Lo que parecía una misión imposible a principios de siglo se ha convertido en el mayor éxito de conservación del mundo. El lince ibérico (Lynx pardinus) ya no solo sobrevive en el sur; ahora, ocho ejemplares han desembarcado en Aragón para colonizar el norte de la Península. Es el regreso de un rey que muchos daban por perdido.
Esta semana, el entorno del río Huerva ha sido el escenario de una imagen histórica: el momento en que los primeros felinos han vuelto a pisar tierras aragonesas. (Todavía nos pone la piel de gallina verlos salir del transporte hacia la libertad). Este hito forma parte de una estrategia que ya ha conseguido sacar a la especie del estado «crítico» para pasar a ser considerada «vulnerable».
La estrategia del salto hacia el norte
Hasta ahora, el corazón del lince latía principalmente en Andalucía y Castilla-La Mancha. Pero el plan de recuperación necesita aire y espacio. Con 2.401 ejemplares contabilizados en el último censo de 2024, el objetivo es claro: llegar a los 3.500 ejemplares y consolidar 750 hembras reproductoras para garantizar que no volveremos a sufrir por su extinción.
La llegada al valle del Ebro es un paso decisivo. Los ocho linces aragoneses se suman a una red que ya se extiende por Extremadura (254 ejemplares) y la Región de Murcia (15 ejemplares). Y atención, porque el calendario no se detiene: se espera que la expansión continúe hacia la Comunidad Valenciana en el año 2028.
Estos animales, nacidos en 2025 y bautizados con nombres que empiezan por la letra ‘W’, llevan collares GPS y son monitoreados constantemente por cámaras de fototrampeo. No se les deja solos; su éxito es nuestro éxito.
El paraíso del conejo: la clave de la supervivencia
¿Por qué se ha elegido la estepa de Zaragoza? La respuesta es sencilla pero vital: comida. Esta zona tiene una alta densidad de conejos de monte, el alimento casi exclusivo del lince. Hay que recordar que la población de conejos ha caído un 70% en la última década, convirtiéndose en el principal quebradero de cabeza de los conservacionistas.
El hábitat mediterráneo de la zona, con grandes extensiones de matorral, es el lugar ideal para que estos «cachorros» de 2025 aprendan a dispersarse. Durante los primeros 30 días, estarán en recintos especiales para acostumbrarse a su nuevo reino antes de la libertad total.
Carreteras: el peligro invisible
A pesar de la euforia, no todo son buenas noticias. El lince es un nómada que recorre distancias increíbles y esto lo lleva a menudo a cruzar su peor enemigo: el asfalto. Los atropellos siguen siendo la primera causa de muerte, seguidos de cerca por los crímenes ambientales.
De hecho, entidades como WWF están personadas como acusación en varios juicios en Toledo y Ciudad Real por muertes no naturales. Proteger al lince no es solo dejarlo ir a la montaña; es vigilar nuestras carreteras y castigar a quien se atreva a hacerles daño.
Una victoria de la colaboración
Esta «operación Aragón» es la prueba definitiva de que la unión entre administraciones, científicos y organizaciones funciona. Estamos ante una nueva etapa para consolidar al lince en toda la Península Ibérica. Ya no es un animal que solo vemos en libros de texto; es un vecino que recupera su territorio.
Haber leído sobre este éxito es un respiro de positividad entre tantas malas noticias ambientales. El felino más amenazado del mundo a principios de siglo está protagonizando la remontada del siglo. Y somos testigos privilegiados de ello.
Estate atento a las carreteras si viajas por el Valle del Ebro; el rey del camuflaje podría estar vigilándote desde la maleza.
