Amb curiositat
Els investigadores no salen de su sorpresa: descubren que la Vía Láctea devoró brutalmente otra galaxia hace 10.000 millones de años

Mirar el cielo nocturno ya no genera la misma paz de antes. Nuestra propia galaxia oculta un pasado violento que los astrónomos acaban de desvelar por completo.

(Sí, nosotros también nos hemos quedado fríos al descubrir que vivimos dentro de un auténtico depredador del espacio).

Un equipo internacional de científicos ha localizado los restos óseos de una galaxia enana que fue devorada de forma brutal. Este banquete cósmico ocurrió hace unos 10.000 millones de años y sus supervivientes se iban ocultando a plena vista.

La víctima ha sido bautizada como Loki, en honor al problemático y embaucador dios de la mitología nórdica. El hallazgo rompe todos los esquemas previos sobre cómo se formó el hogar estelar donde viajamos.

El truco para atrapar al impostor en el espacio

El descubrimiento se ha consolidado gracias a un grupo de estrellas VMP (estrellas muy pobres en metales). Los astros originales del universo primitivo solo tenían hidrógeno y helio antes de que las explosiones crearan elementos pesados.

Encontrar astros sin metales cerca del disco galáctico es el equivalente astronómico a encontrar una huella dactilar alienígena.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, cambia las reglas del juego. El responsable del hallazgo es el Dr. Federico Sestito, investigador de la Universidad de Hertfordshire.

Estas 20 estrellas rebeldes se encuentran a solo 7.000 años luz de nuestro sistema solar, una distancia ridículamente corta.

Los científicos utilizaron el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea para rastrear el movimiento galáctico. Para confirmar el crimen, afinaron la puntería con el espectrógrafo del Telescopio Canadá-Francia-Hawai en Maunakea.

El beneficio de este esfuerzo es brutal: ahora podemos reconstruir el árbol genealógico real de nuestro vecindario.

Una digestión pesada que duró eones

El comportamiento de los restos de Loki dejó a los investigadores totalmente desconcertados durante meses. Once estrellas se mueven a favor de la corriente de la Vía Láctea y nueve lo hacen en órbita retrógrada.

(Imagina conducir en dirección contraria por una autopista espacial completamente colapsada de tráfico).

Esta caótica dispersión solo es posible si el choque ocurrió cuando la Vía Láctea era joven y pequeña. Su potencial gravitatorio era débil y los restos salieron disparados en todas las direcciones posibles.

Este fenómeno de canibalismo galáctico se convierte en la forma habitual en que crecen los gigantes del cosmos. El problema es que pensábamos que la Vía Láctea había tenido un crecimiento mucho más pacífico y lineal.

La historia que nos obligarán a reescribir

El tamaño del choque de Loki es equiparable al de Gaia-Sausage-Enceladus, el mayor cataclismo conocido de nuestra historia.

Este megaevento pasado hace millones de años reinició el crecimiento de la Vía Láctea hacia su forma actual.

Si los datos de Loki se confirman de forma masiva, significa que nos falta una pieza gigante del rompecabezas. Estamos ignorando el impacto de un choque que modeló el cielo que ves cada noche desde tu ventana.

Muchos astrofísicos ya se están preparando para salir a buscar más pruebas dentro de los archivos estelares. El mapa de Gaia ya vigila el movimiento futuro de 40.000 estrellas cercanas para anticipar los próximos impactos de nuestro entorno.

El universo continúa expandiéndose, pero las galaxias grandes continúan buscando presas menores en la oscuridad.

¿Quién nos asegura que nuestro rincón del cosmos no acabará siendo el almuerzo de alguien más en el futuro? Saber de dónde venimos nos ayuda a entender que, en el espacio, la tranquilidad es solo una bella ilusión.

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