Imagina nadar durante años sobre un trozo de historia sin saberlo. Durante siglos, miles de bañistas han chapoteado en la Playa de Palma ajenos al hecho de que, a escasos 65 metros de la orilla y bajo apenas dos metros de agua, descansaba una auténtica cápsula del tiempo romana.
Hoy, este escenario ha cambiado. Las excavadoras de arena han dado paso al trabajo quirúrgico de los expertos. Ha comenzado la extracción del pecio de Ses Fontanelles, un barco del siglo IV que ha conseguido sobrevivir al paso del tiempo en un estado de conservación que, sencillamente, roza lo imposible.
La amenaza invisible que obliga a actuar
¿Por qué sacarlo ahora? La respuesta es tan alarmante como contundente: el cambio climático. Al encontrarse en una zona de poca profundidad, donde la fuerza de las olas rompe con violencia, el barco está en una situación de vulnerabilidad extrema.
La protección del patrimonio va por delante. Un solo temporal fuerte, cada vez más comunes en nuestro Mediterráneo, podría destruir en cuestión de horas lo que ha resistido intacto durante más de 1.600 años.
El arqueólogo Miquel Ángel Cau, codirector del proyecto, es claro al respecto. No es una elección, es una necesidad urgente. La energía de las tormentas actuales es el enemigo número uno de este navío que, contra todo pronóstico, conserva su carga de 249 ánforas prácticamente igual a como fue estibada originalmente.
Una joya de la ingeniería naval antigua
El barco no es cualquier cosa. Se trata de una embarcación de unos 12 metros de eslora que destaca por su singularidad: es el único navío hundido del siglo IV del cual tenemos constancia que salió del puerto de Cartagena. Es, en esencia, un eslabón perdido que nos permitirá entender cómo navegaban y qué transportaban realmente nuestros antepasados.
El equipo, formado por 55 especialistas de universidades de prestigio como Barcelona, Valencia, Cádiz y las propias Islas Baleares, tiene por delante cuatro meses de trabajo intensivo. El objetivo es ambicioso: realizar una reconstrucción total del barco basándose en sus líneas de agua y su arquitectura naval original.
Lo que escondía su bodega
Más allá de la estructura de madera, el pecio es un libro abierto sobre la vida cotidiana en la época tardo-romana. En anteriores campañas ya se han recuperado piezas que ponen los pelos de punta: desde un taladro de carpintero de ribera hasta monedas votivas encontradas en puntos estratégicos como la carlinga del palo mayor.
¿Y las famosas ánforas? Muchas de ellas contienen los llamados tituli picti, inscripciones pintadas que funcionan como las etiquetas de envío modernas, revelándonos qué mercancías surcaban nuestras aguas hace milenios. Todo este material comenzará a exponerse a partir de octubre en el centro cultural de La Misericòrdia en Palma.
El proceso será minucioso. Cada pieza pasará por un laboratorio instalado en el Castillo de San Carlos para su limpieza, escaneo y desalinización. Un trabajo de titanes para salvar un trozo de nuestro ADN cultural que, por fin, dejará de estar oculto bajo la arena de la playa para convertirse en el protagonista de nuestra historia.
¿Te imaginas caminar por la playa este verano sabiendo que justo aquí debajo alguien escribía el final de un naufragio hace 1.600 años?
