una vía de escape inesperada.
La filosofía como escudo contra la utilidad
Para Sztajnszrajber, la filosofía no es un lujo intelectual, sino un arma esencial para cuestionar la lógica de la utilidad que impregna nuestra sociedad. En un mundo obsesionado con lo que «produce» y lo que «rinde», el acto de dudar o simplemente de tomar distancia de nuestras acciones cotidianas es ya, en sí mismo, un desafío radical. El ser humano moderno ha priorizado la productividad por encima de cualquier otro aspecto de la vida, y esto tiene un costo invisible para nuestra libertad.
El origen de la disciplina filosófica, según este pensador, radica precisamente en el movimiento donde el ser humano se distancia de sus propias acciones y se ve a sí mismo actuando. (Sí, nosotros también alucinamos con la profundidad de esta idea). Este distanciamiento es lo que permite una mirada crítica, una auténtica libertad frente a las exigencias constantes de «rendir» que nos asfixian en nuestro día a día. Es un acto de desobediencia intelectual.
A mí me gusta muchas veces rendirme, al revés, no estar en proceso de ver cuánto rindo, sino rendirme en el sentido de lo que hoy muchas veces se llama esta especie como de filosofía del escape.
Esta filosofía del escape implica salirse de los lugares comunes y de las expectativas sociales que constantemente esperan de nosotros un cierto nivel de rendimiento. Es una solución definitiva para aquellos que sienten la carga de la presión constante por ser productivos, por encajar en un molde preestablecido. Sztajnszrajber nos invita a cuestionar estas premisas y a encontrar nuestra propia definición de valor, más allá de la estricta utilidad.
El peligro de las verdades fáciles
La búsqueda de la verdad, otro de los grandes pilares filosóficos, también se ve alterada en la era actual. Existe una diferencia abismal entre las verdades cotidianas —incluso las científicas, más preocupadas por el «cómo»— y las verdades ontológicas, que abordan la esencia del «qué». En nuestro mundo de sobreinformación y, paradójicamente, de desinformación, esta distinción es más crucial que nunca para nuestro bienestar colectivo.
El fenómeno de la posverdad es un error colectivo que ilustra perfectamente este desequilibrio. Ante la complejidad de los hechos, muchas personas prefieren noticias que validen sus prejuicios preexistentes, en lugar de datos comprobables. Esto choca frontalmente con la definición aristotélica de la verdad, que la relaciona con la correspondencia entre el lenguaje y la realidad. (Qué pena que hayamos olvidado esta lección tan básica). Esta peligrosa tendencia nos aleja de la capacidad de pensar críticamente y nos hace vulnerables a cualquier manipulación.
La felicidad más allá del guion
¿Y qué pasa con la felicidad? Sztajnszrajber rechaza las fórmulas estandarizadas de bienestar que nos bombardea constantemente la publicidad y el mundo del consumo. Inspirándose en figuras como Epicuro y la idea de ataraxia, identifica la tranquilidad como el verdadero refugio frente a las dependencias del consumo descontrolado y un sobrecuidado obsesivo. La felicidad auténtica no se compra ni se mide en objetos, sino en la capacidad de vivir de acuerdo con el propio deseo más profundo.
Para Sztajnszrajber, la felicidad tiene que ver con poder plasmar su deseo en su vida, y como él hace filosofía, su deseo es el deseo por el saber. «Estar todo el tiempo elucubrando aspectos que hacen a la realidad. Me hace mucho ruido consumir la realidad tal como me la venden». Esta afirmación es una advertencia fundamental para todos nosotros. Su planteamiento nos urge a cuestionar las narrativas prefabricadas que se nos imponen sobre qué debemos querer, sentir o pensar.
Nos encontramos en un momento imprescindible para desconectar de la lógica del rendimiento y reconectar con la duda, con la reflexión, con nuestra propia capacidad de cuestionar. La filosofía, reinterpretada, nos ofrece una solución oculta para retomar el control de nuestro propio pensamiento y, por tanto, de nuestra existencia. No esperes que la vida te venda la felicidad en una pastilla; comienza a pensar por ti mismo, ya.
