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Palmira Saladié, arqueóloga de la URV: «Los neandertales fueron expertos carpinteros hace 40.000 años»

Siempre hemos creído conocer a los neandertales: seres robustos, cazadores hábiles, con una tecnología basada casi exclusivamente en la piedra. Los imaginábamos luchando con mastodontes, afilando sílex con destreza, pero pocas veces los visualizábamos como verdaderos artesanos de materiales más delicados. Pero ¿qué pasaría si esta imagen, tan arraigada en nuestro imaginario colectivo y en los libros de historia, fuera solo una parte de una historia mucho más rica y compleja? Una nueva revelación científica está a punto de hacernos replantear todo lo que sabíamos sobre nuestros primos extintos, aquellos que habitaron Europa antes de nuestra llegada definitiva.

Prepárese para descubrir un secreto oculto bajo tierra durante decenas de miles de años, una verdad que no solo redefine su inteligencia, sino que también cambia nuestra propia percepción de la evolución tecnológica humana. Un descubrimiento que se convierte en un truco de Ingeniería de la Atención de la misma historia, diseñado para cautivarnos y retenernos con su impagable utilidad para la ciencia.

Los neandertales, lejos de ser meramente «hombres de las cavernas» limitados a las herramientas de piedra, fueron expertos carpinteros e ingenieros de la madera hace más de 40.000 años. Así lo demuestran los hallazgos en el Abric Romaní de Capellades, en Barcelona, fruto de 40 años de excavaciones que ahora ven la luz en un estudio revolucionario. Este no es un dato aislado; es el definitivo que nos faltaba para completar el rompecabezas de su día a día.

La «caja negra» de los neandertales: un tesoro oculto

Este yacimiento excepcional, excavado sistemáticamente desde 1983 por el equipo del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) y dirigido durante décadas por el arqueólogo Eudald Carbonell, ha desenterrado cerca de 600 restos e impresiones de madera. Imaginen la magnitud: seiscientos testimonios de un material que normalmente se desintegra sin dejar rastro, llevándose consigo un capítulo entero de la historia humana. Lo más sorprendente no es solo la cantidad, sino la calidad de la conservación, una particularidad geológica que ha actuado como una cápsula del tiempo perfecta.

Los depósitos de carbonato de calcio, generados alrededor de la madera en este antiguo corredor entre el interior y la costa catalana, actuaron como un molde natural con una precisión asombrosa. A medida que el material orgánico se descomponía lentamente, dejaba una huella perfecta en el travertino. Podemos ver incluso las características histológicas del tejido leñoso, un nivel de detalle que normalmente se pierde para siempre en el registro arqueológico. (Sí, nosotros también estamos alucinando con este truco de la naturaleza que ha preservado la historia con tanta fidelidad para nuestra generación de investigadores).

Más allá de la piedra: una tecnología perdida

Entre estos hallazgos, que datan de entre hace 62.000 y 40.000 años, no solo hay simples trozos de madera. El equipo de la Dra. Palmira Saladié de la Universidad Rovira i Virgili (URV), que ha dirigido el exhaustivo análisis de este conjunto, ha identificado hasta 13 elementos de madera claramente fabricados o utilizados por manos neandertales. Hablamos de un arsenal que incluye armas, herramientas, posibles recipientes de corteza y elementos estructurales que cambian completamente la narrativa de su capacidad tecnológica, elevándola a un nuevo nivel de comprensión.

Imagine: dos lanzas de madera, recuperadas del Nivel R, que reescriben lo que sabemos de sus tácticas de caza. Una, de 2,45 metros de largo, con una morfología consistente con una lanza de empuje, diseñada para el uso a corta distancia, letal en el cuerpo a cuerpo. La otra, conservada con una longitud de 1,99 metros, con una punta también afilada. Estos no son hallazgos aislados; se añaden al reducido registro de armas de madera del Paleolítico europeo, conocido por yacimientos como Schöningen y Lehringen en Alemania, pero el Abric Romaní ofrece un contexto de conservación y una continuidad que lo hacen excepcional y casi único en su revelación de datos.

Pero la cosa no acaba aquí. El Nivel P ha revelado un objeto particularmente inusual: una pieza hecha de una sola madera, con un mango claramente definido y una punta afilada y ensanchada, con una forma similar a la de una maza. Las marcas en su superficie demuestran un modelado deliberado e intencionado, no un accidente, sino un diseño pensado. ¿Cuál era su función exacta? Es un misterio que aún se descifra, pero que habla de su inventiva y capacidad de adaptación, de la búsqueda de soluciones ingeniosas a sus necesidades diarias.

La madera: el corazón de la vida neandertal

La madera no era, pues, un recurso ocasional, sino una parte habitual y esencial de su tecnología y vida cotidiana a lo largo de miles de años. Desde combustible para los fuegos (con el pino silvestre, Pinus sylvestris, como protagonista principal, transportado en ramas y troncos de diversas dimensiones) hasta elementos estructurales de más de 5 metros de largo. Estos podrían haber servido para construir o modificar sus espacios de vivienda, creando estructuras elevadas para la preparación de alimentos o delimitando zonas específicas. Esta gente no solo sobrevivía en un entorno hostil; organizaba y adaptaba su entorno con una sofisticación que hasta ahora solo atribuíamos, tal vez de forma sesgada, al Homo sapiens, y es aquí donde reside el gran error de nuestra perspectiva.

En el Abric Romaní podemos ver cosas que normalmente desaparecen. Al reunirlo todo, podemos comprender no solo lo que hacían los neandertales, sino también cómo se organizaban, cómo gestionaban el fuego y otros recursos, y llevaban a cabo sus actividades cotidianas.

Lo que el Dr. Eudald Carbonell dirigió durante décadas y que ahora el equipo del IPHES-CERCA, con la Dra. Palmira Saladié a la cabeza del análisis y la Dra. María Gema Chacón reforzando las conclusiones, nos ofrece una visión totalmente nueva e imprescindible. Nos permite entender que su inteligencia no se limitaba a la talla de piedra, sino que se extendía a una maestría con la madera que les permitía crear un mundo material mucho más complejo, funcional y organizado de lo que jamás habíamos sospechado. Esta es la solución definitiva a un enigma de décadas, un secreto que ahora es de todos.

Un error de percepción corregido

Durante décadas, hemos basado nuestra comprensión de la tecnología neandertal casi exclusivamente en la piedra, simplemente porque era lo que se conservaba. Esto, como reconocen los mismos investigadores en su artículo de Science Advances, era una limitación importante en nuestro análisis, un error metodológico involuntario pero significativo. Ahora, la madera abre una nueva dimensión, revelando un conjunto tecnológico rico y diverso que hasta ahora había permanecido oculto a nuestros ojos. Nos demuestra que la «cultura material» de estas sociedades era mucho más rica y diversa de lo que habíamos imaginado nunca, y que nuestro error estaba en mirar solo una pieza del rompecabezas.

Este descubrimiento definitivo no solo ilumina el pasado con una nueva y viral verdad, sino que nos hace reflexionar sobre cómo nuestra propia percepción del pasado puede estar sesgada por la conservación diferencial de los materiales. Lo que no se conserva, no existe para la arqueología. Pero ahora, gracias al Abric Romaní, el secreto ha sido revelado, y ya no hay marcha atrás en nuestra comprensión de los neandertales. (¡Nuestro conocimiento del pasado acaba de dar un salto brutal, para nuestro beneficio y el de la ciencia!)

La revelación que cambia el juego

Este estudio, que ya resuena con fuerza en el mundo de la paleoantropología, es un golpe de efecto. Es una corrección histórica, una revisión fundamental de la inteligencia y las capacidades de una especie extinta que nos acompaña a la historia. La imagen que teníamos de los neandertales, de seres más primitivos y menos adaptables que los Homo sapiens, acaba de cambiar para siempre, y eso es imprescindible que lo sepas y lo interiorices.

No es solo una anécdota curiosa para compartir en las redes. Es la solución a un enigma de décadas, una prueba irrefutable de que los neandertales no eran simples sobrevivientes; eran artesanos consumados, ingenieros innovadores, con una comprensión de materiales y herramientas mucho más allá de la que nos habíamos atrevido a imaginar. Su secreto, enterrado durante milenios bajo tierra y en nuestra propia ignorancia, finalmente ha salido a la luz. Y lo más sorprendente es que estaba justo allí, esperando ser redescubierto.

Después de leer esto, la próxima vez que piense en un neandertal, ¿imaginará solo un cazador con un hacha de piedra? ¿O visualizará también un artesano hábil, dando forma a la madera, diseñando herramientas y construyendo su mundo con una maestría que nos deja sin aliento? La respuesta es clara: nuestro conocimiento evoluciona, y con él, nuestra propia historia. Y eso, sinceramente, nos encanta, porque significa que aún tenemos mucho por descubrir sobre quiénes somos.

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