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Los geólogos no lo pueden creer: la rotación de España y Portugal desafía modelos geológicos

Damos por hecho que el suelo sobre el que caminamos es una base sólida e inmutable, pero la realidad bajo nuestros pies es mucho más inquieta. Un estudio internacional, liderado por el geólogo Asier Madarieta-Txurruka y recientemente publicado en la prestigiosa revista Gondwana Research, ha confirmado lo que la ciencia sospechaba: la Península Ibérica no está quieta.

No solo nos desplazamos unos milímetros al año hacia el norte junto con la placa euroasiática, sino que nuestra geografía sufre una rotación lenta en sentido de las agujas del reloj. Un movimiento provocado por la presión constante e impulso de la placa africana, que choca de manera directa contra nuestra fachada sur.

Un baile de milímetros que cambia las reglas del juego

Aunque a escala humana este fenómeno es absolutamente imperceptible —nadie notará que su casa se desplaza—, las cifras son fundamentales para los expertos. La convergencia entre África y Eurasia se estima entre cuatro y seis milímetros anuales. Este impulso, acumulado durante millones de años, está deformando la corteza terrestre al suroeste de Europa.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigación no dejó nada al azar. Combinó datos de miles de terremotos recientes para entender cómo se fracturan las fallas con lecturas de redes GNSS, que permiten medir el movimiento del terreno con una precisión milimétrica. El resultado es un mapa de tensiones que abarca desde el Atlántico hasta el Mediterráneo.

El Estrecho de Gibraltar: nuestro particular amortiguador

¿Por qué no sentimos constantemente la tensión de este choque? La respuesta reside en el Arco de Gibraltar. Esta zona actúa como un enorme «cojín» tectónico que absorbe gran parte de la energía del impacto entre África y Eurasia. El dominio de Alborán funciona como un amortiguador, evitando que el choque llegue con toda su fuerza al interior de la Península.

No obstante, al oeste del Estrecho, la historia es diferente. Allí, el choque es mucho más directo, empujando todo el suroeste peninsular hacia el oeste. Es esta combinación de fuerzas la que genera esta torsión sutil de todo el bloque ibérico.

¿Qué significa para el riesgo sísmico?

Esta revelación científica tiene implicaciones directas en nuestra seguridad. La idea de la Península como un bloque rígido ha quedado obsoleta. Al entender que la deformación no se concentra en una única gran falla, sino que se reparte en múltiples estructuras menores, los expertos pueden afinar mejor los mapas de peligrosidad sísmica.

Este nuevo modelo explica mucho mejor la sismicidad moderada que vemos en puntos como Granada, el golfo de Cádiz o el mar de Alborán. Además, nos acerca a entender cómo son posibles eventos extremos, como el histórico terremoto de Lisboa de 1755, aunque sean extremadamente poco frecuentes.

En definitiva, saber exactamente cómo se comprime, estira y gira nuestra tierra es vital para planificar infraestructuras críticas y reforzar los cimientos de un territorio densamente poblado. La ciencia no solo está confirmando que el mapa está vivo; nos está dando las herramientas necesarias para convivir mejor con nuestra frontera tectónica.

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