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El catalán de Odesa: conoce al aventurero que puso la primera piedra de la ciudad del Mar Negro

En medio del ruido de las bombas y la tragedia de la guerra actual, hay un nombre que resuena con fuerza desde el pasado y que nos conecta directamente con el Mediterráneo. Odesa, la perla del Mar Negro, no existiría tal como la conocemos sin el sueño de un hombre nacido en Nápoles, pero de sangre y raíces catalanas.

Se trata de Josep de Ribas, un militar y aventurero que pasó de ser un desconocido a convertirse en el hombre de confianza de la emperatriz Catalina la Grande. Su vida parece sacada de una novela de espías, pero su legado es tan real como el puerto estratégico que hoy todos quieren controlar.

¿Cómo llegó un catalán a fundar una ciudad imperial a miles de kilómetros de su casa? La respuesta mezcla ambición, estrategia militar y un don especial para la política. (Sí, nosotros también nos quedamos asombrados al descubrir que el fundador de Odesa hablaba nuestra lengua).

De soldado a almirante: El ascenso meteórico de Josep de Ribas

Josep de Ribas i Boyons no era un militar cualquiera. Hijo de la nobleza catalana establecida en Italia, dominaba idiomas, ciencias y tenía una visión militar que dejó boquiabiertos a los rusos.

Su oportunidad de oro llegó durante la guerra contra el Imperio Otomano. Con una audacia casi temeraria, De Ribas lideró la conquista de la fortaleza de Khadjibey, el lugar donde más tarde se alzaría la ciudad de Odesa. No fue solo una victoria de fuerza, sino de ingenio.

La emperatriz Catalina, fascinada por su inteligencia, lo ascendió a almirante y le encargó la misión más ambiciosa de su carrera: imaginar y construir desde cero el gran puerto del sur del Imperio Ruso.

Odesa: Una ciudad diseñada con ojos mediterráneos

Lo que poca gente sabe es que el trazado de Odesa tiene un parecido a las grandes capitales europeas de la época. De Ribas no quería una ciudad gris y fría; quería una metrópoli luminosa, cosmopolita y abierta al comercio mundial.

Él fue quien eligió el nombre, inspirándose en la antigua colonia griega de Odessos. Diseñó el puerto para ser el más eficiente del Mar Negro, convirtiendo Odesa en la puerta de entrada de riquezas hacia el interior del continente.

La ciudad creció a una velocidad vertiginosa bajo su mando. En pocos años, lo que era un yermo desolado se llenó de palacios, teatros y una burguesía internacional que hablaba francés, italiano y, por supuesto, recordaba el catalán de su fundador.

La calle Deribás: El corazón palpitante de la ciudad

Si hoy pudieras pasear por Odesa (cuando la paz lo permita), el primer lugar donde te enviaría cualquier local es la calle Deribasovskaya. Es la calle principal, el lugar donde pasa todo, y se llama así en honor a su fundador catalán.

Al final de esta calle hay una estatua de Josep de Ribas, donde se le ve con un mapa de la ciudad en una mano y una pala en la otra. Es el símbolo de un hombre que no solo conquistó territorios, sino que picó piedra para levantar una civilización.

Es curioso pensar que el centro neurálgico de una ciudad que hoy es el centro de todas las miradas geopolíticas lleve el apellido de una familia de Barcelona.

Un final turbio: Conspiraciones en la corte

Como ocurre con muchos grandes personajes, la fortuna de De Ribas cambió con la muerte de su protectora, Catalina la Grande. El nuevo zar, Pablo I, no lo veía con buenos ojos, y el almirante se vio envuelto en complot palaciegos.

De Ribas murió de manera súbita en San Petersburgo en el año 1800. Muchos historiadores sospechan que fue envenenado para evitar que participara en una conspiración contra el propio zar. Un final oscuro para una vida que había brillado con tanta intensidad.

Pero el daño ya estaba hecho para sus enemigos: Odesa ya era imparable. La ciudad siguió el rumbo marcado por el catalán hasta convertirse en la capital cultural y económica que conocemos hoy.

¿Por qué importa esta historia hoy?

Recuperar la figura de Josep de Ribas no es solo un ejercicio de nostalgia histórica. Nos recuerda que las fronteras son móviles y que la identidad de lugares como Odesa es mucho más rica y compleja de lo que nos dice la propaganda de guerra.

Saber que un catalán puso la primera piedra de este puerto estratégico nos da una perspectiva diferente sobre nuestro pasado como pueblo navegante y constructor de mundos.

Nuestro «bolsillo» cultural se enriquece cada vez que descubrimos que la huella de nuestra gente llega a lugares tan remotos y significativos.

Una decisión inteligente: Mirar el mapa con otros ojos

La próxima vez que oigas hablar de Odesa en las noticias, recordarás que detrás de esos muros hay un poco de nuestra historia. De Ribas fue un visionario que supo ver el potencial de una costa olvidada para convertirla en leyenda.

Esta información no solo nos hace más sabios, sino que nos conecta emocionalmente con un conflicto que, aunque parezca lejano, tiene raíces muy cercanas.

¿A que nunca hubieras imaginado que la clave del Mar Negro la forjó un hombre que podría haber sido tu vecino?

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